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¿Son seguros los alimentos transgénicos?

Cristina Junyent 31/05/00

Biomedia (Barcelona). Desde la Concejalía Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, se ha organizado una serie de debates públicos que pretenden llenar los huecos informativos abiertos tras el enorme desarrollo de la ciencia y de la técnica en las últimas décadas. Uno de los campos en los que más se ha avanzado es el de la genética. El 24 de mayo, junto con el Consulado General de los Estados Unidos y el Instituto de Estudios Norteamericanos, se ha organizado un debate para dar a conocer al público las ventajas y los inconvenientes de la ingeniería genética en los alimentos, los riesgos alimentarios de los alimentos modificados genéticamente.

La posibilidad de modificar genéticamente los organismos comporta un nuevo salto en la capacidad tecnológica de los alimentos. Desde que dejamos de ser cazadores y recolectores, hace unos diez mil años en los lugares más antiguos, los alimentos dejaron de ser “naturales”, desde entonces empezó a actuar la “selección artificial”, en términos darwinistas, es decir, los alimentos obtenidos por la selección de los agricultores. Las plantas que se cruzaban eran seleccionadas por las características deseadas; se buscaban semillas cada vez más ricas en harina. Los excedentes agrícolas permitieron un incremento demográfico y la posibilidad de que parte de la población se dedicara a otras actividades que no fuera conseguir alimento. Apareció la especialización por oficios y la posibilidad de intercambiar productos exóticos por grano. En la última década ha aparecido una nueva agricultura, la agricultura de los alimentos modificados genéticamente. Su estudio ha levantado una enorme controversia. Las opiniones son contundentes y dispares. Existen los defensores y los muy críticos. Y la respuesta del público frente a tal cantidad de información es desigual.

Para situarnos en el escenario, según los expertos hay que tomar en consideración diversos puntos. Los monocultivos son el lugar de crecimiento idóneo para los insectos que se alimentan de ellos; también para los patógenos microbianos que crecen en ellos y se diseminan: las plagas pueden diezmar cosechas. Para evitarlas, los agricultores hace tiempo que utilizan insecticidas, muchas veces con extraordinaria generosidad. También utilizan herbicidas para favorecer el crecimiento de las plantas cultivadas más que el de las hierbas espontáneas. Además, los alimentos almacenados son nutritivos para muchos seres vivos; las cosechas son caldo de cultivo para hongos, bacterias o virus que pueden medrar e intoxicar a los que las consuman una vez infectadas. Por esto se tratan con antibióticos, para impedir el crecimiento de microorganismos que, en algunos casos, pueden ser hasta cancerígenos. Los animales estabulados son también propensos a enfermedades infecciosas. Éstas pueden ocasionar mortandades de toda una granja y, ocasionalmente, pueden ser transmisibles a humanos. El ganado extensivo, por tanto, es tratado con antibióticos desde hace tiempo.

Los alimentos modificados genéticamente son aquellos que proceden de cultivos obtenidos a partir de otros a los que se ha introducido o extraído una parte de genoma, para obtener unas características deseadas. Teóricamente, la posibilidad de añadir un determinado pesticida o antibiótico a una planta puede disminuir la necesidad de utilizar insecticida libre. Introducir un gen de resistencia a la sequía, al frío o a la salinidad en los vegetales para que devengan alimentos más rentables, o para ampliar la extensión de cultivos, no parece comportar demasiado riesgo. Un gen que complementara la dieta con un elemento esencial, o que comportara la adición de vacunas o fármacos, quizá pudiera mejorar la salud pública y privada. Sin embargo, existe una oposición encendida, sobre todo desde organizaciones como Greenpeace, entre muchas otras. ¿Cuáles son los riesgos de los alimentos transgénicos?

Los principales riesgos atribuidos a los alimentos transgénicos son los que podrían afectar a la salud de los consumidores o los que pueden repercutir en el ambiente. Otras preocupaciones contemplan ámbitos de tipo social o económico.

Entre los riesgos para la salud está la posibilidad de que nuevas alergias se sumen a las que algunas personas ya tienen a determinados alimentos, como el pescado, los cacahuetes o las nueces. Uno de los estudios más mencionados sobre los efectos desconocidos que podrían tener sobre la salud, es el que se realizó en la Universidad de Aberdeen. El profesor Pustzai aseguró que, en un experimento con ratones alimentados con patatas, unas transgénicas otras no; los que habían comido las transgénicas tenían el intestino más adelgazado. A pesar de ello, la comunidad no da ninguna credibilidad a este experimento, que, según ellos, no es consistente, ni sigue ningún rigor, por lo que no resiste un examen científico. En términos generales, los científicos no creen que, aparte de la posible alergenicidad, los alimentos modificados genéticamente puedan comportar riesgo alguno para la salud. Muchos sostienen, además, que es más probable que la modificación genética reduzca el potencial alérgeno de los alimentos que suelen provocar alergias. ¿Por qué entonces tanta polémica? Según José Juan Rodríguez, profesor de Bromatología y Nutrición de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona: “Lo que ocurre, en mi opinión, es que al consumidor no le importa asumir riesgos cuando come. Según la ley, no se pueden comer quesos fabricados con leche no pasteurizada, debido al riesgo de Listeria o de Brucella. Los franceses quieren quesos sin pasteurizar, aún sabiendo que puede ser más arriesgado comerlos por el riesgo de infección bacteriana. Alegan que son más sabrosos; no quieren perder el aroma, el sabor. Pasan por alto los riesgos ¿por qué? Porque les gusta. Quieren conocer el riesgo, eso sí”.

Entre los riesgos para el entorno se incluye la dispersión de plantas modificadas fuera de los cultivos. Las plantas modificadas entrarían en competencia desigual con las plantas autóctonas, lo que comportaría una consiguiente pérdida de biodiversidad. En efecto, existen numerosos ejemplos de plantas cultivadas (y de las hierbas que inevitablemente se asocian a ellas) que al ser cultivadas en lugares nuevos han desplazado a las plantas autóctonas, en algunos casos hasta situaciones realmente alarmantes. Otro de los riesgos ambientales es que las plantas con insecticida pueden ser comidas por especies no dañinas, con lo cual se provocan mortalidades totalmente innecesarias. Uno de los ejemplos contra esta aplicación es la muerte de orugas de mariposa monarca que habían comido su alimento habitual, un vegetal llamado algodoncillo, sobre el que se había depositado polen de un maíz con pesticida incorporado. Sin embargo, los científicos que han revisado este estudio dudan de nuevo de su consistencia. Por razones como estas, según el profesor Prakash, director del Centro de Investigación de Biotecnología Vegetal de la Tuskegee University, la empresa Monsanto fabricó plantas estériles, duramente llamadas “Terminator”. De esta manera, si las semillas o el polen de las plantas cultivadas llegaban a diseminarse, no iban a germinar o a polinizar otras plantas, y, por tanto, tampoco iban a provocar problema medioambiental alguno. El problema subsiguiente en este caso es que, al utilizar semillas estériles se tendrán que comprar antes de cada cosecha. El agricultor no podrá ya obtener las semillas de su propia cosecha, o intercambiarlas con el vecino.

El tercer tipo de preocupación del público acerca de los organismos modificados genéticamente atañe, precisamente, a los aspectos económicos y sociales. La investigación en ingeniería genética es muy cara, las empresas querrán recuperar la inversión. Si las semillas son estériles, tendrán que comprarse, lo que es una forma de reversión del capital invertido que va a perjudicar a los más débiles, de nuevo. Otro de los argumentos a favor de los transgénicos dice que su eficiencia va a eliminar el hambre en el mundo: ¿No es posible repartir los excedentes alimentarios, que existen, para alimentar a los que tienen hambre? Parece más fácil, sostiene el profesor Prakash, distribuir semillas que alimentos.

La legislación deberá controlar todos estos aspectos, de salud, medioambiental, económico y social. Cómo ofrecer la información al usuario; punto en que entra la normalización del etiquetaje de los alimentos. Según el profesor Crawford, director del Centro de Alimentación y Nutrición de Georgetown University: “El problema del etiquetaje puede estudiarse desde dos vertientes: etiquetar los productos que contengan organismos modificados genéticamente o bien etiquetar los que no los lleven. Ambas posibilidades ofrecen ventajas e inconvenientes; si se deben identificar los transgénicos en las etiquetas, es necesario especificar cuál es la modificación, con lo cual el texto se alargaría demasiado, porque los hay de muchos tipos. Por eso se sugiere la alternativa, etiquetar los alimentos no modificados”.

El debate debe continuar en todos los ámbitos, y entre todos. Y aceptar que el riesgo cero no existe. En palabras de José Juan Rodríguez: “Se ha metido a todos los alimentos modificados genéticamente en el mismo saco, y no es así. No todos tienen el mismo efecto; depende del tipo de modificación. Unos pueden llevar una pretendida mejora para la agricultura, otros una ventaja desde el punto de vista sanitario (como que se le introduzca algún elemento con una función metabólica); son distintos. Se trata, en mi opinión, de ver qué características tiene cada uno de ellos. El consumidor no lo diferencia. Quizá no les hayamos informado adecuadamente. No es razonable estar ni a favor ni en contra de los transgénicos; de la misma manera que no se está a favor o en contra del queso manchego. Te puede gustar o no, pero no se puede estar en contra. Opino que cada vez que salga un nuevo producto debería ser sometido a un estudio independiente, con controles que garanticen su inocuidad. Si es inocuo puede pasar al consumo; si no es inocuo, no puede pasar al consumo. Quizá todos necesitemos más información: consumidores, productores, científicos, periodistas... que nos aseguren que los alimentos son correctos”. - Cristina Junyent es doctora en biología

Más información:
Cambridge Scientific Abstracts
Centro para Seguridad Alimentaria y Aplicación en Nutrición de la FDA
(Centre of Food Safety and Applied Nutrition Food and Drug Administration)

Información sobre organismos modificados genéticamente publicada en números anteriores de Biomedia:
Una patata transgénica resistente al mildiu
Genes sintéticos pueden influir en el crecimiento vegetal
La Comisión Europea va a elaborar el Libro Blanco sobre seguridad alimentaria
No está claro que los genes de cultivos genéticamente modificados puedan diseminarse
Mesa para conciliar intereses

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