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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Lista de Correo Un nuevo paso en la lucha contra el dolor crónico
Biomedia (Barcelona). Se ha abierto una prometedora vía para el tratamiento del dolor crónico con la aparición de un estudio publicado en Science (19 nov 99, vol. 286, 1558-1561) y realizado por un equipo de investigadores coordinado por Patrick Mantyh, de la Universidad de Minnesota. El dolor crónico parece ser debido, al menos en parte, al mal funcionamiento de un pequeño grupo de neuronas situadas a lo largo de la médula espinal, las responsables de transmitir la señal de dolor al cerebro; la transmisión se produce del mismo modo como se transmiten todas las señales nerviosas: mediante mensajeros químicos llamados neurotransmisores. En el caso de estas «neuronas del dolor», su neurotransmisor específico es la sustancia P. Las neuronas se activan al entrar en contacto con su neurotransmisor y lo absorben. Basándose en esta capacidad, los investigadores han ideado una estrategia similar a la del caballo de Troya: han combinado la sustancia P con la saporina, una proteína tóxica para las células del sistema nervioso o neurotoxina, y han obtenido un compuesto híbrido (sustancia P + saporina). Cuando las neuronas reconocen la sustancia P y la capturan internalizan todo el compuesto, y la neurotoxina, una vez dentro, las destruye interrumpiendo la transmisión y anulando la percepción de dolor. Aunque el estudio muestra un futuro optimista, es prematuro hablar de un nuevo tratamiento para el dolor, ya que ha sido un trabajo realizado en ratas, y el camino entre la investigación en animales y la producción de medicamentos para humanos está lleno de obstáculos. De momento, Mantyh y sus colegas están haciendo estudios toxicológicos para ver si la administración de esta neurotoxina es segura y eficiente en las personas. Si estas esperanzas se cumplen, la nueva técnica ofrecería ventajas respecto a los actuales tratamientos quirúrgicos para el dolor crónico, puesto que a diferencia de éstos supone una pérdida permanente de sensibilidad ante el dolor, no afecta a otros tipos de neuronas (se reducen los efectos secundarios), y además es compatible con otros tratamientos farmacológicos. En todo caso, si estos estudios tienen éxito, será un tratamiento indicado para casos muy graves debido a la agresividad de la técnica, ya que implica la destrucción de las neuronas. De todos modos, los expertos creen que también se podrá obtener un método menos drástico al combinar la sustancia P con otras neurotoxinas menos potentes, que en lugar de destruir las células tan sólo las hagan entrar en un estado de letargo reversible. - Gemma López es licenciada en bioquímica. |
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