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¿Existe una base anatómica para la inteligencia?

Juan Carlos López García 23/08/00

Biomedia (Londres). Nuestra fascinación sobre lo que la inteligencia es, sobre su fundación biológica, y sobre cómo medirla y mejorarla ha existido desde hace más de dos milenios, cuando Platón propuso que su asiento se localizaba en el cerebro. Desde aquel entonces, la investigación realizada en este campo ha añadido muy poco al respecto, pues las discusiones sobre este tema han operado siempre en un vacío experimental, limitándose a meras especulaciones y definiciones arbitrarias de lo que debe considerarse como inteligencia. En las primeras décadas del siglo XX, el debate principal era si lo que consideramos inteligencia era realmente una entidad única, común a todos los problemas a los que nos enfrentamos o si, por el contrario, era una colección de habilidades de naturaleza muy diversa que nos ayudan separadamente a encontrar la solución a los dilemas que se nos presentan. De hecho, los impulsores de la idea de la inteligencia como unidad llegaron a proponer la existencia de un factor, el factor g, el cual supuestamente contribuía a determinar nuestro éxito en diversos tipos de actividad intelectual.

Este factor g aún es utilizado en nuestros días y se encuentra en el meollo de un trabajo reciente publicado en la revista Science, que intenta demostrar que realmente existe una inteligencia general y que hay una parte del cerebro de la cual se deriva.

John Duncan y sus colegas en Inglaterra en el Brain Sciences Unit del Medical Research Council del Reino Unido, además de otros colaboradores en Alemania han querido abordar el problema utilizando una serie de pruebas cuya ejecución requiere supuestamente de un factor g elevado, buscando al mismo tiempo las partes del cerebro que se activan durante su realización. Su estrategia ha sido emplear no una sino varias pruebas que utilicen distintos sistemas cerebrales (espacial, verbal, visual) y estudiar mediante el uso de tomografía por emisión de positrones si existe alguna área cerebral específica que se active en todas ellas. Ellos razonaron que si la inteligencia es un proceso unitario debería ser posible encontrar una región involucrada en la realización de todas las tareas, aunque éstas perteneciesen a dominios diferentes. Si, por el contrario, la inteligencia es una colección de habilidades que funcionan por separado dependiendo del problema, entonces deberían observar una actividad cerebral totalmente diferente en cada caso. Lo que Duncan y sus colaboradores encontraron fue que en todas las tareas se registraba una activación marcada de una región delimitada del lóbulo frontal (la parte del cerebro más cercana a la frente), observación que los ha llevado a sugerir que la inteligencia es realmente un fenómeno general que se deriva de esta parte del encéfalo.

Aunque provocativo, este hallazgo está muy lejos de demostrar que el fundamento biológico de la inteligencia se encuentra en el lóbulo frontal, pues parte de una noción demasiado simplista de lo que es la inteligencia. Considérese, por ejemplo, una de las pruebas utilizadas en este experimento. De los siguientes grupos de letras, hay uno que es diferente a los tres restantes. ¿Cuál es?

L H E C             D F I M             J G D A             O Q T X

Si bien este tipo de pruebas miden ciertos aspectos de lo que llamamos inteligencia, definiciones más modernas del término, las cuales han sido respaldadas por una cantidad significativa de experimentos, tienden a incluir al menos tres clases de habilidades en el concepto de inteligencia: analíticas (como el problema que hemos presentado), creativas (como escribir el desenlace de una historia a la que le falta la última página) y prácticas (por ejemplo, plantear que sei quiere ir en Metro de la estación A a la B pero el servicio está interrumpido en varias líneas, ¿qué ruta que debe tomar para realizar el menor número de cambios de tren y al mismo tiempo evitar pasar por la estación C?). Existen estudios que indican que ejecutar bien tareas de inteligencia práctica no implica que la persona ejectutará tareas analíticas con la misma precisión. De hecho, hay veces en que ocurre lo contrario e individuos que no realizan particularmente bien las pruebas analíticas son los que mejor resuelven los problemas prácticos.

Es indiscutible que el lóbulo frontal participa en ciertas facetas de lo que consideramos inteligencia y muchos estudios previos ya han dejado constancia de ello. Sin embargo, la idea de que la inteligencia es un fenómeno unitario y que además tiene un sustrato anatómico preciso es un tanto simplista a la luz de definiciones más amplias de aquel término. A pesar de todos los siglos que nos separan de Platón, nuestra conclusión todavía no puede ser mucho mejor que la suya. Lo único que sabemos con certeza es que el asiento de la inteligencia está en el cerebro.

Y, por cierto, en caso de que aún no lo sepa, el tercer grupo es el diferente a los demás. Ponga atención al número de letras que separan en el abecedario a los componentes de cada cuarteto.
Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres.

Más información:

Tomografía por emisión de positrones: http://www.sfn.org/briefings/brain_imaging.html
Pruebas de inteligencia (y de muchas otras clases): http://www.queendom.com/tests.html
Una página con una visión más científica de lo que es la inteligencia, publicada por la Asociación Americana de Psicología: http://www.cycad.com/cgi-bin/Upstream/Issues/psychology/IQ/apa.html
Y otra página con información similar: http://www.healthscienceseminars.com/HSC/int.html

Más información en Biomedia:
El ejercicio de la memoria. Juan Carlos López García (03/05/00)

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