|
|||
| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Los peligros de recordar: evocar un recuerdo puede facilitar su olvido posterior
Biomedia (Barcelona). Una serie de estudios psicológicos han
mostrado que cada vez que recordamos algo, el contenido del recuerdo cambia.
Por ejemplo, si evocamos eventos de nuestra niñez, nuestro recuerdo es
modificado por nuestro conocimiento actual, por nuestras expectativas, por
nuestro estado de ánimo y por otros factores que aún desconocemos. Así, si más
adelante volvemos a recordar el mismo evento, el recuerdo ya no contiene
solamente al suceso original sino que habrá sido modificado por la última vez
que los recordamos. Este fenómeno podría estar relacionado con algunos casos de
memorias falsas que vuelven a nosotros durante sesiones de psicoterapia. En
estos casos, la autosugestión puede hacer que una memoria falsa que empieza de
manera vaga se consolide cada vez con más fuerza a mediad que la recordamos.
Aunque este fenómeno psicológico se conoce desde hace tiempo, el estudio
biológico del sistema nervioso no le ha prestado la atención necesaria. Un
artículo publicado el pasado agosto en la revista Nature (2000; 406: 6797) explora un aspecto
relacionado con este problema y demuestra que recordar un evento del pasado lo
devuelve a un estado lábil en el cual es susceptible de ser olvidado. Joe LeDoux
y sus colegas en la Universidad de Nueva York
estudiaron en la rata un tipo de memoria emocional conocida como miedo
condicionado. En esta forma de memoria, el animal escucha un tono y recibe un
choque eléctrico. La rata asocia los dos estímulos y la próxima vez que escucha
el tono se queda paralizada de miedo ante la posible llegada de un nuevo
choque. El miedo condicionado ha sido estudiado en detalle y sabemos que una
región del cerebro llamada amígdala es importante para su aprendizaje.
Igualmente, sabemos que para que esta memoria sea duradera, es necesario que
las células de la amígdala produzcan nuevas proteínas. Así, si interferimos con
esta síntesis de proteínas, la memoria no dura más allá de unos cuantos
minutos. Lo que LeDoux y sus colegas hicieron fue entrenar a la rata para que
adquiriese este miedo condicionado presentando, como de costumbre, un tono
seguido de un choque eléctrico. Al día siguiente, los investigadores
presentaron solamente el tono (no el choque) y, como era de esperar, las ratas
se quedaron paralizadas: habían recordado. En este punto, algunas de las ratas
recibieron una inyección en la amígdala para prevenir la síntesis de proteínas
a pesar de que en esta sesión no habían recibido un nuevo choque, sino
solamente recordado el del día anterior. Al tercer día, todas las ratas
escucharon nuevamente el tono para probar si su memoria seguía intacta. Lo que LeDoux y sus colaboradores observaron es que las
ratas que no recibieron ninguna inyección seguían recordando el choque recibido
48 horas antes y seguían paralizándose ante el tono. Por el contrario, las
ratas que recibieron la inyección en la amígdala se comportaron como si nunca
hubieran recibido el choque, a pesar de que el día anterior lo habían recordado
perfectamente. Más aún, la inyección sólo era eficaz si las ratas la recibían
mientras recordaban el episodio del día anterior. Si la recibían un par de
horas más tarde, su recuerdo a las 48 horas era tan bueno como el de las ratas
que nunca fueron inyectadas. Lo que estas observaciones quieren decir es que
cada vez que las ratas recordaban que el tono y el choque habían sido
apareados, su recuerdo volvía a consolidarse. Sin embargo, justo durante ese
período de reconsolidación, la memoria se volvía temporalmente vulnerable y
susceptible de ser olvidada, por lo cual la inyección para bloquear la
producción de proteínas fue capaz de producir el olvido. Este hallazgo tiene implicaciones muy profundas sobre la
organización de la memoria. Por ejemplo, es posible especular que si un
fenómeno similar fuese demostrado en humanos, el recuerdo de una memoria
traumática podría ser borrado pidiéndole al sujeto que lo recuerde e
interfiriendo en ese momento con el proceso de consolidación. Desde luego,
hacen falta muchos estudios para saber si todos los tipos de memoria son
igualmente susceptibles al efecto de la evocación y para que poseamos métodos
menos agresivos que prevenir la síntesis de proteínas para interferir con la
reconsolidación. En cualquier caso, los hallazgos del grupo de LeDoux nos
ofrecen una explicación tentativa de los estudios psicológicos mencionados al
principio y nos dan una ventana para asomarnos a lo que podría estar pasando en
nuestro cerebro cuando incorporamos nuestro presente a lo que fue nuestro
pasado. Juan Carlos López
García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y editor de
Macmillan Publishing Company, Londres. Más información: |
|||
|
|
|||