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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Los genes de cultivos genéticamente modificados pueden no extenderse
Biomedia
(Barcelona). En su última edición (25 de
marzo 2000), la revista The New Scientist
publica un estudio sobre la diseminación de genes de plantas genéticamente
modificadas. El estudio toma como punto de partida uno de los miedos más
generalizados contra este tipo de organismos: la posibilidad de que los genes
introducidos en las plantas puedan ser transmitidos a las bacterias que los
animales tienen en su intestino. Un caso concreto sería el desarrollo de
resistencias tras la introducción de un gen que proporciona resistencia a un
antibiótico. En este supuesto, las bacterias patógenas tendrían cada vez un
tratamiento más difícil. Para
investigar la posibilidad de que algunas bacterias puedan incorporar genes
transferidos, John Heritage y su equipo de investigadores de la Universidad de Leeds (Reino Unido) han
estudiado un gen marcador resistente al antibiótico ampicilina, llamado gen bla, de una variedad comercial de maíz
modificado genéticamente. Este maíz, desarrollado por la compañía suiza
Ciba-Geigy (fusionada posteriormente con Sandoz para formar el grupo Novartis), produce una proteína de defensa
contra el taladro del tabaco, la plaga más dañina del maíz. El gen no se activa
en la planta, pero la duda reside conocer si la flora bacteriana de los
animales puede adquirirlo y activarlo cuando lo ingieren en los piensos. Los
resultados preliminares de esta investigación, que se ha llevado a cabo con
financiación pública, se han presentado en la Sociedad Británica de
Investigación Animal de Scarborough y apuntan a que no existen indicios de que
las bacterias adquieran y activen el gen marcador que confiere al maíz
modificado genéticamente resistencia al antibiótico ampicilina. En sus
investigaciones, John Heritage buscó si en la flora bacteriana de pollos se
detectaba el gen marcador y si estaba activado, después de que estos animales
hubieran sido alimentados durante cinco días con el maíz genéticamente
modificado. En
investigaciones paralelas que consiguieron introducir este gen mediante un
plásmido (PUC18) en el genoma bacteriano, tampoco se observó anomalía alguna en
la flora bacteriana de las muestras tomadas. Según
Derek Burk (ex presidente del Comité de Científicos británico y quien recomendó
a la Comisión Europea el rechazo de
este tipo de maíz), el riesgo es mucho menor del que se creía en un primer
momento. Por otra parte, a finales de marzo el Tribunal
de Justicia Europeo sentenció contra Francia en el caso del maíz modificado
genéticamente: "Francia no tenía derecho, en 1998, a suspender la
aprobación de tres variedades de maíz genéticamente modificado, aprobación ya
autorizada en el ámbito europeo". Originalmente, Francia presentó una
solicitud para la aprobación europea sobre el maíz genéticamente modificado,
pero una vez ésta había sido garantizada, el Gobierno declinó dar el visto
bueno y pasó la resolución al Tribunal de Justicia Europeo. Este caso tiene
repercusiones para futuras autorizaciones de cultivos de productos
genéticamente modificados en Europa y ha involucrado al Gobierno francés, a
grandes compañías biotecnológicas, a la organización no gubernamental Greenpeace y a la Comisión Europea. El
Tribunal de Justicia Europeo apuntó, sin embargo, que "en ciertas
circunstancias, un Estado miembro podría rechazar la aprobación final de
cultivos modificados genéticamente en el mercado, si se publicaban nuevos
estudios que demostraran riesgos para
la salud". - Maria Roura es licenciada en periodismo y biología |
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