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Alcoholismo: vulnerabilidad individual y problema social

Lourdes Fañanás 07/06/00

Biomedia (Barcelona). En casi todas las sociedades humanas existen tradiciones culturales que fomentan el consumo de bebidas alcohólicas; sin embargo, sólo algunos individuos de estos grupos abusan de su consumo o desarrollan una dependencia. En estos casos, el alcohol modificará profundamente la vida familiar y social de estas personas y dañará, a largo plazo, distintos órganos de su cuerpo; estas personas reciben el diagnóstico clínico de alcohólicas.

Diferentes estudios han calculado que, aproximadamente, un 14% de la población tiene, en algún momento de su vida, problemas con el consumo de alcohol. Estas cifras, sin embargo, pueden variar mucho según el grupo de edad al que pertenezcan los individuos, si son hombres o mujeres, o si viven en una determinada ciudad, provincia o país.

Los primeros episodios de intoxicación alcohólica suelen darse en la juventud, se inicia la dependencia alcohólica entre los 20 y los 30 años. La gran mayoría de los que desarrollan trastornos relacionados con el alcohol lo hacen a partir de los 30 años. La primera demostración de síndrome de abstinencia no aparece hasta que se han desarrollado otros muchos aspectos psicológicos de la dependencia alcohólica. Aunque la dependencia del alcohol es más frecuente en hombres que en mujeres, con una relación aproximada de 5 a 1, esta proporción varía según la edad y, actualmente, se está modificando entre los sectores más jóvenes de la población.

Las mujeres tienden a empezar más tarde en el consumo abundante de alcohol, pero una vez establecido el patrón de abuso o de dependencia, éste progresa con mayor rapidez y severidad sobre su organismo. Con la misma cantidad de alcohol ingerida por kg de peso, las mujeres tienden a presentar concentraciones de alcohol más altas que los varones debido, entre otros factores biológicos, a que metabolizan el alcohol más lentamente, por lo que mantienen los niveles de alcohol en sangre altos durante más tiempo.

El alcohol es el responsable directo e indirecto de distintas patologías que pueden afectar a casi todos los órganos del cuerpo, especialmente del aparato digestivo, del sistema cardiovascular y del sistema nervioso. Asimismo, el abuso de alcohol y su dependencia se asocia con un aumento significativo del riesgo de accidentes laborales, accidentes de tráfico, violencia social, violencia familiar y suicidio.

Desde el punto de vista de las enfermedades mentales, los especialistas en psiquiatría han podido comprobar que las personas con diagnóstico de alcoholismo también suelen presentar con frecuencia síntomas de depresión y ansiedad, sobre todo las mujeres. En el caso de los varones, los diagnósticos mas comúnmente asociados al alcoholismo están relacionados con un trastorno antisocial de la personalidad o con una adicción a otras drogas. Hay que señalar, asimismo, que la depresión también puede aparecer como consecuencia de sufrir alcoholismo en aquellas personas que no presentaban estos síntomas al iniciarse en el consumo patológico de alcohol.

El alcoholismo es el resultado final de complejas interacciones entre la vulnerabilidad biológica del individuo y los factores ambientales presentes en la familia y en la sociedad.

Los factores genéticos parecen tener importancia en la determinación de esa vulnerabilidad biológica individual. La incidencia del alcoholismo entre los hijos varones de padres alcohólicos es cuatro veces superior a la encontrada en hijos de padres no alcohólicos, incluso cuando los primeros han sido criados en familias adoptivas con padres no alcohólicos.

Cuando se estudian familias en las que hay varios miembros afectados por alcoholismo es imposible encontrar un modelo de herencia sencillo, lo cual nos indica que los genes implicados son probablemente varios y que, aunque favorecen el trastorno, no son totalmente determinantes en la aparición de la enfermedad.

Aunque resulta muy complejo discernir en qué medida los genes y en qué medida el ambiente contribuyen a que una persona sea alcohólica, métodos de investigación genética basados en el estudio de gemelos han aportado recientemente algunos datos. Kenneth Kendler y su equipo de investigadores del Medical College de Virginia (Estados Unidos), han estimado que los riesgos que confieren los genes y el ambiente familiar para el alcoholismo son, respectivamente, del 54% y del 14%. Aunque el riesgo genético en mujeres afectadas por el alcoholismo ha sido considerado menos importante, algunos estudios recientes, de este mismo grupo, parecen contradecir esta idea. Pero, ¿qué es lo que realmente se hereda?

Existen numerosas hipótesis sobre las bases fisiológicas de la vulnerabilidad al alcoholismo. Muchas de ellas hacen referencia a deficiencias o alteraciones en sistemas de neurotransmisión del cerebro. Se ha propuesto un déficit de neurotransmisores como la serotonina o ciertas endorfinas, así como cambios en la función de los receptores neuronales correspondientes; también se ha implicado al sistema de neurotransmisión dopaminérgico que ha sido, por otro lado, relacionado con los mecanismos que originan otras adicciones y con comportamientos relacionados con el inadecuado control de los impulsos.

Algunos genes que codifican para las proteínas implicadas en estas vías de neurotransmisión han sido analizados en grupos de personas afectadas por el alcoholismo y en personas de la misma población no alcohólicas. Una variante del gen que codifica para el receptor de dopamina D2 parece ser más frecuente entre los enfermos que entre los controles, pero la especificidad de este hallazgo en relación con el alcoholismo y su significado en la fisiopatología del trastorno deben ser todavía esclarecidos. Por otro lado, la interacción funcional entre los sistemas de neurotransmisión y las modulaciones que unos pueden ejercer sobre otros, dependiendo de las circunstancias, hacen imposible una visión simplista sobre las bases biológicas no sólo del alcoholismo, sino de los trastornos mentales en general.

Numerosos estudios han investigado y propuesto, desde los años sesenta, la existencia de subtipos de la enfermedad alcohólica. La más conocida es la propuesta por Cloninger de los tipos I y II. El primero, caracterizado por un inicio tardío y un pronóstico menos grave y, el segundo, formado fundamentalmente por varones que comienzan a tener problemas con el alcohol en edades tempranas, y que tienen rasgos antisociales y una vulnerabilidad biológica en la que los genes tendrían mayor peso que en el primer subtipo. Otros autores han propuesto otras tipologías que, en mayor o menor grado, recogen algunas de las características ya presentes en las definiciones de Cloninger.

Los mecanismos que operan en la determinación del comportamiento humano, en su interacción y “adaptación” a la realidad, son enormemente complejos y, en gran medida, desconocidos. Sin duda, la investigación básica, que se desarrolla desde las disciplinas del campo de las neurociencias, tiene un largo y apasionante camino por recorrer. Mientras tanto, no hay que olvidar que la práctica clínica y la investigación biomédica desarrollada en el contexto asistencial, seguirán siendo una fuente fundamental en el conocimiento y desarrollo de tratamientos para esta enfermedad. - Lourdes Fañanás es profesora titular de la Universidad de Barcelona, doctora en biología y licenciada en medicina y cirugía

Más información sobre alcoholismo:

John A. Renner, Jr, MD: http://aaap-pgy5.labmed.umn.edu/Bibliography/Alcohol.htm

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