|
![]() |
||
| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La modificación genética de los mosquitos transmisores de la malaria podría llegar a controlar la enfermedad
Biomedia (Barcelona). Investigadores
del Imperial
College London han conseguido modificar genéticamente el mosquito
anofeles, cuya picadura transmite la malaria. La modificación ha consistido en
introducir un gen que codifica para una proteína fluorescente bajo la luz
ultravioleta, lo que permite detectar fácilmente qué mosquitos han incorporado
el gen ajeno y, por tanto, son transgénicos*.
Los animales o plantas
transgénicos son aquellos en los que se ha introducido un gen perteneciente a
otra especie. Esta alteración del contenido genético tiene como objetivo que la
especie modificada adquiera unas propiedades que, por ella misma, no posee. Es
el caso, por ejemplo, de determinadas plantas a las que se confiere una mayor
resistencia a las plagas mediante genes de otras especies. La investigación realizada en el
Imperial College es un primer paso para modificar selectivamente el genoma del
mosquito anofeles en la lucha contra la malaria, ya que ha determinado la
metodología que permitirá, en un futuro, introducir en el mosquito genes que
obstaculicen de diversas maneras la transmisión de la enfermedad. Por ello, la
proteína resultante de la actividad del gen introducido era inocua pero
localizable; esto permitía saber si la inclusión del gen había tenido éxito o
no y en qué porcentaje. Con este objetivo, de conseguir
variantes transgénicas del mosquito anofeles, se microinyectó el material
genético foráneo en huevos de esta especie. Para ello, se tuvo que retardar el
rápido endurecimiento que siguen en condiciones normales los huevos recién
puestos y que imposibilita la aplicación de la técnica. Esto se logró con un
componente que no altera el desarrollo normal de los embriones, un tercio de
los cuales sobrevivieron; de ellos, la mitad de las larvas presentaba la
proteína, lo que evidencia que incorporaron el gen ajeno en su código genético. El estudio, publicado en Nature
(2000; 405: 959-962), implica que la malaria podría ser controlada si se
impidiera el contacto entre el mosquito, vector transmisor de la enfermedad, y
el parásito; o entre el mosquito y el hombre, que es quien sufre la dolencia.
La ingeniería genética se utilizaría para romper la relación parásito-mosquito
anofeles-humano, que puede ser interrumpida en diferentes estadios: cambiando
las preferencias del mosquito de la sangre del hombre a la de los animales,
creando mosquitos masculinos estériles de tal modo que la población disminuya
en número o provocando cambios en el metabolismo del mosquito para que el
parásito no pueda vivir en él. Antes de liberar al medio ambiente
mosquitos genéticamente modificados se deben estudiar cuidadosamente las
consecuencias que ello puede tener en el equilibrio del ecosistema. Además, se
debería facilitar que el mosquito transgénico ocupara el hábitat del mosquito
anofeles, en vez de superponerse a él y aumentar desmesuradamente la población.
De ambos, en principio se impondría quien se adaptara mejor al medio; sin
embargo, un cambio genético con las consecuencias comentadas antes no tiene por
qué suponer un mayor grado de adaptabilidad. A pesar de que el proyecto de
crear mosquitos transgénicos que dificulten la diseminación de la malaria está
en una fase inicial y de los posibles problemas que podría comportar esta
opción de lucha contra la enfermedad, los autores del estudio piensan que se
trata de un avance importante en la comprensión de cómo la malaria y el
mosquito anofeles interaccionan. Actualmente, no existe una vacuna
viable para la malaria, una enfermedad que el año pasado afectó a unos 500
millones de personas, y de la que el 90% de contagios tienen lugar en África.
Más de un millón de personas, la mayoría niños, mueren anualmente a causa de
ella. Asimismo, lejos de remitir, la malaria se adapta a las nuevas condiciones
ambientales. Por un lado, el parásito es cada vez más resistente a los fármacos
utilizados hasta ahora para combatir la enfermedad; por el otro, el mosquito
anofeles adquiere inmunidad frente a los insecticidas e incluso se ha
demostrado que otras variantes de la especie, como el mosquito común europeo,
también pueden transmitir la enfermedad a partir de personas que la traen de
África. - Annia G. Domènech es licenciada
en biología Más información: Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int |
|||
|
|
|||