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Biomedia (Valencia). Del 19 al 23 de junio de 2000 se celebró en Valencia el 2º Congreso sobre la Hipótesis Gaia,
organizado por la American Geophysical Union,
The Gaia Society y la Universidad de Valencia. Gaia es el nombre con el
que se conoce la hipótesis propuesta en 1972 por el químico atmosférico
británico James E. Lovelock, que considera la Tierra y la vida que contiene
como un sistema vivo integrado cuyos diversos componentes interaccionan y se
influyen mutuamente. Al incluir en dicho sistema la atmósfera, los mares y la
corteza terrestre, además de todos los seres vivos, Lovelock ampliaba el
concepto de biosfera popularizado a partir de la obra homónima del geólogo ruso
Vladimir I. Vernadsky. Lovelock supuso que, si la Tierra era
un sistema vivo, debería disponer de algún mecanismo semejante a la homeostasis
que permite a los seres vivos el mantenimiento del equilibrio y la estabilidad
internos cuando se producen cambios que podrían alterarlos. En el caso de la
Tierra, la homeorresis (término más adecuado para aplicar al planeta que el de
homeostasis) actuaría más bien manteniendo los “desequilibrios”. En realidad,
la distribución de compuestos químicos en el planeta azul no es la que sería de
esperar en una situación de equilibrio fisicoquímico. Durante la década de 1960, James Lovelock
trabajó para NASA y realizó un estudio comparado de las atmósferas de la Tierra
y de los planetas más próximos al nuestro en el sistema solar, Venus y Marte.
Comprobó que las concentraciones de gases atmosféricos eran similares en
aquellos dos planetas y muy distintas a las que se daban en el nuestro. Hasta
entonces se había creído que si la vida se dio en la Tierra era porque era el
único lugar del universo —o como mínimo del sistema solar— cuyas condiciones
atmosféricas eran adecuadas para ello. Lovelock proponía un cambio de paradigma
al afirmar lo contrario: que la Tierra tiene una atmósfera diferente, en
desequilibrio, debido a la presencia de vida. Desde que Lovelock propuso su hipótesis
ha seguido trabajando en busca de pruebas que la sustentaran. La bióloga
estadounidense Lynn Margulis colaboró con Lovelock desde el principio,
aportando a la hipótesis pruebas biológicas. El matemático Andrew J. Watson
también colaboró con Lovelock desde el principio en el diseño de algunos
modelos matemáticos que explican la existencia de relaciones homeorréticas.
Después de casi treinta años de investigación, puede ya hablarse de Gaia como
una teoría más que una hipótesis. El nombre de Gaia (diosa griega que
simbolizaba la Tierra) le fue sugerido a James Lovelock por el escritor
británico William Golding, por entonces vecino suyo. El concepto que Gaia
encerraba, o quizás la metáfora empleada por Lovelock, despertó la intolerancia
de algunos científicos y la incomprensión de algunos divulgadores y
periodistas. Los unos y los otros no supieron —o no quisieron, en algunos
casos—ver la base científica que se ocultaba bajo la metáfora. En cambio, le
atribuyeron características teleológicas: la Tierra sería un ser vivo superior,
con capacidad para decidir qué era más conveniente para su salud. Pero el
tiempo ha dado la razón a Lovelock. En 1988, tras la celebración del primer
congreso sobre Gaia organizado, como el de Valencia, por la American Geophysical Union, la
revista Science
reconoció que Gaia se había hecho “respetable”. En los doce años transcurridos,
la respetabilidad de Gaia se ha visto reforzada por otras tres reuniones
celebradas en un college de Oxford,
por la fundación de una sociedad científica (The Gaia Society) que se presentó
públicamente en la Royal Society en 1998, por la admisión del propio Lovelock
como miembro (fellow) de dicha sociedad, y por varios doctorados
honorarios y premios internacionales concedidos también a Lovelock. En algún momento Lovelock estuvo a punto
de cambiar el nombre de Gaia por el de “geofisiología”. Pero finalmente decidió
mantener el nombre de la diosa griega cuando se dio cuenta del cambio en la
percepción de su teoría, y de que ya no era vista como pseudorreligiosa o
relacionada con movimientos esotéricos o sectarios de la Nueva Era. En
diferentes ocasiones ha explicado que él usa Gaia en sentido metafórico, de la
misma manera que Richard Dawkins habla de los genes “egoístas” en relación con
el comportamiento adaptativo que incluye el sacrificio de algunos individuos
“por el bien de la especie”. Es posible que las contribuciones
presentadas al congreso de Valencia no sean tan espectaculares como las que se
presentan en otros congresos científicos (la espectacularidad de Gaia se dio
cuando fue propuesta por Lovelock por primera vez), pero son un paso más para
la consolidación de Gaia como una teoría científica. Y como en otras ocasiones,
los asistentes salieron con la convicción de que —como ha dicho Stephen Jay
Gould en muchas ocasiones— la especie humana es el resultado de una serie de
acontecimientos casuales que se han producido a lo largo de la evolución. Y
que, dado que la aniquilación de nuestra especie no haría desaparecer la vida
en la Tierra, es conveniente que cuidemos del planeta si queremos seguir
formando parte de su biosfera. Mercè Piqueras es bióloga y vocal de la Asociación Catalana de Comunicación Científica
(ACCC) Más información
sobre el origen de la vida en Biomedia: |
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