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Los peligros de recordar: evocar un recuerdo puede facilitar su olvido posterior

Juan Carlos López García 13/09/00

Biomedia (Barcelona). Una serie de estudios psicológicos han mostrado que cada vez que recordamos algo, el contenido del recuerdo cambia. Por ejemplo, si evocamos eventos de nuestra niñez, nuestro recuerdo es modificado por nuestro conocimiento actual, por nuestras expectativas, por nuestro estado de ánimo y por otros factores que aún desconocemos. Así, si más adelante volvemos a recordar el mismo evento, el recuerdo ya no contiene solamente al suceso original sino que habrá sido modificado por la última vez que los recordamos. Este fenómeno podría estar relacionado con algunos casos de memorias falsas que vuelven a nosotros durante sesiones de psicoterapia. En estos casos, la autosugestión puede hacer que una memoria falsa que empieza de manera vaga se consolide cada vez con más fuerza a mediad que la recordamos. Aunque este fenómeno psicológico se conoce desde hace tiempo, el estudio biológico del sistema nervioso no le ha prestado la atención necesaria. Un artículo publicado el pasado agosto en la revista Nature (2000; 406: 6797) explora un aspecto relacionado con este problema y demuestra que recordar un evento del pasado lo devuelve a un estado lábil en el cual es susceptible de ser olvidado.

Joe LeDoux y sus colegas en la Universidad de Nueva York estudiaron en la rata un tipo de memoria emocional conocida como miedo condicionado. En esta forma de memoria, el animal escucha un tono y recibe un choque eléctrico. La rata asocia los dos estímulos y la próxima vez que escucha el tono se queda paralizada de miedo ante la posible llegada de un nuevo choque. El miedo condicionado ha sido estudiado en detalle y sabemos que una región del cerebro llamada amígdala es importante para su aprendizaje. Igualmente, sabemos que para que esta memoria sea duradera, es necesario que las células de la amígdala produzcan nuevas proteínas. Así, si interferimos con esta síntesis de proteínas, la memoria no dura más allá de unos cuantos minutos. Lo que LeDoux y sus colegas hicieron fue entrenar a la rata para que adquiriese este miedo condicionado presentando, como de costumbre, un tono seguido de un choque eléctrico. Al día siguiente, los investigadores presentaron solamente el tono (no el choque) y, como era de esperar, las ratas se quedaron paralizadas: habían recordado. En este punto, algunas de las ratas recibieron una inyección en la amígdala para prevenir la síntesis de proteínas a pesar de que en esta sesión no habían recibido un nuevo choque, sino solamente recordado el del día anterior. Al tercer día, todas las ratas escucharon nuevamente el tono para probar si su memoria seguía intacta.

Lo que LeDoux y sus colaboradores observaron es que las ratas que no recibieron ninguna inyección seguían recordando el choque recibido 48 horas antes y seguían paralizándose ante el tono. Por el contrario, las ratas que recibieron la inyección en la amígdala se comportaron como si nunca hubieran recibido el choque, a pesar de que el día anterior lo habían recordado perfectamente. Más aún, la inyección sólo era eficaz si las ratas la recibían mientras recordaban el episodio del día anterior. Si la recibían un par de horas más tarde, su recuerdo a las 48 horas era tan bueno como el de las ratas que nunca fueron inyectadas. Lo que estas observaciones quieren decir es que cada vez que las ratas recordaban que el tono y el choque habían sido apareados, su recuerdo volvía a consolidarse. Sin embargo, justo durante ese período de reconsolidación, la memoria se volvía temporalmente vulnerable y susceptible de ser olvidada, por lo cual la inyección para bloquear la producción de proteínas fue capaz de producir el olvido.

Este hallazgo tiene implicaciones muy profundas sobre la organización de la memoria. Por ejemplo, es posible especular que si un fenómeno similar fuese demostrado en humanos, el recuerdo de una memoria traumática podría ser borrado pidiéndole al sujeto que lo recuerde e interfiriendo en ese momento con el proceso de consolidación. Desde luego, hacen falta muchos estudios para saber si todos los tipos de memoria son igualmente susceptibles al efecto de la evocación y para que poseamos métodos menos agresivos que prevenir la síntesis de proteínas para interferir con la reconsolidación. En cualquier caso, los hallazgos del grupo de LeDoux nos ofrecen una explicación tentativa de los estudios psicológicos mencionados al principio y nos dan una ventana para asomarnos a lo que podría estar pasando en nuestro cerebro cuando incorporamos nuestro presente a lo que fue nuestro pasado.

Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres.

Más información:
Memoria emocional y amígdala: http://www.sfn.org/briefings/fear.html
Formación de la memoria y síntesis de proteínas: http://www.sfn.org/briefings/creb.html
Memorias falsas: http://faculty.washington.edu/eloftus/Articles/sciam.htm

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