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La memoria en un puñado de moléculas

Juan Carlos López García Opinión
18/10/00

Biomedia (Londres). Los tres investigadores que han compartido el premio Nobel de Medicina de este año (Arvid Carlsson, Paul Greengard y Eric Kandel) tienen muy poco en común más allá del hecho de que trabajan en el sistema nervioso. Carlsson ha estado interesado desde hace más de
40 años en el Parkinson, la dopamina y las posibles formas de tratarlo. Greengard, por su parte, ha centrado su investigación en estudiar cómo es que las diferentes proteínas que participan en la comunicación neuronal son reguladas bioquímicamente. Por último, la pregunta que Kandel ha intentado responder es en apariencia muy simple: cómo funciona la memoria. Y es precisamente la figura de este investigador y esta pregunta lo que voy a tratar aquí por dos razones principales. En primer lugar, los estudios de Kandel no sólo nos han acercado a entender nuestra capacidad de recordar sino que nos han mostrado una forma novedosa de estudiar el sistema nervioso. En segundo, el trato personal que mantuve con él durante los seis años que trabajé en su laboratorio me permiten poner sus méritos científicos en una perspectiva un poco más amplia que quizá nos permita entender por qué se ha hecho acreedor del premio Nobel.

Eric Kandel es psiquiatra. Sin embargo, su interés primario desde que era estudiante de medicina se centraba en el estudio del sistema nervioso y, más precisamente, de las funciones mentales. Hace más de 30 años, cuando empezaba a plantearse la forma de abordar científicamente aquel problema, Kandel llegó a la conclusión de que debería ser posible estudiar las funciones mentales no como un concepto esotérico, sino como un producto de la actividad cerebral. En otras palabras, su intuición le dijo que debía ser posible estudiar cada una de nuestras funciones mentales desde el punto de vista biológico y con todo el rigor de las ciencias experimentales. Esta visión, que es aún puesta en duda por algunos investigadores, era en aquel entonces completamente novedosa y muy aventurada. Sin embargo, Kandel tuvo el valor de intentarlo y consagrar su vida a ella.

Su razonamiento fue que no todas las funciones mentales eran igualmente susceptibles de un análisis experimental, sino que unas eran más abordables que otras. Kandel calculó que la memoria era quizá la más accesible y que existía la posibilidad de poder entenderla durante el tiempo que le tocara vivir. De esta forma, Kandel se dio a la tarea de encontrar un sistema experimental mucho más simple que el cerebro humano pero que también fuese capaz de recordar. Así fue como se embarcó en el estudio de la liebre de mar o babosa de mar (Aplysia), un organismo con un sistema nervioso muy simple, en el cual era posible identificar células nerviosas individuales y observar los cambios que éstas sufrían mientras el animal utilizaba su memoria. A partir de ese momento, el análisis de Kandel y sus colegas ha profundizado cada vez más en el estudio de las formas más simples de memoria y ha avanzado del estudio de células individuales al de un simple puñado de moléculas*. Y es a estas moléculas a las que Kandel ha reducido la búsqueda de nuestra capacidad de recordar.

¿Es legítimo argumentar que la memoria puede reducirse a unas cuantas células y a un grupo de moléculas? ¿Es la liebre de mar un sistema aceptable para responder a una pregunta tan profunda como la naturaleza de la memoria? Hay quienes piensan que no. Hay científicos que sostienen que las conclusiones a las que Kandel ha llegado son inaceptables. Sin embargo, ésa no es la cuestión. Al margen de que sus conclusiones resulten incorrectas a largo plazo, lo importante de la aproximación que Kandel ha utilizado para estudiar al sistema nervioso es que durante los últimos 30 años ha influido en la manera de pensar de la inmensa mayoría de los científicos interesados en el cerebro. Su originalidad ha sido fuente de inspiración para muchos investigadores y es indudable que ha creado una escuela de pensamiento que perdurará por varias generaciones. Ése será su legado y es mucho más que suficiente para hacerlo merecedor de este premio Nobel.

¿Qué clase de persona es Eric Kandel? No es necesario señalar que se trata de un individuo brillante, carismático y sumamente tenaz. Su interés ha sido siempre la memoria y nunca se ha desviado un ápice de su estudio. No obstante, quizá la siguiente anécdota sea más ilustrativa de su forma de ser que cualquier cosa que yo pueda decir al respecto. En una ocasión, volvíamos de un curso de Long Island a Nueva York y Kandel tuvo el detalle de llevarme a la estación de trenes, desde donde yo debía coger uno que me llevase hasta mi casa. Al llegar a la estación me preguntó: "¿Y cada día vas y vienes en tren? ¡Debes ser muy organizado para estar aquí cada mañana a la hora correcta! Cuando yo era joven también tenía que coger el tren pero siempre llegaba tarde y tenía que esperar una hora a que llegase el siguiente. Pero claro, sólo teníamos un coche y era mi esposa quien lo usaba. Lo malo era que por más que lo intentaba yo no podía llegar nunca a tiempo. Por eso, después de unas cuantas veces decidí que, en lugar de disciplinarme, conseguiría un trabajo que me permitiera comprarme otro coche".
Indudablemente, esa mentalidad ha recibido el reconocimiento que merece.

Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres.

* Glosario de Biomedia

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