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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La memoria en un puñado de moléculas
Biomedia (Londres).
Los tres investigadores que han compartido el premio Nobel de Medicina de este año (Arvid Carlsson, Paul Greengard y Eric
Kandel) tienen muy poco en común más allá del hecho de que trabajan en el
sistema nervioso. Carlsson ha estado interesado desde hace más de 40 años en el
Parkinson, la dopamina y las posibles formas de tratarlo. Greengard, por su
parte, ha centrado su investigación en estudiar cómo es que las diferentes
proteínas que participan en la comunicación neuronal son reguladas
bioquímicamente. Por último, la pregunta que Kandel ha intentado responder es
en apariencia muy simple: cómo funciona la memoria. Y es precisamente la figura
de este investigador y esta pregunta lo que voy a tratar aquí por dos razones
principales. En primer lugar, los estudios de Kandel no sólo nos han acercado a
entender nuestra capacidad de recordar sino que nos han mostrado una forma
novedosa de estudiar el sistema nervioso. En segundo, el trato personal que
mantuve con él durante los seis años que trabajé en su laboratorio me permiten
poner sus méritos científicos en una perspectiva un poco más amplia que quizá
nos permita entender por qué se ha hecho acreedor del premio Nobel. Eric Kandel es psiquiatra. Sin embargo, su interés primario
desde que era estudiante de medicina se centraba en el estudio del sistema
nervioso y, más precisamente, de las funciones mentales. Hace más de 30 años,
cuando empezaba a plantearse la forma de abordar científicamente aquel
problema, Kandel llegó a la conclusión de que debería ser posible estudiar las
funciones mentales no como un concepto esotérico, sino como un producto de la
actividad cerebral. En otras palabras, su intuición le dijo que debía ser
posible estudiar cada una de nuestras funciones mentales desde el punto de
vista biológico y con todo el rigor de las ciencias experimentales. Esta
visión, que es aún puesta en duda por algunos investigadores, era en aquel entonces completamente novedosa y muy
aventurada. Sin embargo, Kandel tuvo el valor de intentarlo y consagrar su vida
a ella. Su razonamiento fue que no todas las funciones mentales eran
igualmente susceptibles de un análisis experimental, sino que unas eran más
abordables que otras. Kandel calculó que la memoria era quizá la más accesible
y que existía la posibilidad de poder entenderla durante el tiempo que le
tocara vivir. De esta forma, Kandel se dio a la tarea de encontrar un sistema
experimental mucho más simple que el cerebro humano pero que también fuese
capaz de recordar. Así fue como se embarcó en el estudio de la liebre
de mar o babosa de mar (Aplysia), un
organismo con un sistema nervioso muy simple, en el cual era posible
identificar células nerviosas individuales y observar los cambios que éstas
sufrían mientras el animal utilizaba su memoria. A partir de ese momento, el
análisis de Kandel y sus colegas ha profundizado cada vez más en el estudio de
las formas más simples de memoria y ha avanzado del estudio de células
individuales al de un simple puñado de moléculas*.
Y es a estas moléculas a las que Kandel ha reducido la búsqueda de nuestra
capacidad de recordar. ¿Es legítimo argumentar que la memoria puede reducirse a
unas cuantas células y a un grupo de moléculas? ¿Es la liebre de mar un sistema
aceptable para responder a una pregunta tan profunda como la naturaleza de la
memoria? Hay quienes piensan que no. Hay científicos que sostienen que las conclusiones a las que Kandel ha
llegado son inaceptables. Sin embargo, ésa no es la cuestión. Al margen de que
sus conclusiones resulten incorrectas a largo plazo, lo importante de la
aproximación que Kandel ha utilizado para estudiar al sistema nervioso es que durante los últimos 30 años ha influido en
la manera de pensar de la inmensa mayoría de los científicos interesados en el
cerebro. Su originalidad ha sido fuente de inspiración para muchos
investigadores y es indudable que ha creado una escuela de pensamiento que perdurará por varias generaciones. Ése será
su legado y es mucho más que suficiente para hacerlo merecedor de este premio
Nobel. ¿Qué clase de persona es Eric Kandel? No es necesario
señalar que se trata de un individuo brillante, carismático y sumamente tenaz.
Su interés ha sido siempre la memoria y nunca se ha desviado un ápice de su
estudio. No obstante, quizá la siguiente anécdota sea más ilustrativa de su
forma de ser que cualquier cosa que yo pueda decir al respecto. En una ocasión,
volvíamos de un curso de Long Island a Nueva York y Kandel tuvo el detalle de
llevarme a la estación de trenes, desde donde yo debía coger uno que me
llevase hasta mi casa. Al llegar a la estación me preguntó: "¿Y cada día
vas y vienes en tren? ¡Debes ser muy organizado para estar aquí cada mañana a
la hora correcta! Cuando yo era joven también tenía que coger el tren pero
siempre llegaba tarde y tenía que esperar una hora a que llegase el siguiente.
Pero claro, sólo teníamos un coche y era mi esposa quien lo usaba. Lo malo era
que por más que lo intentaba yo no podía llegar nunca a tiempo. Por eso,
después de unas cuantas veces decidí que, en lugar de disciplinarme,
conseguiría un trabajo que me permitiera comprarme otro coche".
Indudablemente, esa mentalidad ha recibido el reconocimiento
que merece. Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la
Universidad de Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres. * Glosario de Biomedia |
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