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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Entrevista a Andrea Ballabio, profesor de genética molecular en la Universidad Vita-Salute San Raffaele, y director del Telethon Institute of Genetics and Medecine
Biomedia (Barcelona).
Andrea Ballabio es profesor de genética
molecular en la Facultad de Medicina de la Universidad Vita-Salute San
Raffaele (Milán), director del Telethon
Institute of Genetics and Medecine y
miembro del Consejo de la
Organización del Genoma Humano. Sus investigaciones se centran en la
genética de las enfermedades. El 8 de junio pronunció la conferencia “Desde
la secuencia de nuestros genes hasta la utilidad médica” en el Ayuntamiento de Barcelona,
enmarcada en la serie de conferencias "Genética y ciudad",
organizadas desde la Concejalía de la Ciudad del Conocimiento y patrocinadas
por la empresa Novartis. Usted dirige un
centro en el que se investigan enfermedades genéticas a partir de donaciones
particulares. En el instituto donde trabajo, Telethon, investigamos de las
enfermedades genéticas; identificamos los genes que intervienen en estas
enfermedades, qué genes no funcionan, por qué no funcionan, qué hay detrás de
una enfermedad, y luego intentamos encontrar los métodos para prevenir y para
curarla. Este instituto fue creado por la Fundación Thelethon, financiada sobre
todo por los programas Telethon, equivalentes a sus maratones televisivas. ¿En qué áreas
trabajan? Estudiamos enfermedades genéticas de los ojos, de la piel,
de los huesos y del sistema nervioso. Tanto malformaciones como enfermedades
degenerativas que aparecen en el adulto. La gente cree que las enfermedades
genéticas son aquellas con las que uno nace, y este es el caso de las
malformaciones. Pero muchas veces los síntomas no se desarrollan al nacer, sino
que la enfermedad se desarrolla en la vida adulta, incluso después de haber
tenido hijos. Sin embargo, sobre las enfermedades degenerativas, que
aparecen en el adulto, se puede actuar con más éxito médico: existe más tiempo
desde que se pueden diagnosticar, antes de que aparezcan los síntomas. A veces
se pueden prevenir los síntomas. Si una persona nace con la enfermedad, es más
difícil aplicar una terapia para cancelar síntomas. Usted ha estudiado enfermedades
relacionadas con el cromosoma X, ¿no es así? Hemos estudiado enfermedades que, por estar ligadas al
cromosoma X, aparecen solamente en varones. Entre las enfermedades que más
hemos estudiado está la ictiosis, que
se caracteriza por una piel a escamas. También hemos estudiado el albinismo
ocular, que es una forma de albinismo pero que afecta solamente a los ojos, no
a la pigmentación de piel y pelo, como el albinismo más común; los enfermos de
albinismo tienen una notable fotofobia, les molesta mucho la luz. También hemos
estudiado una forma de enanismo y una enfermedad llamada síndrome de Kallmann,
que se manifiesta con problemas de desarrollo de las gónadas; también otra
enfermedad que se caracteriza por una incapacidad para oler. Y el síndrome de
Opitz que se manifiesta con problemas, en general, de todas las estructuras de
la línea media del cuerpo; los enfermos tienen los ojos muy distanciados, el
paladar no se suelda bien, genitales anormalmente desarrollados, el ano no
cierra bien. Esta es una enfermedad malformativa, por ejemplo. Todas ellas son
enfermedades ligadas al cromosoma X. ¿Estudian otras
enfermedades que no estén ligadas al cromosoma X? Nos hemos ocupado, por ejemplo, de una forma de parálisis
llamada paraplejia espástica. Es una enfermedad degenerativa, los enfermos
nacen normales pero a los veinte o treinta años desarrollan síntomas de
parálisis. También hemos estudiado otras enfermedades como la retinitis
infecciosa. Todas ellas enfermedades debidas a defectos de nuestro patrimonio
genético. Estas enfermedades, ¿con qué frecuencia
aparecen? Cada una de ellas es bastante rara, se habla de una
frecuencia de un enfermo por cada tres mil nacimientos, y hasta uno cada diez
mil o veinte mil, las más raras. Sin
embargo, en las enfermedades genéticas se debe hacer una diferencia entre las
enfermedades monogénicas y las poligénicas. Las primeras, también llamadas
mendelianas porque siguen las leyes de Mendel, son enfermedades en las que está
implicado un solo gen; la mutación de un solo gen es suficiente para causar los
síntomas. El ambiente juega poco papel. Hay más de 7000 tipos diferentes, las
más frecuentes son la distrofia muscular o la fibrosis quística. Otras son más
conocidas, como la hemofilia, por la familia real europea. Cada una de ellas es
muy rara. Pero si las tomamos todas juntas, dan una frecuencia muy importante
en términos de salud pública. En las enfermedades poligénicas se ven envueltos más genes,
y se denominan multifactoriales, porque no basta solamente el factor
genético, sino que es necesario el factor ambiental para desarrollar la
enfermedad. La parte genética, en estos casos, no es una causa directa, sino
una predisposición. Estas enfermedades son menos en número, pero mucho más
frecuentes; ejemplos son la diabetes, la hipertensión, muchos tipos de
cardiopatías, muchos tipos de tumores. También la esquizofrenia podría entrar
en esta categoría, como otras enfermedades neurológicas, el autismo o algunos
tipos de psicosis, porque tienen un componente genético. Estas enfermedades van
a cargo de muchos genes, a diferencia de las monogénicas (en las que basta un
solo gen para provocarlas), y en ellas el ambiente tiene un papel más notable,
lo que las hace más difíciles de estudiar. Usted ha estudiado
también los genes de animales implicados en el desarrollo de extremidades. Hemos estudiado genes que forman familias, porque son
similares unos a otros, tanto en el mismo animal como entre especies, y son
importantes en el desarrollo embrionario. Son los genes que dicen: "la
cabeza se desarrolla aquí y no en otro sitio”, por ejemplo. O "debe haber
dos brazos y no tres; y deben estar aquí, y no en el lugar de las
piernas". Increíblemente, estos genes se han conservado durante la
evolución de las especies, por lo que son genes muy similares, que dan estas
órdenes a la mosca del vinagre (Drosophila
melanogaster) o a un mamífero, un ratón, un humano... Por ejemplo, existe un gen que es muy importante para la
formación de la estructura del ojo. En realidad hay muchos genes involucrados
en el desarrollo de un ojo, pero uno de ellos inicia y dirige el programa. Este
gen, de la familia PAX6, se estudió primero en drosófila; uno de los mutantes
de la mosca tiene una cambio genético, que, cuando está presente, la mosca no
desarrolla el ojo; al mutante se le llama eyeless,
sin ojo. Se ha encontrado un gen similar en el ratón (y también en el hombre),
que cuando está presente, no es que el ratón no tenga ojos, sino que desarrolla
ojos muy pequeños. Podemos decir que los síntomas son los mismos en especies
tan distintas como una mosca y un ratón. El mutante del ratón se llama small eye. Este gen es importante porque está presente en los humanos
con una función similar. Cuando está presente la mutación de este gen, se da
una enfermedad llamada aniridia, falta del iris. El ojo se desarrolla en parte,
pero no es perfecto. Cuando a una mosca se le insiere este gen en el genoma,
incluso en regiones que no serían donde debería desarrollar la función, por
ejemplo, en las alas, la mosca desarrolla estructuras similares al ojo, casi
perfectas, en las alas. Este es un testimonio de que el gen contiene toda la
información para iniciar el programa de formación de un ojo en tres especies
tan distintas. Pero, los humanos y
las moscas nos separamos evolutivamente hace millones de años, ¿entonces ya
existía un organismo con un gen que iba a posibilitar el desarrollo del ojo
compuesto por ocelos, como el de una mosca, y del ojo con retina de los
humanos? Ciertamente, un gen en un antepasado común de centenares de
millones de años atrás. ¿Cómo se pueden
comprender fenómenos de este tipo? Este tipo de evidencia la gente puede verla desde distintas
perspectivas. Por una parte, puede pensarse de manera negativa, que este tipo
de investigación que solo sirve para crear monstruos. Sin embargo, existe otro
punto de vista, el punto de vista positivo, es que este tipo de investigación
es importante para la trasplantología. Será posible (ya lo es en parte, pero lo
será más en el futuro), crear órganos en laboratorio empleando estos genes, y
que estos órganos pueden servir de reserva para enfermos que necesiten un
trasplante de hígado, por ejemplo. Porque los órganos, además, pueden
desarrollarse a partir de los órganos del mismo individuo, para que no haya
problemas de rechazo inmunitario. Esta es una de las aplicaciones de la
genética del futuro, la de la creación de órganos in vitro. ¿Cómo llegan a los
genes, a diagnosticar mutaciones en humanos? Por una parte, están los estudios teóricos, de ciencia
básica. En estos estudios, para aislar un gen no utilizamos muestras de
individuos, sino que obtenemos las muestras de bancos de DNA, genotecas. Cada
vez que necesitamos muestras, nos dirigimos a bancos. Para encontrar la
mutación en un enfermo, como el genoma es el mismo en cada una de muestras
células, con una muestra de sangre es suficiente. De ella aislamos el material
genético, los genes. Una vez aislado el material genético, aplicamos técnicas de
laboratorio genético, una de las más conocidas es la PCR (Polimerase Chain Reaction, reacción en cadena de la polimerasa),
para comparar la secuencia de un gen de un individuo enfermo con la misma
secuencia de un individuo sano. Esto es así, porque la mutación no es más que
el cambio de una base del DNA. ¿Qué perspectivas
abrirá la secuenciación del genoma humano? La secuenciación del genoma humano puede considerarse la
mayor obra de conocimiento desarrollada por humanos hasta ahora. Aportará
beneficios en dos áreas, por una parte en la prevención de la enfermedad, la
segunda en la cura. La prevención es la aplicación más directa, más fácil, en el
sentido que conocer un gen nos posibilita desarrollar tests genéticos que
establecen el riesgo de un enfermo a desarrollar la enfermedad. Por ejemplo,
alguien con predisposición a padecer diabetes o cáncer de mama, si se somete a
controles frecuentes, permite reaccionar a tiempo. Su aplicación es inmediata. Más difícil es la aplicación terapéutica, para la que será
necesario más tiempo. Por una parte, al conocer el desarrollo de la enfermedad,
será posible preparar fármacos que la compensen, y que pueden ser específicos
para una persona y no otra. La farmacogenómica estudia qué fármaco puede
funcionar mejor con un genoma concreto. La otra gran esperanza es la de la
terapia génica, que es utilizar los genes directamente como instrumento
terapéutico. Por ejemplo, un individuo en el que un gen no funciona, puede
recibir el mismo gen externo, de un individuo en quien el gen funcione;
inferirlo en el enfermo. Lo que puede restaurar la función del gen. ¿Cómo se puede
conseguir que el gen se introduzca en la célula oportuna, en el lugar oportuno
del genoma, y además que se exprese en la dosis conveniente? Es algo muy fácil de explicar, pero no tanto de realizar.
Hay demasiados niveles en que se interviene. El primero es cómo suministrar el
gen, cómo entrará en la célula que lo requiere, cómo actuará de forma
controlada y no actuará escasamente o con exceso. En la mayor parte de los casos, la estrategia no es que se
tenga que entrar el gen en una región concreta del genoma: el gen puede actuar
también si el gen se insiere en otras regiones del genoma. Lo importante es que
entre en la célula justa. En algunos tejidos es más fácil. Por ejemplo, en casos de
inmunosuficiencias se deben tratar regiones con tejidos proliferantes, como
médula ósea. Entonces lo que se hace es extraer células de un individuo, añadirlas
en una probeta, inserirles el gen, y reintroducir las células en el individuo.
Estas células darán muchas células hijas con el gen. No son necesarias
demasiadas células, porque se dividen con frecuencia. Es más difícil en tejidos, como el nervioso, que se dividen
poco. Entonces es necesario que el gen entre en muchas células, para ello se
utilizan diversos sistemas. Lo más habitual es que para inferir un gen se
utilice un virus al que se le ha eliminado la patogenia, la capacidad de
infectar las células. Los tipos de virus utilizados en células que se dividen
poco, se utilizan adenovirus, que tienen la capacidad de invadir como una
mancha de aceite, por regiones. En este caso es necesario asegurar que llega a
todas las células que nos interesa. El problema derivado es el de la reacción inmunitaria, que
puede ser al mismo virus: el individuo mata las células que han recibido el
virus. Falta mucho por hacer. - Cristina
Junyent es doctora en biología |
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