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Biomedia (Barcelona). Con el título de “A caballo del 2000” (”A cavall del 2000”), el Instituto de Estudios Catalanes, junto con la Fundación Caixa de Sabadell i la Obra Social de la caja de ahorros Sa nostra, ha organizado un ciclo de conferencias dedicadas a los cuatro jinetes del Apocalipsis: el hambre, la peste, la guerra y la muerte. Las dos agrupadas en la segunda parte, “La peste”, han sido pronunciadas por dos científicos dedicados a la investigación. La primera: ¿Podemos volver a ignorar las enfermedades crónicas en el siglo XXI?, por Rafael Bengoa, de la OMS (Suiza); la segunda, “La peste: comprender”, por Luc Montagnier, de la World Foundation AIDS Research and Prevention, Francia, y premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de este año (más información). - Cristina Junyent


Comprender la peste

Por Luc Montagnier 01/11/00

Hoy día solamente conocemos una decena parte de los virus que hay en nuestro planeta. Los contactos frecuentes entre humanos y animales pueden favorecer la transferencia de determinados virus como Ébola, Lassa, Marburg, Hantaan y también del HIV. Y existe el riesgo de que nuevas epidemias de agentes infecciosos se propaguen por causa de la proliferación, alrededor de las ciudades, de zonas en las que viven marginados que no tienen acceso a los sistemas de atención primaria. Los viajes intercontinentales, las migraciones en aumento, no dejan a ningún país fuera de peligro, ya sean países en vías de desarrollo como países desarrollados. Virus que ya existían, pero que encuentran oportunidades para desarrollarse que antes no tenían, podrían desencadenar por cualquier lugar del planeta, epidemias con efectos trágicos. Éste es el caso del sida.

El resurgimiento de enfermedades conocidas como la tuberculosis, con gérmenes multirresistentes a antibióticos, y también infecciones crónicas atribuidas a una combinación de factores (polución química y agentes infecciosos, por ejemplo) representan un gran peligro para el futuro. Pero son igualmente peligrosas las epidemias extremamente contagiosas de virus transmitidos por vías respiratorias, como el de la gripe. No siempre se ha explicado el origen de la gripe de 1918, llamada gripe española, que mató a muchas más personas que la guerra mundial de 1914 a 1918. Los análisis que se han podido realizar de virus extraídos de cadáveres no muestran, de momento, diferencias esenciales entre estos virus y los que existen actualmente. Y no se dispondrá de los medios para impedir que se reproduzca una epidemia así, si no se conocen los factores que se han visto implicados. No obstante, en mi opinión, los virus más peligrosos se encuentran en nuestro organismo: los retrovirus, agazapados en nuestras células y en nuestros cromosomas. Invisibles, estos retrovirus acompañan a nuestra especie desde hace miles de años y, si se activaran, podrían provocar infecciones, tumores, enfermedades.

El sida es una epidemia que azota a la humanidad. Anteriormente había habido otras epidemias causadas por microorganismos cuyo nicho ecológico sufrió un desequilibrio. Sucedió, por ejemplo, cuando aparecieron los animales domésticos, con los cambios por desplazamientos geográficos y con los cambios sociales derivados de la sociedad industrial.

Una de las grandes plagas entre los humanos en el siglo XVI fue la sífilis, traída por los marineros desde América, aunque seguramente un microorganismo similar ya existía en Europa. Los cambios en las actividades humanas favorecen la aparición de nuevos nichos para parásitos oportunistas.

En el siglo XIX, sobre todo por la intervención de Louis Pasteur y Robert Koch, se identificaron los gérmenes de las enfermedades infecciosas. A lo largo del siglo XX, los grandes adelantos de la medicina de las enfermedades infecciosas (como la viruela o la tuberculosis) han estado relacionados con las vacunas y los antibióticos. Gracias a ellos (y al adelanto de la medicina del último siglo), si en 1900 se creía que un virus equivalía a una enfermedad, en el año 2000, sabemos que un virus se asocia a otros factores y, la interacción equivale a una enfermedad. Hemos aprendido que las enfermedades infecciosas suelen ser crónicas, más complejas; entre otras razones, porque también la esperanza de vida ha subido mucho y aparecen enfermedades que antes no se veían frecuentemente.

El estudio del virus del sida ha proporcionado información de muchas disciplinas, nos ha hecho ampliar el conocimiento de la evolución, de la inmunología, de la enzimología. Y también de la estructuración de los grupos sociales.

Empecemos por el principio. El sida está causado por un virus, el HIV, virus de la inmunodeficiencia humana. Entre las familias de virus que conocemos, la más común es la familia del Herpes. A ella pertenecen Herpes simplex, que es el virus de las vesículas herpéticas de los labios; herpes II, herpes genital; herpes III, citomegalovirus; herpes IV, el herpes de la varicela; herpes V, virus de Epstein-Barr que se asocia al linfoma de Burkitt y a otras lesiones en pacientes inumunodeprimidos; los herpes VI y VII, que son poco latentes y infectivos; y herpes VIII, virus del sarcoma de Kaposi, poco patogénico, como los anteriores, pero, como ellos puede interfierir en el sistema inmunitario del paciente, en situaciones de enfermedades relacionadas con el sistema inmunitario, como cánceres o en trasplantados.

La segunda familia, es la de los retrovirus*. Son los virus que duermen latentes en el contenido genético de una célula en forma de RNA*. Por ser virus de RNA, para multiplicarse necesitan un enzima* especial, la transcriptasa inversa, que transcribe la información a DNA*, es decir, invierte el flujo de la transcripción*. El estudio de estos virus ha conducido a que comprendamos de otra manera la evolución, porque el haber encontrado retrovirus endógenos nos informa de otra manera sobre la transmisión de enfermedades infecciosas.

En nuestro genoma* hace millones de años que acumulamos retrovirus, son los retrovirus endógenos. La mayor parte de ellos no son infectivos, están controlados por nuestro sistema inmune*; pero, cuando éste falla, pueden activarse por envejecimiento, enfermedades como la leucemia, la diabetes, la esclerosis en placas o algún cáncer. Se cree que la presencia de retrovirus en nuestro genoma puede ser útil a la especie en términos evolutivos, puede ser que los retrovirus sean el mecanismo con que la evolución garantiza que desaparezcan los animales viejos para que sean reemplazados por los jóvenes. Es decir, que algunos virus se aprovecharían de la inmunodepresión de los viejos; pero, como contrapunto optimista, envejecemos más tarde.

También existen retrovirus exógenos, grupo al que pertenece el virus del sida. Este virus no existe en nuestro patrimonio genético, ha de ser transmitido para padecer la enfermedad. Entre los animales se han encontrado otros virus análogos, como el de la anemia infecciosa del caballo, el virus de la artritis-encefalitis de la cabra, y, entre los más parecidos, se encuentran los virus que provocan inmunodeficiencia en los simios (SIV), aunque no suelen provocarles episodios tan agudos ni tan graves como los virus de la inmunodeficiencia en humanos (HIV). Todos estos virus deprimen el sistema inmunitario. Por ejemplo, en presencia del virus del sida la toxoplasmosis sigue un curso mucho más grave, se pierde el control de la infección.

En la investigación sobre sida, las preguntas que deben contestar son: ¿cuál es el origen de este virus?, ¿cómo causa la enfermedad?, ¿por qué en diferentes personas la enfermedad evoluciona de diferente manera?, ¿se curará?

A la pregunta ¿cuál es el origen del virus del sida?, por el parecido de HIV1 al virus de inmunodeficiencia de los simios, se ha creído que ha podido pasar a la especie humana por mordeduras de simios infectados con SIV, hecho que debió haber sucedido antes de que se desatara la epidemia mundial. Pero, en cualquier caso, la gravedad de los virus es muy diferente: los chimpancés no enferman por el SIV. Según este dato, podríamos pensar que, dentro de cien años, cuando la población humana lleve mucho tiempo en contacto con un virus epidémico, el HIV pueda ocasionar un patrón atenuado de la enfermedad.

Por otra parte, entre los diversos tipos de HIV que se aislan se encuentran recombinantes, dato que también contradice este supuesto. Se han encontrado muchas formas del HIV, mutaciones, que se deben a que la acción de la transcriptasa inversa de vez en cuando no es precisa: cada mil moléculas de RNA, una es algo diferente, mutante.

De estos datos cabe distinguir entre el origen del virus y el origen de la epidemia: el virus seguramente pasó a la especie humana mucho antes de que se desatara la epidemia. Para que se desencadene una epidemia, es preciso que exista una masa crítica. Entonces, ¿cómo se desencadenó la epidemia? La mayor parte de las epidemias se han desencadenado por cambios en la población. Los factores han sido distintos en los distintos continentes. En occidente, la epidemia de sida se ha desatado por cambios en el comportamiento sexual (especialmente el homosexual) y por cambios de consumo de drogas, concretamente de las intravenosas. En efecto, en este siglo ha habido un reconocimiento de las minorías homosexuales y una abertura en el comportamiento, que han favorecido la infección, que se ha diseminado y ha terminado en epidemia.

En África, en Latinoamérica, en el Sudeste de Asia, o en China, la epidemia no se ha desatado por las mismas razones, sino por un cambio en la estructura social; la importación del modelo de vida occidental ha llevado a desplazamientos de hombres que cobran salarios en dinero para trabajar en centros suburbanos en los que ha proliferado la prostitución. También se ha tratado de explicar la epidemia por otros factores biológicos asociados a cambios que favorecen la transmisión, como la inmunodepresión asociada a la presencia de pesticidas en el ambiente.

Dado que el HIV2 es similar al SIV, algunos científicos americanos supusieron que su origen en los humanos podría estar relacionado con pruebas que se realizaron para experimentar con una vacuna contra la poliomielitis. Pero esta explicación la creo poco probable.

¿Cómo el VIH causa la enfermedad? El virus puede infectar asociado a otras infecciones; puede penetrar, por ejemplo, a través de úlceras genitales, que aumentan el riesgo de contraer nuevas infecciones. Los virus del sida necesitan leucocitos*, esto hace que cualquier inflamación, más si no está la barrera de la piel (como en las úlceras), pueda ser una puerta de entrada que se retroalimenta: cuanta más inflamación o infección, mayor el número de leucocitos, es decir, mayor número de células por infectar. Es así, como la infección primaria produce la primera parálisis del sistema inmune.

En humanos se ha visto que los virus se multiplican en los ganglios linfáticos*, que con la infección reaccionan y se cargan de linfocitos; los ganglios terminan en fase de destrucción. Pero, las células que mueren en gran cantidad, sorprendentemente, no son las células infectadas, sino células no infectadas que mueren por apoptosis* (por suicidio celular, por una muerte activa y no por necrosis), siguiendo un programa genético inducido. El fenómeno de apoptosis es un programa necesario en las células porque algunas han de desaparecer, como las de en medio de los dedos durante el desarrollo embrionaro, para que estos se individualicen. En presencia de HIV, en los ganglios se destruyen por apoptosis células linfáticas en tasas gigantinas. Pero una vez destruido el ganglio, la infección permanece; esto significa que el virus puede replicarse en otros tejidos.

El cáncer se relaciona con una activación del sistema inmunitario, de la investigación sobre sida podremos aprender a detectar mecanismos moleculares que nos avisen de la activación de un cáncer.

¿Por qué la enfermedad en diferentes personas evoluciona de diferente manera? ¿Por qué hay personas que resisten y otras que ni siquiera se infectan? ¿Existe una protección adquirida? Se ha visto que la mutación de un receptor en algunos linfocitos, los hace resistentes al virus del sida, y esta mutación está presente en un 1% de la población caucásica (blanca), sobre todo en el norte de Europa. Este dato hace pensar que, en un tiempo anterior, hubiera podido haber una epidemia natural, o que otras enfermermedades hayan podido favorecer esta inmunidad.

En los últimos cinco años, la mortalidad por sida ha bajado mucho, entre otras cosas porque se han encontrado fármacos inhibidores de la transcriptasa inversa y de la proteasa (este hecho, junto al descenso notable del número de virus en los afectados, es un éxito de las empresas farmacéuticas). Pero, a pesar de ello, el virus del sida no se llega a eliminar, se mantiene en algún otro reservorio*, y no pasivo, ciertamente; se sigue multiplicando en tejidos difícilmente accesibles al tratamiento. Se cree que se puede mantener en el cerebro, en los testículos, en las paredes de los capilares. La infección se para, no desaparece.

¿Se curará el sida? Los medicamentos de la triterapia son muy caros, los países en vías de desarrollo, los que más los necesitan, no los tienen. Es necesario que se desarrolle otro empuje al tratamiento global del sida. En estos momentos, los que se promueve es una vacuna que, en una primera fase sea curativa, y en una segunda, preventiva; especialmente para los países en vías de desarrollo. Desde organizaciones internacionales como la OMS o la UNESCO se promueve tanto la educación como el tratamiento y la medicación del sida.

Por tanto, frente a la posibilidad del sida como peste del siglo que empieza, podemos describir dos escenarios. El escenario optimista muestra que la vida humana se hará más larga y que el nivel de vida será de calidad; que se eliminarán las enfermedades crónicas, aún las multifactoriales; y, en la dimensión social, se alcanzará una mejor integración en todos los niveles de la sociedad, que será más interactiva y el progreso será accesible a todos. En contraste, el escenario apocalíptico, el peor, presentaría caos sociales, explosiones de epidemias, locuras infecciosas (ya conocemos un virus que provoca enfermedad mental). Pero es de esperar que no lleguemos a este punto.

Luc Montagnier dirige la Fondation Mondiale per la Recherche et la Prevention du Sida, que dispone del Centre Integré de Recherche Bioclinique d’Abidjan (CIRBA) para investigar el sida en África.

Cristina Junyent es doctora en biología.

* Glosario de Biomedia

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Más información en la red:
ONUSIDA: http://www.unaids.org/
Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int
UNESCO: http://www.unesco.org

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