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La modificación genética de los mosquitos transmisores
de la malaria podría llegar a controlar la enfermedad

Annia G. Domènech 12/07/00

Biomedia (Barcelona). Investigadores del Imperial College London han conseguido modificar genéticamente el mosquito anofeles, cuya picadura transmite la malaria. La modificación ha consistido en introducir un gen que codifica para una proteína fluorescente bajo la luz ultravioleta, lo que permite detectar fácilmente qué mosquitos han incorporado el gen ajeno y, por tanto, son transgénicos*.

Los animales o plantas transgénicos son aquellos en los que se ha introducido un gen perteneciente a otra especie. Esta alteración del contenido genético tiene como objetivo que la especie modificada adquiera unas propiedades que, por ella misma, no posee. Es el caso, por ejemplo, de determinadas plantas a las que se confiere una mayor resistencia a las plagas mediante genes de otras especies.

La investigación realizada en el Imperial College es un primer paso para modificar selectivamente el genoma del mosquito anofeles en la lucha contra la malaria, ya que ha determinado la metodología que permitirá, en un futuro, introducir en el mosquito genes que obstaculicen de diversas maneras la transmisión de la enfermedad. Por ello, la proteína resultante de la actividad del gen introducido era inocua pero localizable; esto permitía saber si la inclusión del gen había tenido éxito o no y en qué porcentaje.

Con este objetivo, de conseguir variantes transgénicas del mosquito anofeles, se microinyectó el material genético foráneo en huevos de esta especie. Para ello, se tuvo que retardar el rápido endurecimiento que siguen en condiciones normales los huevos recién puestos y que imposibilita la aplicación de la técnica. Esto se logró con un componente que no altera el desarrollo normal de los embriones, un tercio de los cuales sobrevivieron; de ellos, la mitad de las larvas presentaba la proteína, lo que evidencia que incorporaron el gen ajeno en su código genético.

El estudio, publicado en Nature (2000; 405: 959-962), implica que la malaria podría ser controlada si se impidiera el contacto entre el mosquito, vector transmisor de la enfermedad, y el parásito; o entre el mosquito y el hombre, que es quien sufre la dolencia. La ingeniería genética se utilizaría para romper la relación parásito-mosquito anofeles-humano, que puede ser interrumpida en diferentes estadios: cambiando las preferencias del mosquito de la sangre del hombre a la de los animales, creando mosquitos masculinos estériles de tal modo que la población disminuya en número o provocando cambios en el metabolismo del mosquito para que el parásito no pueda vivir en él.

Antes de liberar al medio ambiente mosquitos genéticamente modificados se deben estudiar cuidadosamente las consecuencias que ello puede tener en el equilibrio del ecosistema. Además, se debería facilitar que el mosquito transgénico ocupara el hábitat del mosquito anofeles, en vez de superponerse a él y aumentar desmesuradamente la población. De ambos, en principio se impondría quien se adaptara mejor al medio; sin embargo, un cambio genético con las consecuencias comentadas antes no tiene por qué suponer un mayor grado de adaptabilidad.

A pesar de que el proyecto de crear mosquitos transgénicos que dificulten la diseminación de la malaria está en una fase inicial y de los posibles problemas que podría comportar esta opción de lucha contra la enfermedad, los autores del estudio piensan que se trata de un avance importante en la comprensión de cómo la malaria y el mosquito anofeles interaccionan.

Actualmente, no existe una vacuna viable para la malaria, una enfermedad que el año pasado afectó a unos 500 millones de personas, y de la que el 90% de contagios tienen lugar en África. Más de un millón de personas, la mayoría niños, mueren anualmente a causa de ella. Asimismo, lejos de remitir, la malaria se adapta a las nuevas condiciones ambientales. Por un lado, el parásito es cada vez más resistente a los fármacos utilizados hasta ahora para combatir la enfermedad; por el otro, el mosquito anofeles adquiere inmunidad frente a los insecticidas e incluso se ha demostrado que otras variantes de la especie, como el mosquito común europeo, también pueden transmitir la enfermedad a partir de personas que la traen de África. - Annia G. Domènech es licenciada en biología

Más información:

Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int

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