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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Diversidad del cromosoma Y: tras los pasos de Adán
Biomedia (Barcelona). Durante
los últimos años el análisis de la diversidad genética en la especie humana ha
sido utilizado no sólo para la comprensión de los mecanismos evolutivos que han
modulado nuestro genoma, sino que también nos ha ayudado a reconstruir nuestra
historia. Los datos genéticos se han unido a los datos aportados por otros
campos como la paleontología, la arqueología o la lingüística para esclarecer nuestro
pasado como especie. Todas estas disciplinas utilizan sus propios métodos,
herramientas y terminología, y entre ellas hay ciertos puntos de consenso y
desacuerdo. De todos modos, hay un amplio consenso entre estas disciplinas en
cuanto al lugar y la fecha del origen de la humanidad: nuestra especie surgió
en el continente africano hace aproximadamente 150000 años. Sin embargo, dos
trabajos sobre análisis de secuencias del DNA del cromosoma Y, publicados
recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences USA,
sugieren que el antecesor común de los linajes paternos puede tener un origen
mucho más reciente que lo sugerido por otros marcadores genéticos. Una de las primeras herramientas de la
genética de poblaciones que permitió situar el origen de la humanidad en África
alrededor de los 150000 años es el DNA mitocondrial*
(mtDNA). El mtDNA es una pequeña molécula de DNA circular contenida en las
mitocondrias*, que son unos orgánulos
citoplasmáticos cuya función es básicamente la de aportar energía a la célula.
Una de las propiedades que ha conferido a esta molécula un papel fundamental en
el estudio de la genética de poblaciones es que se hereda exclusivamente por
vía materna. Así pues, nuestro mtDNA proviene de nuestra madre que a su vez lo
heredó de su madre y así sucesivamente. De este modo el mtDNA nos permite
retroceder en el tiempo y seguir los linajes maternos hacia el pasado. Durante
la última década el estudio de la diversidad del mtDNA en poblaciones humanas
de todo el planeta nos ha permitido situar al antecesor común a todos ellos en
África hace unos 150000 años. Esta es la hipótesis de la “Eva africana”,
controvertido nombre que simplemente quiere mostrar que el antecesor común de
todos los linajes humanos femeninos tuvo su origen en el continente africano.
Otros marcadores genéticos, como los microsatélites o STR (Short Tandem Repeats) e inserciones Alu específicas humanas, concuerdan con los datos aportados con el
mtDNA y también sitúan el origen de la humanidad en África hace unos 150000
años. Pero, ¿qué sucede con Adán?, ¿era
también africano?, ¿vivió también hace unos 150000 años? Para intentar dar una
respuesta a estas cuestiones, la genética de poblaciones humanas ha tenido que
utilizar otra herramienta distinta, una herramienta que permitiera retroceder
en el tiempo siguiendo exclusivamente la línea paterna. El cromosoma* Y cumple esta propiedad: se hereda
exclusivamente de padres a hijos y la falta de recombinación (intercambio de
genes) con otros cromosomas permite seguir los linajes paternos hacia el
pasado. Sin embargo, la utilización del cromosoma Y en el intento de
reconstruir nuestra historia ha tardado más en consolidarse que el uso de su
equivalente materno, el mtDNA, debido a que en un principio el análisis del
cromosoma Y mostró que éste era muy poco polimórfico. No obstante, en los
últimos años se han descrito multitud de polimorfismos nuevos en este cromosoma
que han permitido que su análisis sea una herramienta muy potente y con grandes
perspectivas en el estudio del origen de las poblaciones humanas. Previos estudios del cromosoma Y en
poblaciones humanas corroboraban el origen africano de los linajes maternos y
lo situaban alrededor de los 150000 años en concordancia con los datos
obtenidos utilizando otros marcadores genéticos. Sin embargo, estos dos nuevos
trabajos aparecidos recientemente presentan una novedad: el origen de los
linajes paternos podría haber sido más reciente. Ambos trabajos se basan en el
análisis de secuencias de DNA de cuatro genes (SMCY, DBY, DFFRY y UTY1) del
cromosoma Y. Ambos trabajos sitúan el origen de los linajes paternos en África,
en concordancia con otros marcadores genéticos, pero la fecha sugerida es
bastante más reciente, hace unos 50000 años aproximadamente. Una reflexión y comentario sobre ambos
artículos aparece en el mismo número de la revista. En él se plantean las
implicaciones que tienen ambos trabajos (y en general todos los estudios
basados en el campo de la genética) en otras disciplinas. Inferir la historia
de las poblaciones a partir de lo que observamos en las moléculas no es una
tarea sencilla ni directa. Además de los procesos demográficos e históricos
tenemos que tener en cuenta la dinámica de las regiones del genoma que
estudiamos. Cada fracción del genoma puede estar afectada por diferentes
procesos evolutivos como la selección* o
la mutación*, y la comparación directa de
estas regiones o estos marcadores genéticos* puede conducirnos a
conclusiones discordantes. Otro punto a tener en cuenta es el uso de modelos
matemáticos complejos para entender lo que le ha sucedido a nuestro genoma
durante nuestra historia evolutiva. Estos modelos matemáticos cada vez son más
sofisticados y muchos científicos aún no se sienten cómodos utilizándolos.
Además, a pesar de la complejidad de los modelos, éstos aún necesitan de
algunas suposiciones y simplificaciones, y la historia demográfica de la
humanidad parece ser más compleja de lo que asumen estos modelos. Finalmente,
también hemos de tener en cuenta los datos que nos proporcionan otras
disciplinas como la paleontología o la arqueología y ver como concuerdan estos
datos con los datos obtenidos a través de las moléculas. La historia de la humanidad es única y,
por lo tanto, los datos obtenidos por la genética y los obtenidos por otras
disciplinas tienen que concordar y mostrarnos nuestro origen. Las pequeñas
discrepancias que observamos son simplemente diferentes interpretaciones del
mismo hecho. Todas estas disciplinas concuerdan en un origen africano de la
humanidad hace unos 100000 años y fechas más recientes que ésta, como la que
sugieren estos dos trabajos sobre el cromosoma Y, pueden ser explicados por la
acción de otros procesos como podrían ser los procesos culturales. David Comas es doctor en biología y profesor de ciencias
experimentales y de la salud de la Universidad
Pompeu Fabra (Barcelona). * Glosario de Biomedia |
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