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Telefonía móvil, radiación y salud

Maria Roura 13/09/00

Biomedia (Barcelona). Cada vez es mayor el número de usuarios de teléfonos móviles y cada día son más las personas que desean tener información acerca del producto que utilizan. Un estudio sobre las ondas hertzianas presentado en el Parlamento del Reino Unido a principios de año habla de los efectos nocivos del uso de la telefonía móvil en la salud humana. Esta investigación está disponible en http://www.ibelgique.com/gsm-info/petition/news.htm.

La información trata de los efectos térmicos y de los no relacionados con el calor de los campos electromagnéticos y las microondas que emiten los teléfonos móviles, también llamados de tecnología GSM. Los efectos térmicos sobre el organismo vivo son los que afectan directamente a los usuarios abusivos de un teléfono GSM, y son los mejor conocidos, pues pueden ser reproducidos y estudiados en laboratorio. Se han realizado numerosos estudios sobre estos efectos y, recientemente, investigaciones presentadas por Belgacom, aportan resultados tranquilizadores en cuanto a la contaminación potencial para la salud del usuario del GSM. Según un especialista en hiperfrecuencias de la Universidad Católica de Lovaina, el profesor André Van der Vorst, la pregunta principal que uno se hace cuando se trata de GSM y salud es saber si hay o no hay calentamiento o alteración debida al calor en el cerebro: se ha establecido que la mitad de los vatios emitidos por un teléfono móvil son absorbidos por el cerebro y que la parte que se mantiene en contacto se calienta un grado después de 20 minutos de comunicación. “Por mi parte,” dice este experto, “no me parece insignificante que este calentamiento sea local y parcial, ya que produce un desequilibrio térmico en el cerebro. De todas maneras, quedan muchas investigaciones por realizar y cuestiones importantes a tratar, pero el usuario de GSM debería saber que el teléfono móvil no está pensado para contar su vida.”

Los efectos atérmicos, por otro lado, se producen a intensidades muy débiles del campo electromagnético y son, sin lugar a dudas, más difíciles de estudiar. Según la información de los expertos, y como conclusión del capítulo sobre los estudios epidemiológicos, las indicaciones según las cuales una exposición a dosis débiles durante un período largo podría producir efectos graves en la salud son, de todos modos, demasiado numerosas para ignorarlas.

En la historia de la epidemiología se encuentran numerosos precedentes de factores nocivos para la salud que han sido asociados, en un principio, a ciertas enfermedades en estudios a primera vista poco fiables. En este caso, los documentos científicos disponibles mencionan los riesgos para la salud tras una larga exposición a estos tipos de microondas, aunque sea a niveles de intensidad débil. Los efectos patológicos atribuidos son numerosos, según una información del CAIRO (Organización de Investigación Industrial y Científica de la Commonwealth) son: el aumento de los riesgos de cáncer especialmente la leucemia, y los tumores en el cerebro; la degeneración histológica de la retina, córnea y el iris del ojo, especialmente en las personas afectadas de glaucoma que utilizan determinadas gotas oculares; modificaciones de la química del cerebro y del grado de eficacia de los medicamentos (debido a una mayor permeabilidad y pérdida de la barrera hematoencefálica); alteración de las funciones de aprendizaje y de memoria (la instalación de antenas retransmisoras cerca de centros escolares es particularmente peligrosa).

En este mismo informe, el Dr. Neil Cherry insiste en el impacto pernicioso en la salud humana, del efecto acumulativo de una emisión pulsada continuada de microondas, aun a niveles débiles, como la de las antenas retransmisoras y se pregunta qué influencia someterá el cerebro de los seres humanos expuestos permanentemente a campos electromagnéticos aunque sean de baja intensidad. Este experto recomienda que las antenas transmisoras sean separadas de las escuelas y de las habitaciones a una distancia de, al menos, 300 metros.

Por otro lado, en un estudio aparecido en la revista Nature de mayo (2000; 405: 405-417) se destaca que los límites actuales de exposición de los teléfonos móviles asumen que la radiación de microondas emitida no tiene efectos adversos sobre la salud si no producen sobrecalentamiento. El investigador de Nottingham David de Pomerai y sus colegas mostraron que las emisiones continuadas de microondas pueden inducir cambios biológicos en gusanos similares a los causados por el calor incluso sin incremento alguno de la temperatura. Según sus estudios, un conjunto universal de proteínas de protección (las HGSP, producidas por todos los organismos como respuesta a las condiciones adversas) en el gusano Caenorhabditis elegans es inducido a niveles de radiación de microondas más bajos que los emitidos por un móvil común. Sin embargo, según los autores, estos resultados no pueden ser extrapolados a los humanos. Y, de todas maneras, no hay evidencia científica que los aparatos efectivamente causen cáncer u otros problemas médicos. Un estudio realizado en Finlandia ha revelado que las ondas de radio que emiten los teléfonos celulares pueden llegar al cerebro, pero que sus efectos son mínimos.

Manolis Kogevinas, investigador del Instituto Municipal de Investigación Médica de Barcelona (IMIM), comenta que la utilización de teléfonos móviles provoca un aumento de la exposición a radiaciones electromagnéticas. La sospecha es que estas radiaciones puedan estar asociadas con el cáncer, particularmente el cáncer de cerebro y neoplasias del sistema hematológico. Aunque se han presentado casos clínicos supuestamente asociados a la utilización de móviles, aún no existen estudios en humanos que evalúen esta asociación. Es importante destacar que se ha comercializado una nueva tecnología ampliamente utilizada, sin una evaluación previa adecuada de sus posibles efectos sobre la salud.

La existencia de cierta preocupación acerca del posible vínculo entre el uso de teléfonos celulares y cáncer u otros problemas de salud ha provocado que a finales del mes de agosto se diera a conocer que los fabricantes de teléfonos móviles comenzarán el año próximo a informar a los usuarios sobre el grado de radiación que emiten estos aparatos, en respuesta a la necesidad de información de los consumidores y organizaciones. La empresa finlandesa Nokia, la mayor fabricante de teléfonos celulares del mundo, la estadounidense Motorola y la sueca Ericcson anunciaron que están desarrollando un mecanismo común para medir la radiación.

Después de años de investigación, todavía no se ha encontrado un vínculo directo entre el riesgo de la salud y la emisión de radiación de los teléfonos celulares. Actualmente existen cerca de 570 millones de usuarios de teléfonos celulares en todo el mundo y las compañías de telecomunicaciones calculan que la cifra aumentará a 1400 millones en cinco años. La Asociación de la Industria de Telecomunicaciones Celulares, el organismo estadounidense que representa este sector, había pedido urgentemente a los productores que notificaran a los usuarios el nivel de radiación en dichos aparatos. Se prevé comenzar a notificar a los usuarios durante el año 2001.

Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado un gigantesco estudio de ámbito mundial destinado a estudiar el impacto de los campos electromagnéticos sobre la salud pública. Los resultados de esta encuesta se publicarán durante el próximo año.

Maria Roura es bióloga y periodista.

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