|
|||
| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Alcoholismo: vulnerabilidad individual y problema social
Biomedia (Barcelona). En
casi todas las sociedades humanas existen tradiciones culturales que fomentan
el consumo de bebidas alcohólicas; sin embargo, sólo algunos individuos de
estos grupos abusan de su consumo o desarrollan una dependencia. En estos
casos, el alcohol modificará profundamente la vida familiar y social de estas
personas y dañará, a largo plazo, distintos órganos de su cuerpo; estas
personas reciben el diagnóstico clínico de alcohólicas. Diferentes estudios han calculado
que, aproximadamente, un 14% de la población tiene, en algún momento de su
vida, problemas con el consumo de alcohol. Estas cifras, sin embargo, pueden
variar mucho según el grupo de edad al que pertenezcan los individuos, si son
hombres o mujeres, o si viven en una determinada ciudad, provincia o país. Los primeros episodios de
intoxicación alcohólica suelen darse en la juventud, se inicia la dependencia
alcohólica entre los 20 y los 30 años. La gran mayoría de los que desarrollan
trastornos relacionados con el alcohol lo hacen a partir de los 30 años. La
primera demostración de síndrome de abstinencia no aparece hasta que se han
desarrollado otros muchos aspectos psicológicos de la dependencia alcohólica.
Aunque la dependencia del alcohol es más frecuente en hombres que en mujeres,
con una relación aproximada de 5 a 1, esta proporción varía según la edad y,
actualmente, se está modificando entre los sectores más jóvenes de la población.
Las mujeres tienden a empezar más
tarde en el consumo abundante de alcohol, pero una vez establecido el patrón de
abuso o de dependencia, éste progresa con mayor rapidez y severidad sobre su
organismo. Con la misma cantidad de alcohol ingerida por kg de peso, las
mujeres tienden a presentar concentraciones de alcohol más altas que los
varones debido, entre otros factores biológicos, a que metabolizan el alcohol
más lentamente, por lo que mantienen los niveles de alcohol en sangre altos
durante más tiempo. El alcohol es el
responsable directo e indirecto de distintas patologías que pueden afectar a
casi todos los órganos del cuerpo, especialmente del aparato digestivo, del
sistema cardiovascular y del sistema nervioso. Asimismo, el abuso de alcohol y
su dependencia se asocia con un aumento significativo del riesgo de accidentes
laborales, accidentes de tráfico, violencia social, violencia familiar y
suicidio. Desde
el punto de vista de las enfermedades mentales, los especialistas en
psiquiatría han podido comprobar que las personas con diagnóstico de
alcoholismo también suelen presentar con frecuencia síntomas de depresión y
ansiedad, sobre todo las mujeres. En el caso de los varones, los diagnósticos
mas comúnmente asociados al alcoholismo están relacionados con un trastorno
antisocial de la personalidad o con una adicción a otras drogas. Hay que
señalar, asimismo, que la depresión también puede aparecer como consecuencia de
sufrir alcoholismo en aquellas personas que no presentaban estos síntomas al
iniciarse en el consumo patológico de alcohol. El
alcoholismo es el resultado final de complejas interacciones entre la
vulnerabilidad biológica del individuo y los factores ambientales presentes en
la familia y en la sociedad. Los
factores genéticos parecen tener importancia en la determinación de esa
vulnerabilidad biológica individual. La incidencia del alcoholismo entre los
hijos varones de padres alcohólicos es cuatro veces superior a la encontrada en
hijos de padres no alcohólicos, incluso cuando los primeros han sido criados en
familias adoptivas con padres no alcohólicos. Cuando
se estudian familias en las que hay varios miembros afectados por alcoholismo
es imposible encontrar un modelo de herencia sencillo, lo cual nos indica que
los genes implicados son probablemente varios y que, aunque favorecen el
trastorno, no son totalmente determinantes en la aparición de la enfermedad. Aunque
resulta muy complejo discernir en qué medida los genes y en qué medida el
ambiente contribuyen a que una persona sea alcohólica, métodos de investigación
genética basados en el estudio de gemelos han aportado recientemente algunos
datos. Kenneth Kendler y su equipo de investigadores del Medical College de Virginia (Estados Unidos),
han estimado que los riesgos que confieren los genes y el ambiente familiar
para el alcoholismo son, respectivamente, del 54% y del 14%. Aunque el riesgo
genético en mujeres afectadas por el alcoholismo ha sido considerado menos
importante, algunos estudios recientes, de este mismo grupo, parecen
contradecir esta idea. Pero, ¿qué es lo que realmente se hereda? Existen
numerosas hipótesis sobre las bases fisiológicas de la vulnerabilidad al
alcoholismo. Muchas de ellas hacen referencia a deficiencias o alteraciones en
sistemas de neurotransmisión del cerebro. Se ha propuesto un déficit de
neurotransmisores como la serotonina o ciertas endorfinas, así como cambios en
la función de los receptores neuronales correspondientes; también se ha
implicado al sistema de neurotransmisión dopaminérgico que ha sido, por otro
lado, relacionado con los mecanismos que originan otras adicciones y con
comportamientos relacionados con el inadecuado control de los impulsos. Algunos
genes que codifican para las proteínas implicadas en estas vías de
neurotransmisión han sido analizados en grupos de personas afectadas por el
alcoholismo y en personas de la misma población no alcohólicas. Una variante
del gen que codifica para el receptor de dopamina D2 parece ser más frecuente
entre los enfermos que entre los controles, pero la especificidad de este
hallazgo en relación con el alcoholismo y su significado en la fisiopatología
del trastorno deben ser todavía esclarecidos. Por otro lado, la interacción
funcional entre los sistemas de neurotransmisión y las modulaciones que unos
pueden ejercer sobre otros, dependiendo de las circunstancias, hacen imposible
una visión simplista sobre las bases biológicas no sólo del alcoholismo, sino
de los trastornos mentales en general. Numerosos
estudios han investigado y propuesto, desde los años sesenta, la existencia de
subtipos de la enfermedad alcohólica. La más conocida es la propuesta por
Cloninger de los tipos I y II. El primero, caracterizado por un inicio tardío y
un pronóstico menos grave y, el segundo, formado fundamentalmente por varones
que comienzan a tener problemas con el alcohol en edades tempranas, y que
tienen rasgos antisociales y una vulnerabilidad biológica en la que los genes
tendrían mayor peso que en el primer subtipo. Otros autores han propuesto otras
tipologías que, en mayor o menor grado, recogen algunas de las características
ya presentes en las definiciones de Cloninger. Los
mecanismos que operan en la determinación del comportamiento humano, en su
interacción y “adaptación” a la realidad, son enormemente complejos y, en gran
medida, desconocidos. Sin duda, la investigación básica, que se desarrolla
desde las disciplinas del campo de las neurociencias, tiene un largo y
apasionante camino por recorrer. Mientras tanto, no hay que olvidar que la
práctica clínica y la investigación biomédica desarrollada en el contexto
asistencial, seguirán siendo una fuente fundamental en el conocimiento y
desarrollo de tratamientos para esta enfermedad. - Lourdes Fañanás es
profesora titular de la Universidad de Barcelona,
doctora en biología y licenciada en medicina y cirugía Más
información sobre alcoholismo: John A. Renner, Jr, MD: http://aaap-pgy5.labmed.umn.edu/Bibliography/Alcohol.htm |
|||
|
|
|||