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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Sigue la controversia por la enfermedad de las vacas locas
Biomedia
(Barcelona). Un reciente trabajo sobre priones, los agentes causantes de
las enfermedades priónicas entre las que se encuentra la encefalopatía
espongiforme bovina o "enfermedad de las vacas locas", ha devuelto de
nuevo este tema a la actualidad. El estudio, publicado en la revista Proceedings
of the National Academy of Sciences (2000; 97 [18]:10248-10253), se ha
centrado en el fenómeno llamado barrera
entre especies, que es uno de los aspectos más importantes y más estudiados
de estas enfermedades, y la razón es sencilla: conocer este fenómeno ayudará a
conocer los mecanismos de transmisión de estas enfermedades de una especie a
otra distinta (por ejemplo, entre vacas y humanos) y, por tanto, a prever mejor
los riesgos de infección que supone comer carne vacuna. El
prión, que es el agente infeccioso de las enfermedades priónicas, es una
proteína con la misma composición química (o secuencia de aminoácidos) que una
proteína propia del organismo, pero con una estructura tridimensional
diferente. Esta proteína alterada se replica (es decir, genera más copias de sí
misma y por tanto provoca la infección) e interacciona con la proteína de
estructura normal de nuestro organismo (PrPc),
convirtiéndola a la forma alterada (PrPsc).
La representación esquemática de esta interacción sería: PrPsc + PrPc = PrPsc + PrPsc "El
fenómeno de barrera entre especies se basa en que el gen que codifica la
proteína, priónica es distinto en cada especie, y por tanto cada especie tiene
una proteína priónica distinta", explica Jordi García, profesor titular
del Departamento de Genética de la Universidad de
Barcelona. "Cuando una proteína alterada interacciona con la proteína
normal de la misma especie, la conversión de la forma normal a la priónica se
produce sin ningún problema. En cambio, cuando la proteína normal pertenece a
una especie distinta, la conversión es más difícil, y por tanto la infección y
el desarrollo de la enfermedad también lo son. Se han realizado experimentos en
los cuales se infecta a animales con priones de otra especie, para testar la
dificultad con la que se produce la infección cruzada, y se ha visto que la
barrera no es absoluta sino que depende de la dosis de priones que se inyectan.
Esto quiere decir que el concepto de barrera entre especies es un concepto
experimental: en muchos casos no es que la barrera sea total sino que la dosis
que se necesita para provocar la enfermedad es tan alta que no tiene sentido en
condiciones que no sean de laboratorio." Los
resultados de este nuevo estudio del grupo británico parecen hacer replantear
la manera de evaluar este fenómeno de "barrera" de ahora en adelante.
Según Jordi García, "se habían hecho experimentos anteriores de
infecciones cruzadas entre hámster y ratón, y se creía que la barrera entre
estas dos especies era muy alta porque, al inyectar priones de hámster en
ratones, éstos no presentaban ningún síntoma de padecer la enfermedad. En este
trabajo se han reevaluado estos resultados y se ha visto que los ratones sí se
infectaban (los priones de hámster se replicaban en los ratones), aunque no
desarrollaban la enfermedad, bien porque se morían antes, bien porque la
presencia de estos priones no era suficiente para desencadenar la
patología". La
causa del revuelo originado a raíz del estudio está en las conclusiones que se
deducen de estos resultados. Los autores señalan que la existencia de estas
infecciones que no se manifiestan claramente, puesto que no provocan la
enfermedad, puede tener consecuencias nefastas para la salud pública. "El
peligro que supone este hallazgo, aclara Jordi García, consiste en el hecho de que los priones que
se generan en el ratón inducidos por priones de hámster son ahora priones de
ratón y, por tanto, pueden infectar con facilidad otros ratones, que sí
desarrollan rápidamente la enfermedad. Estos investigadores hacen la inferencia
al caso de las vacas y los humanos: podría ser que hubiera un número elevado de
gente con acumulación de priones humanos inducidos por priones de vaca
(procedentes de carne contaminada) que no desarrollen la enfermedad, pero que
si por determinados procesos (trasplantes de órganos, transfusiones, etc.) los
transmiten a otras personas, éstas, al recibir ya priones humanos, sí
desarrollen la enfermedad. Igualmente, otras especies destinadas al consumo
humano, como pollos o cerdos, también han sido alimentadas con harinas cárnicas
procedentes de vacas enfermas. Aunque no se hayan detectado enfermedades
priónicas en estas especies podría ser que sí estuvieran infectadas y que sus
priones saltaran fácilmente la barrera entre estas especies y el hombre". Aunque
estos resultados no son muy tranquilizadores, durante los últimos días ha
habido declaraciones de varios especialistas británicos que restan importancia
a las conclusiones del estudio. Algunos de los comentarios más relevantes,
recogidos en el apartado News of the Week
de la revista Science (2000; 289 [5485]:1663-1666)
pertenecen al epidemiólogo Peter Smith, de la London
School of Hygiene and Tropical Medicine, y actualmente director del Comité
Asesor para las Encefalopatías Espongiformes del Reino Unido. Smith admite que
el trabajo y sus implicaciones serán discutidos en la próxima reunión de este
comité asesor, pero duda que provoque cambios en las medidas de control y
prevención ya existentes porque éstas ya tienen en cuenta la posibilidad de
"infecciones invisibles". Gemma López Jornet es licenciada en bioquímica. Más
información en Dossier
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