|
|||
| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones ¿Son seguros los alimentos transgénicos?
Biomedia (Barcelona).
Desde la Concejalía Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, se
ha organizado una serie de debates públicos que pretenden llenar los huecos
informativos abiertos tras el enorme desarrollo de la ciencia y de la técnica
en las últimas décadas. Uno de los campos en los que más se ha avanzado es el
de la genética. El 24 de mayo, junto con el Consulado General de los Estados
Unidos y el Instituto de Estudios Norteamericanos, se ha organizado un debate
para dar a conocer al público las ventajas y los inconvenientes de la
ingeniería genética en los alimentos, los riesgos alimentarios de los alimentos
modificados genéticamente. La posibilidad de modificar genéticamente los organismos
comporta un nuevo salto en la capacidad tecnológica de los alimentos. Desde que
dejamos de ser cazadores y recolectores, hace unos diez mil años en los lugares
más antiguos, los alimentos dejaron de ser “naturales”, desde entonces empezó a
actuar la “selección artificial”, en términos darwinistas, es decir, los
alimentos obtenidos por la selección de los agricultores. Las plantas que se
cruzaban eran seleccionadas por las características deseadas; se buscaban
semillas cada vez más ricas en harina. Los excedentes agrícolas permitieron un
incremento demográfico y la posibilidad de que parte de la población se
dedicara a otras actividades que no fuera conseguir alimento. Apareció la
especialización por oficios y la posibilidad de intercambiar productos exóticos
por grano. En la última década ha aparecido una nueva agricultura, la
agricultura de los alimentos modificados genéticamente. Su estudio ha levantado
una enorme controversia. Las opiniones son contundentes y dispares. Existen los
defensores y los muy críticos. Y la respuesta del público frente a tal cantidad
de información es desigual. Para situarnos en el escenario, según los expertos hay que
tomar en consideración diversos puntos. Los monocultivos son el lugar de crecimiento
idóneo para los insectos que se alimentan de ellos; también para los patógenos
microbianos que crecen en ellos y se diseminan: las plagas pueden diezmar
cosechas. Para evitarlas, los agricultores hace tiempo que utilizan
insecticidas, muchas veces con extraordinaria generosidad. También utilizan
herbicidas para favorecer el crecimiento de las plantas cultivadas más que el
de las hierbas espontáneas. Además, los alimentos almacenados son nutritivos
para muchos seres vivos; las cosechas son caldo de cultivo para hongos,
bacterias o virus que pueden medrar e intoxicar a los que las consuman una vez
infectadas. Por esto se tratan con antibióticos, para impedir el crecimiento de
microorganismos que, en algunos casos, pueden ser hasta cancerígenos. Los animales
estabulados son también propensos a enfermedades infecciosas. Éstas pueden
ocasionar mortandades de toda una granja y, ocasionalmente, pueden ser
transmisibles a humanos. El ganado extensivo, por tanto, es tratado con
antibióticos desde hace tiempo. Los alimentos modificados genéticamente son aquellos que
proceden de cultivos obtenidos a partir de otros a los que se ha introducido o
extraído una parte de genoma, para obtener unas características deseadas.
Teóricamente, la posibilidad de añadir un determinado pesticida o antibiótico a
una planta puede disminuir la necesidad de utilizar insecticida libre.
Introducir un gen de resistencia a la sequía, al frío o a la salinidad en los
vegetales para que devengan alimentos más rentables, o para ampliar la extensión
de cultivos, no parece comportar demasiado riesgo. Un gen que complementara la
dieta con un elemento esencial, o que comportara la adición de vacunas o
fármacos, quizá pudiera mejorar la salud pública y privada. Sin embargo, existe
una oposición encendida, sobre todo desde organizaciones como Greenpeace,
entre muchas otras. ¿Cuáles son los riesgos de los alimentos transgénicos? Los principales riesgos atribuidos a los alimentos
transgénicos son los que podrían afectar a la salud de los consumidores o los
que pueden repercutir en el ambiente. Otras preocupaciones contemplan ámbitos
de tipo social o económico. Entre los riesgos para la salud está la posibilidad de que
nuevas alergias se sumen a las que algunas personas ya tienen a determinados
alimentos, como el pescado, los cacahuetes o las nueces. Uno de los estudios
más mencionados sobre los efectos desconocidos que podrían tener sobre la
salud, es el que se realizó en la Universidad de Aberdeen. El profesor Pustzai
aseguró que, en un experimento con ratones alimentados con patatas, unas
transgénicas otras no; los que habían comido las transgénicas tenían el
intestino más adelgazado. A pesar de ello, la comunidad no da ninguna
credibilidad a este experimento, que, según ellos, no es consistente, ni sigue
ningún rigor, por lo que no resiste un examen científico. En términos
generales, los científicos no creen que, aparte de la posible alergenicidad,
los alimentos modificados genéticamente puedan comportar riesgo alguno para la
salud. Muchos sostienen, además, que es más probable que la modificación
genética reduzca el potencial alérgeno de los alimentos que suelen provocar
alergias. ¿Por qué entonces tanta polémica? Según José Juan Rodríguez, profesor
de Bromatología y Nutrición de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona: “Lo que
ocurre, en mi opinión, es que al consumidor no le importa asumir riesgos cuando
come. Según la ley, no se pueden comer quesos fabricados con leche no
pasteurizada, debido al riesgo de Listeria
o de Brucella. Los franceses quieren
quesos sin pasteurizar, aún sabiendo que puede ser más arriesgado comerlos por
el riesgo de infección bacteriana. Alegan que son más sabrosos; no quieren
perder el aroma, el sabor. Pasan por alto los riesgos ¿por qué? Porque les
gusta. Quieren conocer el riesgo, eso sí”. Entre los riesgos para el entorno se incluye la dispersión
de plantas modificadas fuera de los cultivos. Las plantas modificadas entrarían
en competencia desigual con las plantas autóctonas, lo que comportaría una
consiguiente pérdida de biodiversidad. En efecto, existen numerosos ejemplos de
plantas cultivadas (y de las hierbas que inevitablemente se asocian a ellas)
que al ser cultivadas en lugares nuevos han desplazado a las plantas
autóctonas, en algunos casos hasta situaciones realmente alarmantes. Otro de
los riesgos ambientales es que las plantas con insecticida pueden ser comidas
por especies no dañinas, con lo cual se provocan mortalidades totalmente
innecesarias. Uno de los ejemplos contra esta aplicación es la muerte de orugas
de mariposa monarca que habían comido su alimento habitual, un vegetal llamado
algodoncillo, sobre el que se había depositado polen de un maíz con pesticida
incorporado. Sin embargo, los científicos que han revisado este estudio dudan
de nuevo de su consistencia. Por razones como estas, según el profesor Prakash,
director del Centro de
Investigación de Biotecnología Vegetal de la Tuskegee University, la
empresa Monsanto
fabricó plantas estériles, duramente llamadas “Terminator”. De esta manera, si las semillas o el polen de las
plantas cultivadas llegaban a diseminarse, no iban a germinar o a polinizar
otras plantas, y, por tanto, tampoco iban a provocar problema medioambiental
alguno. El problema subsiguiente en este caso es que, al utilizar semillas
estériles se tendrán que comprar antes de cada cosecha. El agricultor no podrá
ya obtener las semillas de su propia cosecha, o intercambiarlas con el vecino. El tercer tipo de preocupación del público acerca de los
organismos modificados genéticamente atañe, precisamente, a los aspectos
económicos y sociales. La investigación en ingeniería genética es muy cara, las
empresas querrán recuperar la inversión. Si las semillas son estériles, tendrán
que comprarse, lo que es una forma de reversión del capital invertido que va a
perjudicar a los más débiles, de nuevo. Otro de los argumentos a favor de los
transgénicos dice que su eficiencia va a eliminar el hambre en el mundo: ¿No es
posible repartir los excedentes alimentarios, que existen, para alimentar a los
que tienen hambre? Parece más fácil, sostiene el profesor Prakash, distribuir
semillas que alimentos. La legislación deberá controlar todos estos aspectos, de
salud, medioambiental, económico y social. Cómo ofrecer la información al
usuario; punto en que entra la normalización del etiquetaje de los alimentos.
Según el profesor Crawford, director del Centro
de Alimentación y Nutrición de Georgetown University: “El problema del
etiquetaje puede estudiarse desde dos vertientes: etiquetar los productos que
contengan organismos modificados genéticamente o bien etiquetar los que no los
lleven. Ambas posibilidades ofrecen ventajas e inconvenientes; si se deben
identificar los transgénicos en las etiquetas, es necesario especificar cuál es
la modificación, con lo cual el texto se alargaría demasiado, porque los hay de
muchos tipos. Por eso se sugiere la alternativa, etiquetar los alimentos no
modificados”. El debate debe continuar en todos los ámbitos, y entre
todos. Y aceptar que el riesgo cero no existe. En palabras de José Juan
Rodríguez: “Se ha metido a todos los alimentos modificados genéticamente en el
mismo saco, y no es así. No todos tienen el mismo efecto; depende del tipo de
modificación. Unos pueden llevar una pretendida mejora para la agricultura,
otros una ventaja desde el punto de vista sanitario (como que se le introduzca
algún elemento con una función metabólica); son distintos. Se trata, en mi
opinión, de ver qué características tiene cada uno de ellos. El consumidor no
lo diferencia. Quizá no les hayamos informado adecuadamente. No es razonable
estar ni a favor ni en contra de los transgénicos; de la misma manera que no se
está a favor o en contra del queso manchego. Te puede gustar o no, pero no se
puede estar en contra. Opino que cada vez que salga un nuevo producto debería
ser sometido a un estudio independiente, con controles que garanticen su
inocuidad. Si es inocuo puede pasar al consumo; si no es inocuo, no puede pasar
al consumo. Quizá todos necesitemos más información: consumidores, productores,
científicos, periodistas... que nos aseguren que los alimentos son correctos”.
- Cristina Junyent es doctora en biología Más información: Información sobre organismos modificados genéticamente
publicada en números anteriores de Biomedia: |
|||
|
|
|||