Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

Una proteína, agente infeccioso de las enfermedades priónicas

Gemma López Jornet 23/08/00

Biomedia (Barcelona). En el número del 28 de julio de la revista Science (2000 (289): 595-599), un artículo de un grupo de investigadores de la Universidad de California muestra por primera vez que las proteínas priónicas puras tienen la capacidad para ser el agente infeccioso causante de las enfermedades priónicas o encefalopatías espongiformes transmisibles (también denominadas por sus siglas en inglés, TSE), entre las cuales se encuentra el "mal de las vacas locas". Este trabajo da finalmente un apoyo definitivo a la hipótesis del prión formado tan sólo por proteína, en detrimento de la hipótesis del virino, que apostaba por un agente infeccioso constituido también por algún ácido nucleico.

La hipótesis del prión formado únicamente por proteína para explicar la causa de las TSE se remonta a 20 años atrás, pero los científicos no habían podido demostrar de manera directa que la proteína priónica tuviera por sí misma capacidad de infección.

Este grupo de investigadores ha introducido las proteínas priónicas en células de levadura (organismos unicelulares) utilizando un nuevo sistema que elimina la posibilidad de que otras moléculas diferentes contribuyan a la infección. El vehículo de transmisión han sido los liposomas, unas esferas sintéticas de naturaleza muy similar a la membrana o envoltorio que delimita las células, en el interior de los cuales estaban las proteínas infecciosas. Con este sistema de entrada artificial los investigadores han podido demostrar que, una vez estas proteínas han infectado la célula, pueden propagarse indefinidamente provocando un cambio de conformación en las proteínas propias de la célula transformándolas a su vez en proteínas infecciosas.

La búsqueda del agente causante de las encefalopatías espongiformes transmisibles ha sido muy polémica, sobre todo a raíz de que Stanley B. Prusiner propusiera en 1982 la hipótesis de que ese agente estaba compuesto únicamente por proteína (lo que le valió el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1997). En ese momento, la noción casi podía tacharse de herética, puesto que el dogma establecía que los agentes causantes de cualquier enfermedad transmisible requerían material genético (ácidos nucleicos: DNA* o RNA*) para poder reproducirse y por tanto infectar a su huésped. Pero en el laboratorio se obtenían resultados que no cuadraban con esta premisa: todos los procedimientos conocidos para desactivar ácidos nucleicos no reducían la capacidad de infección de estos agentes, mientras que los que inactivan a las proteínas sí que reducían la infectividad. Prusiner introdujo entonces el término "prión" para designar a estos extraños agentes infecciosos y distinguirlos así de los virus, bacterias, hongos y demás patógenos conocidos hasta entonces. Se determinó que estos priones contenían una proteína a la que se llamó PrP (proteína priónica), y poco después se vio que el gen que la codificaba no residía en los priones sino en el genoma del propio huésped. Este gen, presente en todas las especies de mamíferos en que se buscó (incluida la especie humana) y que estaba activo en muchos tipos de células, expresaba una PrP, pero con características diferentes a la que se encontraba en los cerebros infectados. Había pues dos formas distintas de proteína PrP, una causaba la enfermedad y la otra no.

Al disponer del gen se pudieron realizar estudios genéticos que establecieron una relación entre diversas mutaciones del mismo y una enfermedad priónica llamada GSS (enfermedad de Gertsmann-Straussler-Scheinker), aclarando el patrón de herencia que mostraba esta dolencia. El hecho de que las enfermedades priónicas pudieran ser hereditarias también convulsionó a la comunidad científica, ya que el hecho de que una misma enfermedad pudiera contraerse tanto por infección como por herencia era desconocido hasta entonces.

Pero si el agente infeccioso no contenía ningún ácido nucleico, ¿cómo se propagaba a través de las células para producir la infección? Se observó que la diferencia principal entre las dos formas de PrP era conformacional, es decir, tenían la misma composición (la misma secuencia de aminoácidos), pero su estructura era distinta. Las intensas investigaciones que se han llevado a cabo parecen indicar que lo que ocurre es que la forma infecciosa de PrP provoca un cambio conformacional en la forma normal de PrP, convirtiéndola a su vez en una forma infecciosa. Este cambio provoca una cascada en la que moléculas convertidas cambian la estructura de otras PrP normales, y así sucesivamente.

Sin embargo hay una parte de la comunidad científica que no cree en la hipótesis de "sólo proteína". La mayoría de estos científicos optan por un agente infeccioso de naturaleza vírica, y explican que el hecho de que los procedimientos para inactivar ácidos nucleicos no disminuyan la infectividad probablemente es debido a que los reactivos no tienen acceso al ácido nucleico, quizá por la protección de la proteína PrP. Este modelo de agente infeccioso encaja con un nicho biológico situado entre los virus (que llevan ácido nucleico que codifica para sus propias proteínas) y los viroides (que no necesitan proteínas), y por eso se ha sugerido llamarle "virino".

Se ha observado, además, que una misma enfermedad priónica puede presentar diversas características (por ejemplo, diferentes tiempos de incubación en diferentes casos), lo que indicaría la existencia de diversas variedades, o cepas, de un mismo tipo de agente infeccioso. La idea del virino no tiene problemas para interpretar este hecho ya que en la gran mayoría de virus conocidos se han descrito distintos tipos de cepas. La hipótesis del prión no tiene una explicación tan clara, pero algunos estudios han identificado varias formas de la proteína priónica que difieren en su estructura, lo que podría indicar que los distintos efectos biológicos de estos priones yacen en su estructura tridimensional: un prión con una determinada conformación convierte una proteína normal a infecciosa con una alta eficiencia, dando un tiempo de incubación corto, mientras que otro prión con otra conformación lo hace menos eficientemente necesitando un mayor tiempo de incubación. De la misma manera, un prión sería atraído con más facilidad por un cierto tipo de neuronas mientras que otro lo sería por otro tipo, produciendo en ambos casos efectos distintos.

Las investigaciones llevadas a cabo hasta ahora se decantaban contundentemente a favor de la hipótesis del prión, pero para abandonar completamente la hipótesis del virino, se necesitaba una demostración clara y sin refutación posible de que la proteína PrP tenía la capacidad de propagarse, y por tanto provocar una infección, sin la ayuda de ningún ácido nucleico*. Y eso es precisamente lo que ha conseguido este grupo americano.
Gemma López Jornet es licenciada en bioquímica.

Más información en Biomedia:
Reversibilidad de la estructura de priones (19/01/00)
* Ir al Glosario de Biomedia

Arriba

Portada


Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

(C) BIOMEDIA es una publicación del OCC (UPF) y RUBES EDITORIAL