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El dolor, más que un síntoma

Gemma López 15/12/99

Biomedia (Barcelona). El dolor es un síntoma, nos avisa que «algo» no va bien en nuestro organismo; por ello su papel es necesario como indicador de lesiones, y la urgencia que genera ha salvado muchas vidas, ¿qué ocurriría si no sintiéramos dolor cuando padecemos una apendicitis o un infarto de miocardio? Pero, a veces, el dolor persiste cuando ya sabemos que hay algún problema, con lo que su función de alerta ya no tiene ningún sentido. Y si deviene permanente durante meses o años conlleva una serie de efectos negativos, entre los que se encuentran desequilibrios en el balance hormonal, estrés, disfunciones del sistema inmunitario, alteraciones gastrointestinales y un amplio abanico de problemas psicológicos como baja autoestima o depresión. En estas condiciones el dolor se considera una enfermedad. Esta clase de dolor se conoce como dolor crónico, en contraposición al dolor agudo que es de corta duración, con una causa y un propósito específicos y de tratamiento sencillo. En cambio, el tratamiento del dolor crónico puede ser mucho más complejo y es recomendable dirigirse a las unidades de dolor existentes en muchos hospitales, donde una variedad de procedimientos terapéuticos pueden permitir una mejora en la calidad de vida.

Los tratamientos contra el dolor pueden ser farmacológicos, con el empleo de analgésicos, o no farmacológicos, entre los que se pueden citar la cirugía, la aplicación de calor, la estimulación eléctrica, la acupuntura o los tratamientos psicológicos.

Los tratamientos farmacológicos son aquellos en los que se emplean analgésicos, que pueden ser de diferentes tipos. Los más potentes son los analgésicos opiáceos, morfina y derivados como codeína y meperidina, que, si bien presentan algunos efectos secundarios, provocan un miedo exagerado por el riesgo de adicción. Numerosos estudios han demostrado que este riesgo es muy bajo, y que lo que sucede con los pacientes tratados con fármacos opiáceos es que pueden desarrollar tolerancia, lo que significa que necesitan tomar dosis mayores para conseguir el mismo efecto. Pero este fenómeno, que no comporta consecuencias posteriores al tratamiento, no tiene nada que ver con la adicción, que es un estado psicológico alterado.

Entre los tratamientos no farmacólogicos hay procedimientos sencillos, no por eso menos eficaces, como el reposo o la aplicación de calor. Pero si estos métodos no consiguen mitigar suficientemente el dolor, existen otras posibilidades. Entre ellas está la estimulación eléctrica transcutánea que consiste en aplicar pulsos breves de electricidad en las terminaciones nerviosas del área afectada. Dado que la sensación de dolor se transmite al cerebro mediante señales eléctricas, con este procedimiento se consigue saturar los nervios e impedir que la señal de dolor llegue al cerebro. Una variante más sofisticada de esta técnica consiste en implantar por cirugía unos electrodos en el cerebro o en la médula espinal que el propio paciente puede activar cuando necesita aliviar el dolor.

La acupuntura es otra técnica de control del dolor que, aunque en China se practica desde hace mas de dos mil años, en el mundo occidental siempre se ha observado con escepticismo. Consiste en insertar agujas muy finas en determinados puntos bajo de la piel, y aunque su mecanismo de acción todavía no está bien establecido se cree que activa la liberación de las endorfinas, unos compuestos de nuestro organismo que tienen propiedades analgésicas. Un reciente estudio en la Universidad de New Jersey ha demostrado, con una técnica que permite ver la actividad de ciertas zonas del cerebro, que tras una sesión de acupuntura las áreas del cerebro específicas del dolor presentan una actividad menor.

La extirpación de los nervios que transmiten la señal de dolor del área afectada es un método muy drástico que suele implicar la pérdida de sensibilidad y de actividad motriz de ese área, ya que es prácticamente imposible no afectar al resto de fibras nerviosas.

Los tratamientos psicológicos abarcan desde el psicoanálisis a otras formas de psicoterapia como la biorretroacción, la hipnosis o las técnicas de relajación o de distracción. Con estas técnicas se pretende que el paciente pueda llegar a conseguir un cierto control sobre su dolor. Muchos expertos opinan que en el tratamiento del dolor crónico debería intervenir siempre un psicólogo, porque un enfoque multidisciplinario puede ayudar a mejorar la actitud del paciente. - Gemma López es licenciada en bioquímica

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