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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Entrevista a Fernando García Alonso, director del FIS (Fondo de Investigaciones Sanitarias), del Instituto de Salud Carlos III
Biomedia (Barcelona).
El concepto de Evidence Based Medicine
(EBM) fue utilizado por primera vez por el profesor Guyatt en 1991 en la
revista del Club de Fisiólogos Americanos (ACP
J Club 1991; 112 [supl 2]: A16) y
se consolidó tras la publicación de un artículo con formato de manifiesto,
firmado por el Grupo de Trabajo de Medicina Basada en la Evidencia (Evidence
Based Medicine Working Group; JAMA 1992; 268: 2420.-2425).También hay
información sobre EBM en British Medical Journal y en Medicina
Clínica (“Medicina basada en la
evidencia”: Med Clin [Barc] 1999; 112 [supl I], y en prensa). ¿Qué es la medicina basada en la evidencia? La medicina basada en la
evidencia (conocida por sus siglas en inglés EBM) es que asumamos que para
tomar decisiones clínicas, los médicos hemos de tener en cuenta toda la
evidencia disponible. Esto, que parece una cosa de perogrullo, y que parece que
siempre se ha hecho, no ha sido siempre así. Durante mucho tiempo, la medicina
se ha basado en la autoridad, en la experiencia, sin contrastar los datos de la
experiencia personal con otros publicados en la literatura médica. La EBM nos
dice “por favor, un minuto antes de tomar una decisión mire a ver qué han dicho
otros, mire a ver qué evidencias científicas hay en la bibliografía”. La EBM ha
puesto en marcha una serie de procesos automatizados a través de Internet y
otras publicaciones, que nos facilitan la tarea y nos hacen disminuir mucho el
tiempo empleado para encontrar la evidencia disponible. O sea, que no es nada
nuevo, porque lógicamente siempre se ha utilizado la evidencia, pero ha hecho
falta que alguien lo sistematizara para que no se nos olvide. Como las campañas
que hace Hacienda para recordar que hay que pagar; ya lo sabemos, pero si te lo
recuerdan, es útil. ¿Es como aplicar el método científico a la praxis? La medicina basada en la
evidencia nos dice “recuerde usted que, para tomar decisiones clínicas, hay que
haber revisado lo que se ha publicado previamente.” Y lo que se publica debe de
hacerse siguiendo un método establecido, que haga que los datos que se producen
tengan un cierto valor para ser aplicados en la práctica. Es un recordatorio de
la dificultad que tiene la ortodoxia de la práctica médica. La medicina
científica es un esfuerzo extra que no todo el mundo está dispuesto a hacer. ¿Este proceso no podría interferir en la relación fluida con el paciente?
¿Sería lo mismo aplicar la EBM en la práctica hospitalaria que en la
ambulatoria? No caricaturicemos la situación.
No se trata de que, con cada paciente, el médico se ponga delante del ordenador
a ver qué se ha publicado y tarde más de dos horas en recetarle una aspirina a
un paciente. Se trata de que el médico utilice una estrategia de revisión
sistemática de las patologías que el más frecuentemente ve. Pero, desde luego,
para que la EBM funcione correctamente hay que sumar esa evidencia que uno
evalúa sistemáticamente, más la experiencia propia, más el dato concreto del
paciente que se está viendo. Por decirlo de una forma resumida, clásicamente el
médico, para tomar decisiones respecto de un paciente, ha tenido en cuenta,
primero su experiencia y segundo, los datos del paciente. Lo que decimos ahora
(en el fondo siempre se ha dicho, pero ahora lo recalcamos) es que tenga en
cuenta, primero, su experiencia; segundo, los datos concretos del paciente; y,
tercero (y al mismo nivel que los anteriores, si no delante), haber visto qué
evidencia disponible sobre casos similares al de este paciente hay en la
bibliografía. ¿Cuánto hace que se aplica este tipo de criterio? Como tal disciplina, se inició
en 1992. Llevamos ocho años de evolución. Pero insisto que, aunque este tipo de
protocolo no hubiera aparecido de esta manera tan explícita, no hubiera habido
nada diferente, excepto que quizás hubiera sido algo más lento, o tal vez
menor, el número de médicos que recurrieran a esta estrategia más compleja y
más costosa. También quisiera matizar, por poner las cosas en su sitio, que
debemos reconocer que en ese triángulo que definía antes,
experiencia/características del paciente/evidencia, el punto de la evidencia
desgraciadamente tiene aún muchas debilidades, porque para la mayoría de cosas
que queremos tomar decisiones no tenemos evidencia. La gran debilidad que tiene
la medicina basada en la evidencia es que en muchas circunstancias clínicas no
tenemos la evidencia que estamos buscando. Eso nos lleva a que podamos cometer
errores monstruosos; como todo en la vida, si la práctica de la EBM se lleva
hasta un extremo, la situación puede volverse absurda. Si reconocemos que en
muchas circunstancias, con mucha frecuencia, no tenemos evidencia, creo que
hacemos un favor a la propia EBM dándole el valor que tiene, que hoy en día es
un valor solo relativo: más de disciplina, de método, que de podernos aportar
soluciones prácticas. Lo que creo que debo decir sobre la EBM es que desde la
perspectiva práctica no mejora tantas cosas, algunas cosas sí, sin duda, pero
no todas. Pero nos induce a utilizar un método muy concreto, muy disciplinado que
nos llevará por el buen camino. ¿Cuáles son los ejemplos más claros en que la EBM ha desempeñado un
papel positivo? Se menciona a menudo el caso de la úlcera péptica y la bacteria
Helicobacter pylori. La evidencia disponible sobre la
úlcera péptica nos dice que esta se puede curar con una pauta terapéutica
concreta que asocia varios fármacos. El que este dato se recuerde en las guías
de práctica clínica refuerza el hecho de que los médicos lo utilicen. Hay que
tener en cuenta que las compañías farmacéuticas van a insistir en que es un
fármaco en concreto, ellos ejercen su papel, pero en las guías de práctica
médica no se da el nombre concreto del fármaco, sino que se indican tres o
cuatro sin mencionar la firma comercial. En general, la clave del asunto está
en que seamos capaces de reconocer que la mente humana es débil, que ha de
haber alguien que nos recuerde las cosas. Como en el caso de las campañas de
tráfico para que conduzcamos con prudencia; ya sabemos todos que hay que
conducir con prudencia, pero como se nos olvida con tanta frecuencia nada más
asomarnos a la calle, pues es fenomenal que nos lo recuerden. ¿En qué otros casos la EBM ha mostrado su eficacia? El éxito mayor de la EBM está en
reducir la variabilidad de la práctica clínica. Existe una variabilidad de la
práctica clínica que es lógica, y es debida a la propia incertidumbre. Pero
existe una variabilidad que es inaceptable, la que va más allá de la
incertidumbre. Yo creo que una forma excelente que demuestra el éxito de la EBM
es cómo haciendo guías de práctica clínica, se consigue que colectivos médicos
hagan que su práctica médica sea más homogénea de lo que era previamente. Creo
que este es el punto fundamental del ejercicio. ¿Quién elabora las guías de práctica médica? En principio, nadie tiene el
monopolio de hacerlas. Básicamente quienes suelen elaborarlas son las
sociedades científicas, las asociaciones de médicos de una determinada área, o
incluso las autoridades sanitarias. ¿Hay un según? Dices que para hacerle favor a la EBM hay que colocarla en
su justa medida. Pues sí. Según, cómo y cuándo,
como todo en la vida. La EBM tiene muchas debilidades. La debilidad fundamental
es que en el mejor de los casos, no es infrecuente que en uno de los dominios
en que estemos trabajando no exista información basada en ensayos clínicos más
que un 15% de los casos. Del otro 85% restante tienes que construir el
consenso, que es un método derivado del de autoridad. Algo más sofisticado que
el de autoridad: una suma de pequeñas autoridades. ¿Cuáles son los métodos de autoridad y de consenso? El método de autoridad es “esto
se hace porque lo digo yo, porque creo que debe de ser así”. El método de
consenso consiste en que se sientan en una mesa seis personas (o las que sean)
y se ponen de acuerdo en la manera de establecer un protocolo. Hay que
convencer, es un método más democrático, un avance; no basta ser una autoridad
científica de prestigio reconocido, hay que convencer a unos ciertos pares de
tu mismo nivel de que esto es así. ¿Y el consenso con el paciente? Es muy importante, creo que es
un tema fundamental para entender la EBM. Si aplicas la EBM con rigor, vas a
tener que admitir que en la mayoría de las circunstancias clínicas hay
incertidumbre; que hay dos o tres cursos de acción que son igualmente
razonables. Y cuando esto es así, es muy importante que cuentes con el paciente
a la hora de elegir uno. Naturalmente, elegir uno entre tres, puede hacerlo el
médico autoritariamente o compartir la decisión con el paciente cuando las
circunstancias sean razonables, según la esperanza de vida de este paciente. No
me refiero a la esperanza de años de vida, sino al tipo de vida que este
paciente quiere tener. Es decir, hay pacientes que le dan más importancia a la
cantidad que a la calidad de vida, o al revés. A la hora de tomar una decisión
del tipo que imaginábamos, es bueno que el paciente pueda participar. Pero para
que el paciente pueda participar de una forma razonable tienes que ofrecerle
cursos de acción que estén basados en la evidencia. ¿Hemos de aprender a vivir todos con la incertidumbre? Sí. Yo creo que esto es así. Hay
una idea muy bonita que es el riesgo mínimo, el que todos tenemos que aceptar.
Pero si es mínimo, significa que este riesgo existe. Vivimos con un riesgo
mínimo que es el riesgo de nuestra vida cotidiana, riesgo que tenemos que
aceptar. Si a este riesgo mínimo añadimos otra serie de riesgos que nos produce
la enfermedad que padecemos o los tratamientos con los que queremos curar esta
enfermedad, hemos de entender que se mezclan muchos riesgos, muchas
probabilidades, y todo ello confluye en una incertidumbre. Nuestra vida está
llena de incertidumbres. Vivimos en una falacia si pensamos que el médico, el
Estado, un amigo, una amiga nos va a solucionar la incertidumbre. La única certidumbre
es la de la fe, y la fe está basada en creer las cosas con algo parecido al
principio de autoridad que decíamos antes: “yo me lo creo porque me hace sentir
bien”. Lo malo de la fe es que no sepas que es este caso; es fantástico creer
en algo si tienes la suficiente distancia como para saber que eso es una
creencia. Y que no se la puedes colocar a los demás. Para terminar, la última pregunta: ¿qué titular le pondrías a esta
entrevista? Creo que está muy claro, lo has
dicho al final: “Tenemos que acostumbrarnos a vivir con la incertidumbre”. La
clave del asunto. - Cristina Junyent es
doctora en biología |
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