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Sedante, pero no ansiolítico

Juan Carlos García 28/06/00

Biomedia (Barcelona). Todos hemos experimentado alguna vez la sensación de ansiedad. En algunos casos, este estado llega a ser tan intenso que puede incluso colapsarnos, razón por la que el desarrollo de compuestos con propiedades ansiolíticas siempre ha sido prioritario para las compañías farmacéuticas. Uno de los grandes parteaguas en la lucha contra la ansiedad sucedió a finales de la década de los cincuenta tras la introducción de las benzodiazepinas, moléculas capaces de inducir relajación y que además poseen actividad antiepiléptica. Entre ellas, el diazepam o Valium, nombre comercial con el que aquella sustancia es comúnmente conocida, es sin duda la más popular al grado que su nombre ha pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano.

A pesar de que la acción benéfica del diazepam es indiscutible, sus efectos colaterales siempre han sido motivo de preocupación. Por ejemplo, la ingestión de diazepam se acompaña también de problemas de concentración, de memoria y de control motor, además de que puede actuar como un sedante muy poderoso. De esta forma, no resulta difícil imaginar que la droga ideal contra la ansiedad debería poseer los efectos positivos del diazepam pero ninguno de los negativos. En un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience este mes de junio (Nature Neurosc 2000; 6: 587-592), Ruth McKernan y sus colaboradores en Merck Sharp and Dohme han dado un paso muy importante en la búsqueda de esta droga ideal.

El diazepam actúa sobre el receptor para el ácido gamma-aminobutírico o GABA, el principal neurotransmisor inhibidor de nuestro sistema nervioso. Este receptor está compuesto por diferentes subunidades pero sólo algunas de ellas son sensibles a la droga en cuestión. La pregunta que McKernan y su grupo intentaron responder era si sería posible asociar por separado cada uno de los efectos del diazepam a cada una de las diferentes subunidades capaces de interaccionar con él. De esta forma, estos investigadores utilizaron una estrategia similar a la empleada por Uwe Rudolph y sus colaboradores en el Instituto de Farmacología de la Universidad de Zurich y publicada el año pasado en la revista Nature. Ambos equipos modificaron genéticamente a una serie de ratones mutando una subunidad del receptor del GABA  (la a1) de tal forma que ésta dejase de responder al diazepam, y exploraron cuáles de los efectos de la droga permanecían intactos y cuáles desaparecían junto con la mutación. En ambos casos, la alteración de la subunidad a1 se tradujo en una reducción de la acción sedante y de las alteraciones motoras inducidas por el diazepam pero no hubo ningún cambio en su acción ansiolítica. Estas observaciones indican claramente que al menos dos de los efectos negativos del diazepam se deben a su interacción con la subunidad a1.

Sin embargo, McKernan y sus colegas no se detuvieron allí sino que exploraron la posibilidad de que alguna droga fuese capaz de sustituir a la mutación y pudiese trazar la misma línea divisoria entre los efectos positivos y los negativos en animales normales. Estos científicos centraron sus esfuerzos en la molécula L-838,417, un compuesto capaz de actuar de manera análoga al diazepam sobre la mayoría de los receptores de GABA, pero totalmente inactivo sobre la subunidad a1. Cuando ratones normales ingirieron el L-838,417, la ansiedad que mostraron en diversas pruebas de conducta se redujo en grado comparable al observado en animales tratados con diazepam, pero no mostraron ninguna de las alteraciones motoras de estos últimos ni fueron sedados por la nueva droga.

En resumen, la variedad de efectos del diazepam no se debe a su interacción con un sólo tipo de receptor de GABA sino que sus diferentes subunidades parecen ser responsables de forma independiente de cada una de las acciones de la droga. Además, la subunidad a1 parece estar asociada al efecto sedante del diazepam, así como a su interferencia sobre el sistema motor, mientras que otras subunidades parecen ser más importantes para su efecto ansiolítico. Más aún, el L-838,417 es capaz de inducir relajación en ratones y no tiene los efectos colaterales del diazepam, observación que abre la posibilidad de que esta molécula tenga alguna utilidad clínica en el futuro. Aunque es muy difícil determinar si las pruebas de conducta utilizadas en roedores revelan algo verdaderamente equivalente a lo que consideramos ansiedad en el humano, los estudios de esta naturaleza demuestran el enorme potencial de la genética molecular en combinación con la química médica en la búsqueda de nuevas drogas para tratar éste y otros problemas relacionados a nuestra salud mental.
Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres

Más información sobre ansiedad:
http://www.amb.com.ar/ayuda.htm
http://www.nimh.nih.gov/anxiety/spanish/spadbr.htm
http://www.anxietynetwork.com/

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