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El impacto mediático en la secuencia del genoma humano

Manuel Perucho
Director del Departamento de Oncogenes y Genes Supresores de Tumores del Instituto Burnham de La Jolla (California) y profesor visitante de la
Universitat Pompeu Fabra (Barcelona)
05/07/00
Opinión

Biomedia (Barcelona). El anuncio de la secuencia del genoma* humano ha supuesto un revuelo en el que la prensa ha tenido un papel relevante. Por una parte ha sido utilizada por los protagonistas, y por otra, han aparecido noticias sensacionalistas. Hasta Clinton y Blair se han apuntado al tren, el mismo presidente Clinton dice que se ha descifrado el idioma con que Dios creó la vida. ¡Cuando la secuencia del genoma humano es precisamente la prueba más convincente de lo innecesario del creacionismo!

El programa del genoma humano nació de una idea de James Watson, codescubridor con Francis Crick de la estructura de doble hélice de la molécula de DNA en 1953. Al comienzo, el Proyecto del Genoma Humano parecía una tarea ardua que iba a durar decenas de años, pero no ha sido así: en unos diez años se ha conseguido sujetar, aunque sea con alfileres, su secuencia casi completa. Ciertamente, en los últimos años se ha ido mucho más rápido (especialmente en los dos últimos), pero al principio, a Jim Watson no le apoyaron. Y en 1993, le eliminaron del proyecto público, ya que era políticamente incorrecto, y pusieron a Francis Collins, que sí lo era. La frase de Clinton antes citada así lo demuestra. Francis Collins se destacó por sus convicciones religiosas, al declarar que entre la ciencia y la religión no hay conflicto, ya que la ciencia trata de las cosas naturales, y la fe de las sobrenaturales. Es decir, el director del Proyecto del Genoma Humano parece creer en la existencia de lo sobrenatural (!) Finalmente, ha aparecido Craig Venter, de PE Celera Genomics , quien ha dado el empujón final al proyecto, dejando atrás a Collins, a pesar del acuerdo de última hora para salvar las apariencias. Por esta razón, la prensa habla de los "tres padres" del genoma humano.

La secuenciación completa del genoma humano es un hito histórico que quedará en la memoria colectiva de los descubrimientos científicos del siglo XX, en donde no sólo se descubrió la naturaleza del misterio de la vida, la molécula de DNA, la doble hélice, sino también, y como colofón natural, donde se descifró la secuencia de todo el genoma. Una hazaña tecnológica. El siglo que ahora termina pasará a la historia como aquel en que en su mitad (1953) se descifró la estructura tridimensional de la molécula que porta la información genética y, al final del siglo, su secuencia completa que hace que un hombre sea un hombre y no una ballena o un gusano.

El asunto es espectacular, ciertamente, pero tendríamos que situarlo en su justa medida. Como dice Watson, "pronto tendremos la secuencia, las letras, pero habrá que esperar otros cien años para interpretar lo que cuentan". Estos días en la prensa hemos podido leer: "En el siglo XXI, el genoma podrá combatir enfermedades incurables", y eso es una exageración. También se dice que podrá llegar a pensarse en la inmortalidad, todavía más insólito. Parece que no se comprende que se ha hecho lo fácil, y que ahora empieza lo difícil: descifrar el lenguaje del genoma humano; interpretar y entender cómo funciona el genoma, cómo se relacionan los genes* unos con otros de una manera integrada, cómo se consigue el desarrollo de los seres vivos a partir de los genes. Tardaremos cien años o más. Si alguien se acuerda (y alguien se acordará) dentro de bastantes años de estos anuncios triunfalistas sobre las enfermedades incurables, se preguntará y con toda la razón, el porqué de estos triunfalismos sin fundamento. Dentro de diez, veinte, incluso cincuenta años, desafortunadamente la inmensa mayoría de las enfermedades incurables del año 2000 seguirán siendo incurables, a pesar del logro espectacular de la secuenciación y mapaje del genoma humano. Recordemos que sólo se puede vencer algo que se conoce de manera completa y que la secuencia del genoma humano es únicamente la base de partida para ese conocimiento.

Sería un buen momento, por tanto, para que grupos españoles de investigación que no entraron en la carrera de la secuenciación del genoma humano, entren ahora en la interpretación de su significado. Que no se queden descolgados del pelotón. El apoyo de la Administración será crucial para ello. Faltará por ver también si la secuencia es de acceso libre; Watson es partidario de que el genoma sea un dato público, dominio de la humanidad, no patentable. Las alarmas levantadas sobre los peligros posibles derivados del conocimiento del genoma también son quizás exageradas, y no se puede comparar el riesgo potencial de la mala utilización de la genética molecular con el riesgo confirmado de la mala utilización de la física nuclear.

Y también habrá que encarar las nuevas posiciones filosóficas que se deriven. A medida que se conocía más sobre el genoma, se va sabiendo cada vez más cuál es el mecanismo por el que la molécula de DNA, la doble hélice, que es un replicador, conlleva el misterio de la vida.

Lo más chocante es que los estudios genómicos* (aquellos cuyo foco son los genomas completos de los individuos) no encuentran tanta diferencia entre el genoma de un animal muy inferior y la del animal que está en el nivel superior de complejidad en la escala evolutiva, como es Homo sapiens. ¿Cuál es la explicación? La respuesta reside en la manera en que los genes se regulan. Al estudiar la estructura primaria de los genes un chimpancé y un humano, las diferencias más importantes se encuentran en las regiones reguladoras del genoma, las que hacen que los genes expresen un patrón de regulación temporal u otro. La combinatoria hace que con un número pequeño de genes* una secuencia genética pueda originar un chimpancé o un individuo capaz de desarrollar esta tecnología que permite que nos comuniquemos por red.

Una aproximación filosófica, no experimentalista, a la importancia del DNA fue la de Richard Dawkins, de la Universidad de Oxford, cuando publicó su libro El gen egoísta (The selfish gene) en 1976. Dawkins describió cómo lo que sobrevive de manera transgeneracional es el replicador, el material con las instrucciones de las especies, la molécula replicadora que esta en el interior de cada individuo, no el individuo mismo en la especie (el león, la cebra, la jirafa). Aunque algunos biólogos ya habían descrito la idea, Dawkins lo hizo de una manera más comprensible.

Otra idea original que menciona Dawkins en este libro, es la del replicador cultural (el “meme”), la unidad de información cultural que se perpetua porque se transmite de unos individuos a otros, pasa de un cerebro a otro y se puede llegar a multiplicar como la pólvora. Baste señalar cualquier chiste o chascarrillo cotidiano que por medio de la transmisión escrita u oral se hace del dominio público. Al igual que el gen, el meme mejor adaptado sobrevive en competencia con otros menos exitosos. El tema de la transmisión y replicación cultural es muy interesante y ha abierto un campo filosófico nuevo en las ciencias naturales, la memética.

* Para obtener la definición de los términos marcados, ver el glosario de Biomedia.

Más información en Biomedia:
El mapa del genoma humano en sociedad

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