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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones El estudio de imágenes hipnagógicas muestra una nueva relación entre la memoria y el sueño
Biomedia (Londres). En un número anterior de Biomedia ya hemos
señalado que la función del sueño es un enigma, pero que una de las hipótesis
más aceptadas sobre su papel es su posible participación en la consolidación de
la memoria. Como comentamos aquí, por ejemplo, se ha observado que la actividad
que ocurre en varias regiones cerebrales durante el aprendizaje se repite
espontáneamente mientras los sujetos duermen. A pesar de estos avances, la
mayoría de los estudios realizados en este campo se ha centrado en explorar
únicamente lo que ocurre durante el llamado sueño de movimientos oculares
rápidos o REM (la etapa del sueño asociada a la ocurrencia de ensoñaciones), a
pesar de que existen otros estadios cuyo papel en la consolidación de la
memoria también puede ser importante pero que hasta ahora han sido ignorados.
En el ejemplar de la revista Science
del 13 de octubre, Stickgold y sus colaboradores reportan los resultados de un
estudio en el que se han enfocado en la etapa inicial del sueño (cuando éste
apenas empieza a ser conciliado) para explorar si este período también guarda
alguna relación con el almacenamiento de los recuerdos (resumen
del artículo de Stickgold y colaboradores). Para atacar este problema, estos investigadores echaron mano de un
fenómeno conocido por la mayoría de nosotros, aunque probablemente no por su
nombre científico: la ocurrencia de imágenes hipnagógicas. Estas imágenes
aparecen comúnmente durante los momentos iniciales cuando tratamos de dormir.
En la mayoría de los casos se trata de visiones de los eventos del día, sobre
todo de aquellos que más tiempo han ocupado nuestra atención. Un ejemplo de
estas imágenes que puede resultar familiar para muchas personas ocurre cuando
pasamos un par de horas frente a un juego de vídeo. En estos casos, es muy
común tener visiones involuntarias (a veces indeseables) del juego mientras
tratamos de conciliar el sueño. De hecho, es tan fácil producir estas imágenes
que Stickgold y sus colaboradores estudiaron sus características en individuos
normales, así como en pacientes con amnesia; es decir, personas incapaces de
formar nuevos recuerdos. De esta forma, los autores pidieron a los diferentes
sujetos que practicaran varios días el popular juego Tetris para averiguar si,
por un lado, los pacientes con amnesia eran capaces de aprender a jugar y, por
otro, si experimentaban imágenes hipnagógicas relacionadas con el juego. Lo que Stickgold y sus colaboradores encontraron fue, en primer lugar,
que los pacientes eran incapaces de aprender a jugar Tetris. Esta observación
es sorprendente pues, a pesar de que los individuos sufrían amnesia, muchos
otros estudios han mostrado que este tipo de pacientes son capaces de aprender
tareas que requieren simplemente de su práctica continua. De hecho, una de las
divisiones más antiguas de los diferentes tipos de memoria distingue entre memoria
declarativa o explícita (la que guarda nuestra autobiografía y nuestro
conocimiento del mundo) y memoria de procedimiento o implícita (la que almacena
nuestros hábitos y habilidades y que no requiere de verbalización para
expresarse). De esta forma, la incapacidad de aprender a jugar Tetris es una
observación inesperada, pues este tipo de tareas es normalmente resistentes a
la amnesia. Al mismo tiempo, un segundo resultado sorprendente de este estudio es
que los pacientes tenían imágenes hipnagógicas en las que veían diferentes
elementos del Tetris muy similares a las de individuos normales, a pesar de
nunca haber aprendido a jugarlo y ni siquiera recordar que lo habían practicado
tan sólo unas horas antes. En otras palabras, los pacientes no recordaban haber
visto nunca el juego pero eran capaces de ver imágenes relacionadas con el
mismo. Esta observación nos recuerda estudios muy antiguos en los que pacientes
con amnesia aprendían a realizar diferentes tareas tan eficientemente como una
persona normal (por ejemplo, montar una bicicleta) pero que eran incapaces de
recordar que lo habían aprendido, por lo que cada día requerían de una nueva
explicación a pesar de que podían ejecutar la tarea como expertos sin ellos
saberlo. Los resultados de Stickgold y sus colegas nos dicen, por un lado, que
a pesar de no tener un recuerdo consciente del evento, la información se
mantuvo de alguna forma en la memoria desde donde puede ser evocada de manera
involuntaria. Por el otro, nos sugiere que la etapa inicial de conciliación del
sueño también ejerce un papel en el funcionamiento de nuestra memoria, aunque
aún no nos permite saber de qué manera. Dado que históricamente se ha
considerado que el principal problema de los pacientes con amnesia es la
incapacidad de formar nuevas memorias, el estudio de Strickhold nos permite
aventurar una explicación diferente: que al menos ciertas memorias se forman de
manera normal pero permanecen inaccesibles por lo que no pueden ser evocadas.
Si éste fuese el caso, este hallazgo tendría implicaciones muy profundas para
el tratamiento de estos pacientes pues nos invitaría a enfocarnos en la
búsqueda de procedimientos para hacer resurgir a la información y no para
tratar de inscribirla en el sistema nervioso, como hasta ahora ha sido el caso. Juan
Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y
editor de Macmillan Publishing Company, Londres. |
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