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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La clonación terapéutica
Biomedia (Barcelona). Después del revuelo provocado por la clonación de
ovejas, terneros y monos, y por la proliferación de noticias que insinuaban un
mundo poblado por castas de seres clónicos, las aguas han vuelto, por fin, a su
cauce. En la
actualidad se sabe que la clonación reproductiva no pretende otra cosa que
copiar animales transgénicos, de los que pueden derivarse importantes avances
en el tratamiento de numerosas enfermedades, y que la clonación no pone en
peligro la diversidad biológica, ni puede utilizarse para salvar especies en
peligro de extinción. También se han desvanecido los fantasmas de la clonación
humana, una posibilidad anacrónica, antieconómica y sin ningún sentido. A esta
normalización ha contribuido, no poco, el desarrollo de las técnicas de
producción de células madre humanas, totipotentes, de origen embrionario,
capaces de diferenciarse para dar origen a cualquier tipo de tejido, en función
del ambiente en que se sitúen, y de células madre pluripotentes, derivadas de
fetos o de adultos, con menor plasticidad, pero también capaces de producir
diversos tipos de tejido. Las células
totipotentes (embrionarias), pluripotentes (tisulares) y las células madre de
tejidos renovables, como el epitelio germinal que produce espermatozoides o las
células hematopoyéticas reciben el nombre de stem cells*. Stem, en inglés, significa algo de lo
que nace todo (como el tallo de una planta, o de un racimo), o algo que
progresa frente a cualquier obstáculo. Por desgracia, y quizá por homofonía,
algunos medios han usado, en castellano, la denominación de células
estaminales. Estaminal se refiere a los estambres, que son órganos
reproductores de ciertas plantas. Esperemos que el error no persista. Las
posibilidades que abre el cultivo de células totipotentes o pluripotentes
obtenidas de embriones o de tejidos humanos son muy esperanzadoras, y quizá
representen el mayor avance de la medicina en un futuro próximo, ya que
permitirán obtener células inmunocompatibles para cualquier tipo de trasplante
de tejidos, de obvia utilidad en procesos tan graves y variados como la
diabetes, la enfermedad de Parkinson o los infartos de miocardio. Por supuesto,
la aplicación práctica de estas tecnologías precisa de tiempo. En la
actualidad, a los dos años de la primera clonación de células embrionarias
humanas, los avances son aún más teóricos que prácticos. Por otra
parte, el desarrollo de estas técnicas plantea algunos problemas éticos, no
excesivamente graves si se analizan con objetividad y sin prejuicios emotivos.
El primero de ellos es la necesidad de disponer de embriones humanos, ya que
las células totipotentes se derivan de su masa celular interna en la fase de
blastocisto (aproximadamente a los 5-7 días de desarrollo). Aunque, en
principio, el uso de embriones implica su destrucción, existen argumentos de
peso a favor de su empleo. En primer lugar, pueden utilizarse embriones
producidos in vitro* y abandonados en los centros de reproducción
asistida; estos embriones, al no formar parte de ningún proyecto reproductivo,
carecen de posibilidades de desarrollo. Por otra
parte, teniendo en cuenta que un embrión preimplantacional no es una persona,
según indican los datos biológicos y establece la jurisprudencia, y partiendo
del principio de solidaridad, podría aceptarse la creación de embriones con la
finalidad de producir células madre. En último término, con una célula madre y
un óvulo desprovisto de núcleo sería posible crear de nuevo al embrión que fue
destruido para obtener la línea de células madre, siempre que haya quien lo
incluya en su proyecto reproductivo. Pero las
soluciones no terminan aquí. Utilizando biopsias embrionarias, como es
costumbre proceder para el diagnóstico genético preimplantacional, existe la
posibilidad de crear líneas de células madre sin impedir por ello que el
embrión se desarrolle y nazca. Se obtendrían así líneas “personalizadas” de
células madre que serían propiedad de cada persona. Finalmente,
es obvio que con el tiempo las células madre totipotentes podrán derivarse de
células tisulares pluripotentes, lo que convertirá en obsoletas las discusiones
éticas. No parece
probable que las células madre faciliten las estrategias de terapia génica de
enfermedades que se manifiestan al nacer, pero sin duda estas células
facilitarán el desarrollo de métodos para el tratamiento de enfermedades
sobrevenidas o de aparición tardía. Josep Egozcue es catedrático de biología celular de
la Universitat Autònoma de Barcelona * Glosario de Biomedia |
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