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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones El impacto mediático en la secuencia del genoma humano
Biomedia (Barcelona). El anuncio de la secuencia del genoma*
humano ha supuesto un revuelo en el que la prensa ha tenido un papel relevante.
Por una parte ha sido utilizada por los protagonistas, y por otra, han
aparecido noticias sensacionalistas. Hasta Clinton y Blair se han apuntado al
tren, el mismo presidente Clinton dice que se ha descifrado el idioma con que
Dios creó la vida. ¡Cuando la secuencia del genoma humano es precisamente la
prueba más convincente de lo innecesario del creacionismo! El programa del genoma humano nació de una idea de James Watson,
codescubridor con Francis Crick de la estructura de doble hélice de la molécula
de DNA en 1953. Al comienzo, el Proyecto del Genoma
Humano parecía una tarea ardua que iba a durar decenas de años, pero no ha
sido así: en unos diez años se ha conseguido sujetar, aunque sea con alfileres,
su secuencia casi completa. Ciertamente, en los últimos años se ha ido mucho
más rápido (especialmente en los dos últimos), pero al principio, a Jim Watson
no le apoyaron. Y en 1993, le eliminaron del proyecto público, ya que era
políticamente incorrecto, y pusieron a Francis Collins, que sí lo era. La frase
de Clinton antes citada así lo demuestra. Francis Collins se destacó por sus
convicciones religiosas, al declarar que entre la ciencia y la religión no hay
conflicto, ya que la ciencia trata de las cosas naturales, y la fe de las
sobrenaturales. Es decir, el director del Proyecto del Genoma Humano parece
creer en la existencia de lo sobrenatural (!) Finalmente, ha aparecido Craig
Venter, de PE Celera Genomics , quien ha dado el empujón final al proyecto, dejando atrás a
Collins, a pesar del acuerdo de última hora para salvar las apariencias. Por
esta razón, la prensa habla de los "tres padres" del genoma humano. La secuenciación completa del genoma humano es un hito histórico que
quedará en la memoria colectiva de los descubrimientos científicos del siglo
XX, en donde no sólo se descubrió la naturaleza del misterio de la vida, la
molécula de DNA, la doble hélice, sino también, y como colofón natural, donde
se descifró la secuencia de todo el genoma. Una hazaña tecnológica. El siglo
que ahora termina pasará a la historia como aquel en que en su mitad (1953) se
descifró la estructura tridimensional de la molécula que porta la información
genética y, al final del siglo, su secuencia completa que hace que un hombre
sea un hombre y no una ballena o un gusano. El asunto es espectacular, ciertamente, pero tendríamos que situarlo
en su justa medida. Como dice Watson, "pronto tendremos la secuencia, las
letras, pero habrá que esperar otros cien años para interpretar lo que
cuentan". Estos días en la prensa hemos podido leer: "En el siglo
XXI, el genoma podrá combatir enfermedades incurables", y eso es una
exageración. También se dice que podrá llegar a pensarse en la inmortalidad,
todavía más insólito. Parece que no se comprende que se ha hecho lo fácil, y
que ahora empieza lo difícil: descifrar el lenguaje del genoma humano;
interpretar y entender cómo funciona el genoma, cómo se relacionan los genes* unos con otros de una manera integrada, cómo
se consigue el desarrollo de los seres vivos a partir de los genes. Tardaremos
cien años o más. Si alguien se acuerda (y alguien se acordará) dentro de bastantes
años de estos anuncios triunfalistas sobre las enfermedades incurables, se
preguntará y con toda la razón, el porqué de estos triunfalismos sin
fundamento. Dentro de diez, veinte, incluso cincuenta años, desafortunadamente
la inmensa mayoría de las enfermedades incurables del año 2000 seguirán siendo
incurables, a pesar del logro espectacular de la secuenciación y mapaje del
genoma humano. Recordemos que sólo se puede vencer algo que se conoce de manera
completa y que la secuencia del genoma humano es únicamente la base de partida
para ese conocimiento. Sería un buen momento, por tanto, para que grupos españoles de
investigación que no entraron en la carrera de la secuenciación del genoma
humano, entren ahora en la interpretación de su significado. Que no se queden
descolgados del pelotón. El apoyo de la Administración será crucial para ello.
Faltará por ver también si la secuencia es de acceso libre; Watson es
partidario de que el genoma sea un dato público, dominio de la humanidad, no
patentable. Las alarmas levantadas sobre los peligros posibles derivados del
conocimiento del genoma también son quizás exageradas, y no se puede comparar
el riesgo potencial de la mala utilización de la genética molecular con el
riesgo confirmado de la mala utilización de la física nuclear. Y también habrá que encarar las nuevas posiciones filosóficas que se
deriven. A medida que se conocía más sobre el genoma, se va sabiendo cada vez
más cuál es el mecanismo por el que la molécula de DNA, la doble hélice, que es
un replicador, conlleva el misterio de la vida. Lo más chocante es que los estudios genómicos* (aquellos cuyo foco son los genomas
completos de los individuos) no encuentran tanta diferencia entre el genoma de
un animal muy inferior y la del animal que está en el nivel superior de
complejidad en la escala evolutiva, como es Homo
sapiens. ¿Cuál es la explicación? La respuesta reside en la manera en que
los genes se regulan. Al estudiar la estructura primaria de los genes un
chimpancé y un humano, las diferencias más importantes se encuentran en las
regiones reguladoras del genoma, las que hacen que los genes expresen un patrón
de regulación temporal u otro. La combinatoria hace que con un número pequeño
de genes* una secuencia genética pueda
originar un chimpancé o un individuo capaz de desarrollar esta tecnología que
permite que nos comuniquemos por red. Una aproximación filosófica, no experimentalista, a la importancia del
DNA fue la de Richard Dawkins, de la Universidad
de Oxford, cuando publicó su libro El
gen egoísta (The selfish gene) en
1976. Dawkins describió cómo lo que sobrevive de manera transgeneracional es el
replicador, el material con las instrucciones de las especies, la molécula
replicadora que esta en el interior de cada individuo, no el individuo mismo en
la especie (el león, la cebra, la jirafa). Aunque algunos biólogos ya habían
descrito la idea, Dawkins lo hizo de una manera más comprensible. Otra idea original que menciona Dawkins en este libro, es la del
replicador cultural (el “meme”), la
unidad de información cultural que se perpetua porque se transmite de unos
individuos a otros, pasa de un cerebro a otro y se puede llegar a multiplicar
como la pólvora. Baste señalar cualquier chiste o chascarrillo cotidiano que
por medio de la transmisión escrita u oral se hace del dominio público. Al
igual que el gen, el meme mejor adaptado sobrevive en competencia con otros
menos exitosos. El tema de la transmisión y replicación cultural es muy
interesante y ha abierto un campo filosófico nuevo en las ciencias naturales,
la memética. * Para obtener la
definición de los términos marcados, ver el glosario de Biomedia. Más información en Biomedia: |
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