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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Uso de opiáceos al final de la vida
Biomedia (Barcelona). Los analgésicos opiáceos están relacionados con la morfina, un alcaloide
derivado del opio, aunque algunos de ellos se extraen de otras plantas y otros
se producen en laboratorios. Los opiáceos producen la máxima analgesia
constituyendo una solución en el tratamiento del dolor agudo debido a su gran
eficacia. Por ello se usan en el control del dolor en las últimas semanas de
vida de los pacientes terminales. La preocupación del público y de los
profesionales de que el uso de opiáceos para controlar los síntomas de las
enfermedades podrían acortar la vida encabeza la investigación llevada a cabo
en el St. Christopher’s Hospice en
Londres por Nigel Sykes y Andrew Thorns. Según este estudio, publicado en la
revista The
Lancet (2000; 356 [9227]: 398-399),
los pacientes que reciben un incremento de la dosis de opiáceos al final de sus
vidas no tienen una supervivencia más corta que aquellos que no reciben este
incremento. Los expertos ingleses analizan retrospectivamente el patrón de uso
de los opiáceos durante la última semana de vida de 238 pacientes que murieron
en 62 unidades de cuidados paliativos de su hospital. Las dosis de opiáceos fueron
registradas diariamente durante la última semana de vida y calculado para cada
período el cambio en las dosis. También se analizó la distribución de, como
mínimo, un incremento de dos veces la dosis durante la última semana de vida y
las características de los pacientes que recibieron un incremento en la dosis
de opiáceos al final de la vida fue comparado con pacientes que recibieron la
dosis normal, menor o sin incremento. La investigación demuestra, en la
comparación de los pacientes que recibieron un incremento de analgésicos
opiáceos con los que no lo recibieron, que no existe ninguna diferencia
significativa en la supervivencia desde la admisión, frecuencia de muerte
inesperada, o descripción de la muerte (súbita, gradual, pacífica, dolorosa).
Los investigadores concluyen que el uso apropiado de opiáceos para el control
de los síntomas no acorta la vida. Nigel Sykes, uno de los autores del
estudio, comenta: “Este estudio destruye el mito de que un buen control del
dolor al final de la vida significa matar al paciente. La gente no debería
tener miedo de tomar morfina para el dolor por temor a acortar la vida, y
cualquier doctor con un paciente en esta situación debería buscar consejo de un
especialista en cuidados paliativos. No hay conexión alguna entre el control
del dolor de una manera competente y la eutanasia.” Maria Roura es bióloga y periodista. Más información en
el Dossier
de Biomedia |
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