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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La eutanasia, un debate pendiente de solución
Biomedia
(Barcelona).
Etimológicamente la palabra eutanasia (de eu,
bien y thanatos, muerte) significa
"buena muerte". Sin embargo, el concepto de eutanasia es precisamente
la primera dificultad con la que topa un debate sobre la cuestión. Para
diferenciar entre los distintos procedimientos se ha hecho una clasificación de
la eutanasia en eutanasia activa directa, eutanasia activa indirecta y
eutanasia pasiva u ortoeutanasia. La activa directa supone una acción positiva
para acortar intencionadamente la vida del paciente con su consentimiento
expreso. La activa indirecta es la que tiende a aminorar el sufrimiento del
enfermo, con el conocimiento de que ese tratamiento paliativo puede adelantar
el momento de la muerte. Y, por último, la eutanasia pasiva consiste en la
omisión o interrupción deliberada de un tratamiento necesario para la
supervivencia del paciente, con lo que se acelera su desenlace mortal. También
está la denominada eutanasia eugenésica, que puede tener un objetivo de salud
social o una finalidad económica, y con la que se persigue la eliminación de
seres "peligrosos" para la sociedad o que constituyen una carga
económica para ésta. Esta última forma de eutanasia, desde luego, no entra en
el debate social de la eutanasia por ser una actuación execrable y que, sin
duda alguna, atenta contra los derechos humanos, la base común más universal de
cualquier reivindicación ética. El
principal punto de discusión en cuanto al concepto es que, para algunos, el
concepto de eutanasia implica que haya una solicitud expresa del paciente para
terminar con su vida, ya sea desde su plena capacidad jurídica o, en su
defecto, a través de un testamento vital, y en el resto de casos no sería
eutanasia en sentido estricto sino que se entraría en el terreno de la decisión
médica; para otros, en cambio, eutanasia no es sinónimo de suicidio asistido
sino que se encuadraría tan sólo dentro de las clasificaciones de activa
indirecta y pasiva. Los
defensores del derecho a la eutanasia lo inscriben dentro del derecho a que se
cumpla la voluntad del enfermo. La
idea de los derechos del enfermo es relativamente reciente, aparece en Estados
Unidos en los años setenta, y está relacionada con los asombrosos avances de la
medicina, que combinados con importantes cambios sociales han permitido el
acceso generalizado de las poblaciones de los países desarrollados a la
atención sanitaria. Esto ha consolidado un cambio significativo en la forma de
morir. En la actualidad, un 60% de las personas fallece en centros
hospitalarios y un 10% en geriátricos. Este incremento en la medicalización de
la muerte hace que el término "muerte natural" quede restringido a
muy pocas situaciones si se compara con épocas anteriores, ya que un gran
número de muertes es debido a alguna decisión terapéutica. Es decir, en el
proceso de una enfermedad se toman decisiones que afectan también al momento de
morir, y, por tanto, ha aparecido una preocupación al entorno de estas decisiones
no sólo entre los usuarios de la sanidad sino también entre los profesionales
de la salud, juristas, filósofos y antropólogos. Ahora
se cuestiona qué sentido deben tener estas decisiones, qué límites se deben
respetar y, sobre todo, quién debe tomarlas. Y, si bien hay un amplio consenso
en cuanto al reconocimiento del derecho del paciente a participar y decidir
sobre su tratamiento sobre la base de una información coherente (el
consentimiento informado) en lo que se refiere a las decisiones que atañen al
morir, el debate todavía está candente. Y es un debate presente en la mayoría
de los países occidentales. En
España alcanzó repercusión nacional a raíz del caso del tetrapléjico gallego
Ramón Sampedro en 1998, pero las propuestas de cambio legislativo se han
continuado desde entonces. La más reciente ha tenido lugar en Cataluña, donde
el pasado 26 de abril se votó en el Parlamento catalán una proposición
planteada por el partido Esquerra Republicana de Catalunya para trasladar al
Congreso una petición de despenalización de la eutanasia. El resultado final,
al que se llegó en una segunda ronda de votaciones dado que en la primera se
obtuvo un empate, fue de 66 votos a favor y 68 en contra, una situación
prácticamente idéntica a la de dos años atrás en la que una iniciativa similar
de despenalización fue rechazada por dos votos de diferencia. Iniciativa per
Catalunya, tras conocer el resultado de la votación, llevó a la Mesa del
Parlament otra propuesta por lo que se deberá volver a debatir la solicitud de
despenalización al Congreso. A la luz de estos hechos, el debate sigue abierto.
- Gemma López es licenciada en bioquímica |
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