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| 05/04/00 |
Biomedia (Barcelona). Un grupo de
científicos dirigidos por Daniel Bradley, del Trinity College de Dublín, ha
estudiado las frecuencias de diversos marcadores genéticos entre la población
masculina de Irlanda y posteriormente las han separado por grupos de apellidos.
Los resultados apoyan la hipótesis de partida: los hombres con un apellido de
origen gaélico se mantienen genéticamente diferentes a los que llevan un
apellido de origen no gaélico (inglés, escocés, etc.), que, de acuerdo con
datos históricos, indica una llegada más moderna a la región. La situación geográfica de
Irlanda, en un rincón apartado de Europa, podría hacer pensar que a lo largo de
la historia sus habitantes se han visto poco afectados por los movimientos
demográficos que cruzaron el continente. Si así fuera, la composición genética
de los irlandeses variaría respecto a la observada entre los habitantes de la
Europa continental, homogeneizada por los movimientos de población. Después de
analizar los datos, y teniendo en cuenta las limitaciones del método empleado,
los autores del estudio, publicado recientemente en Nature (2000; 404: 23 de
marzo), llegan a la conclusión que la población irlandesa se mantuvo al margen
del influjo genético de los agricultores neolíticos que migraron desde el
Próximo Oriente a través de Europa en la edad de piedra.