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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Biología del desarrollo: ¿qué modelo animal de trabajo utilizar?
Biomedia
(Barcelona). El principal objetivo de la biología del desarrollo es entender cómo a partir de una única
célula huevo indiferenciada se pasa a un organismo pluricelular adulto, con un
patrón tridimensional bien organizado. Los genes que controlan el desarrollo
embrionario, o genes del desarrollo*, son aquellos que activándose
en diferentes lugares del embrión y a momentos distintos, controlan el
desarrollo y la formación del organismo. El
patrón corporal de la mayoría de los animales es básicamente bilateral y los
tres grandes ejes corporales se definen muy pronto en el desarrollo: antero-posterior,
dorso-ventral, izquierda-derecha.
El eje próximo-distal de los apéndices y extremidades se define una vez el
desarrollo está más avanzado. Paulatinamente, las células de cada territorio
embrionario irán especificando su destino, hasta diferenciarse en un tipo
celular particular en un lugar determinado. Así, el destino de cada célula se
va refinando cada vez más. Estas decisiones son raramente tomadas por una única
célula, normalmente se realizan en grupo, es decir, las células han de tomar
decisiones de desarrollo en el contexto de las decisiones tomadas por sus
vecinas (por medio de la comunicación celular). Una
gran parte de investigadores del desarrollo trabaja con animales llamados
modelo. ¿Cuál es el mejor modelo de trabajo? La mayoría de las veces los
modelos se escogen por motivos técnicos, históricos o antropocéntricos. Lo que
sabemos a principios del siglo XXI, es que los resultados obtenidos en un
sistema modelo permiten generalizar cómo se llevan a cabo los procesos de
desarrollo. En los vertebrados, los modelos más utilizados son el pollo, el
ratón, el sapo Xenopus laevis y el
pez-cebra. Entre los invertebrados, el modelo por excelencia es la mosca del
vinagre (Drosophila melanogaster),
aunque actualmente está en plena expansión el estudio del nematodo llamado Caenorhabditis elegans. Cada modelo
tiene sus ventajas e inconvenientes. La
gran ventaja de la mosca Drosophila
ha sido, y es, que permite realizar análisis genéticos. Ya desde la década de
1920, se obtienen artificialmente moscas mutantes con los más variados
fenotipos. Algunos de ellos, son debidos a mutaciones que intervienen durante
el desarrollo. Un ejemplo es el screening
realizado por Christianne Nusslein-Volhard y Erich Wieschauss en 1980, que les
llevó a obtener y compartir el premio Nobel con Edward Lewis en 1995.
Produjeron y realizaron un análisis sistemático de los mutantes con efecto
materno (donde los genes de la madre depositan sus productos génicos en el oocito), y zigóticos (donde los genes
responsables son los del zigoto), que afectaban los estadios iniciales del
desarrollo. Esto
les permitió identificar genes principales responsables de los estadios
primarios, en los que se toman las decisiones respecto a los ejes principales
del organismo. Actualmente,
induciendo mutaciones con elementos transposones, cualquier laboratorio puede
realizar todo el proceso: inducir mutaciones al azar, analizar los mutantes de
interés, clonar el gen mutado y buscar su perfil de expresión durante el
desarrollo embrionario en un organismo normal. Luego, dada toda la información
disponible, se puede intentar cruzar el mutante en cuestión con otras cepas
disponibles con fenotipos relacionados, y así dilucidar la red génica
responsable de un proceso determinado. Es imposible enumerar todas las nuevas
técnicas de análisis genético-molecular disponibles actualmente en Drosophila, que van desde la posibilidad
de activar un gen particular en un lugar específico en un momento dado, o al
revés, es decir, inactivar un gen en el lugar y momento deseados. Además,
desde hace unos meses se dispone de la secuencia
completa del genoma de Drosophila,
lo que acelera de forma considerable la interpretación de resultados en el caso
del clonaje de genes responsables de uno u otro fenotipo. Otra gran ventaja de Drosophila es su corto ciclo de vida, de
manera que, en el espacio de sólo unas semanas, se puede obtener una gran
cantidad de embriones. Dos
factores clave han permitido la utilización de toda una serie de nuevos modelos
de invertebrados durante el último decenio. El primero es la posibilidad de
aislar genes de un organismo parecidos a un gen conocido de otro, mediante la
hibridación de ácidos nucleicos o a partir de las técnicas de PCR*. El segundo es el hecho de que muchos genes
importantes para el desarrollo están bastante conservados en animales muy
diversos (más
información). Entre los invertebrados, el nuevo modelo es el nematodo Caenorhabditis elegans, del cual
conocemos casi todo: su genoma ha sido recientemente secuenciado, es un
organismo muy pequeño, con aproximadamente 1000 células de las que conocemos
perfectamente su linaje celular (qué célula proviene de cuál durante el proceso
de desarrollo). Estas dos características hacen de este organismo una
herramienta muy importante en los estudios de biología del desarrollo. Entre
los vertebrados, los organismos clásicos de estudio han sido el pollo y el sapo
Xenopus laevis, sobre todo por la
facilidad de obtención de embriones accesibles a la manipulación experimental.
En el caso de Xenopus laevis, es muy
fácil obtener un gran número de embriones, que son, a su vez, de un tamaño muy
grande, lo que permite realizar estudios bioquímicos en los que se necesita
cantidades importantes de material de partida. Además la manipulación de
embriones no es muy complicada, lo que permite estudiar transplante de regiones
precisas y asociaciones de distintas partes del embrión en cultivo; estos
experimentos llevaron, en 1969, a Niewkoop a demostrar la existencia de una
zona responsable de la inducción del mesodermo (una de las tres capas
embrionarias), también llamada centro de Niewkoop. Otra ventaja de este modelo
es la posibilidad de sobreexpresar un gen determinado en el embrión en estadios
muy temprano y obtener ulteriormente un renacuajo con una mitad del cuerpo
normal (izquierda o derecha) y la otra mitad con el fenotipo producido por la
expresión de nuestro gen de estudio. En
el caso del pollo las ventajas son múltiples. Los embriones son fácilmente
accesibles y pueden manipularse in ovo.
El embrión de pollo Gallus sp es muy
moldeable y plástico, lo que permite realizar experimentos de ablación o
sustitución de territorios con altas posibilidades de éxito. Permite, además,
realizar expresiones ectópicas de genes (provocar su expresión en otros lugares
que los de su expresión normal) en regiones específicas gracias a las recientes
técnicas de sobreexpresión con retrovirus (RCAS) o a partir de
electroporaciones del gen estudiado, o bien de proteínas embebidas en cuentas
de sílice o expresadas por células a partir de injertos. Los
nuevos modelos de vertebrados estudiados actualmente son el ratón y el
pez-cebra. El ratón presenta una clara ventaja antropocéntrica, se parece a los
humanos y es el mejor modelo hasta ahora para el estudio de enfermedades
humanas. Además, posee una ventaja técnica incontestable: es posible hacer
genética. Hasta hace poco era el único vertebrado en el que se podía inactivar
un gen in vivo, por recombinación
homóloga, al generar lo que llamamos el ratón knock-out.
A partir de las técnicas de transgénesis se pueden realizar expresiones
ectópicas de un gen, así como el estudio de sus secuencias reguladoras. Es
decir, podemos hacer lo contrario que con Drosophila.
En el ratón, en lugar de observar los fenotipos mutantes e identificar el gen,
se identifica primero el gen, se clona su DNA genómico, se inactiva por
ingeniería genética (knock-out) y se observa su fenotipo. El
inconveniente es que estas técnicas requieren muchísimo tiempo y son altamente
costosas, por lo que sólo una parte de laboratorios pueden invertir en
proyectos de este calibre. El
pez-cebra es un pez típico de acuario, con un ciclo de vida muy corto, fácil y
económicamente cultivable. Es otro de los modelos en expansión en nuestros
días. Tiene un embrión grande y transparente con el que la mayoría de técnicas
moleculares funcionan muy bien. Gracias también a Christianne Nusslein-Volhard,
que tuvo la iniciativa de realizar un screening
de mutaciones genéticas en este organismo, actualmente se pueden realizar
estudios genéticos del mismo estilo que los realizados previamente en Drosophila. Los
resultados obtenidos en distintos organismos durante los últimos años
demuestran una gran conservación de los componentes genéticos, lo que ha
llevado a postular la universalidad de los mecanismos de desarrollo, y los
grandes esfuerzos científicos se centran en conocer esta universalidad. Pero
parafraseando a Lewis Wolpert: "la
paradoja es que la base de la evolución está precisamente en el cambio".
- Cristina Pujades es profesora de
biología molecular y celular del desarrollo de la Universidad Pierre y Marie Curie |
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