Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

Un papel para la divulgación científica en la enseñanza de ciencias

Juli Peretó 15/11/00
*nota

Biomedia (Valencia). Una vertiente de la enseñanza de ciencias de la vida y de la salud es la divulgación de la ciencia, y puede tener como destinatarios simultáneos muchos y diversos elementos del proceso educativo, como son alumnos y profesores de muy distintos niveles. La problemática en torno a la divulgación científica es un tema que hace años me preocupa, como profesor universitario de bioquímica; además, mi visión sobre esta cuestión se ha visto muy influida por los años que llevo dedicado a la gestión académica, primero como vicerrector de investigación y ahora como vicerrector de cultura en la Universidad de Valencia. Opino que la difusión del conocimiento científico debería tomar una importancia creciente entre las actividades de nuestras universidades. Dejadme reflexionar brevemente y en voz alta sobre algunos aspectos que me parecen relevantes en relación con este tema. Y, en particular, sobre el reto que la divulgación de la ciencia plantea al profesorado universitario.

La divulgación de la ciencia es una tarea compleja. En primer lugar, es necesario reconocer que la ciencia constituye un conjunto abstracto de conceptos la mayor parte de los cuales se encuentran muy alejados del sentido común. Empleando las palabras del biólogo Lewis Wolpert, la “naturaleza no natural” de la ciencia complica su difusión fuera de los círculos de los iniciados. Éste me parece un punto central de la problemática de una difusión general y amplia del conocimiento científico, que complica seriamente la tarea de “hacer comprender” que implica la divulgación científica. El conjunto de saberes organizados que constituyen la ciencia ha estado construido por una comunidad de expertos restringida que genera discursos cerrados, sólo comprensibles por los especialistas. Por esta razón, la generación de discursos que puedan romper fronteras y que llegan a ser del todo inteligibles para otros científicos de especialidades diferentes, para los ciudadanos con una formación cultural sólida o, aún más difícil, para la sociedad en general, requiere unas herramientas y unas estrategias específicas en comunicación científica.

Por otra parte, no podemos ni debemos olvidar que la investigación científica y tecnológica financiada con fondos públicos, con el dinero de todos los ciudadanos, ha de circular libremente. He aquí uno de los retos más notables de las sociedades contemporáneas: la lucha contra la privatización del conocimiento. Muy en especial en aquellos casos en que la investigación está sometida a leyes mercantilistas o, lo que puede ser peor, a secretismo militar. En estos momentos, al principio del siglo XXI, tenemos un ejemplo remarcable de estas tensiones, dentro del ámbito de las ciencias de la vida y de la salud, con la problemática en torno a la gestión de la información generada por la cartografía de todos los genes humanos, una tarea que se está realizando tanto por instituciones públicas como por empresas privadas.

En los países anglosajones hay, hace tiempo, una preocupación, incluso institucionalizada e incorporada a los ámbitos académicos más estrictos, por lo que se denomina public understanding of science. Esta “comprensión pública” se considera fundamental para que estratos sociales progresivamente más amplios puedan acceder a los fundamentos de los avances científicos y, eventualmente, puedan expresar opiniones sensatas basadas en hechos contrastados y no en especulaciones. “Comprender para decidir” debería ser un lema ineludible en las sociedades democráticas. Lamentablemente, el comportamiento de ciertos políticos y de grupos de presión frente a problemas sociales tan complejos como puede ser la comercialización de alimentos transgénicos, nos muestra palpablemente que la insensatez todavía domina muchas esferas influyentes de la sociedad y la opinión pública. Hoy, más que en otro momento histórico, ni aun en los inicios de la revolución industrial ni cuando se hundió la visión beatífica sobre la ciencia en agosto de 1945, se hace tan necesaria la tarea de una comunicación científica clara y honesta. Por eso, la formación específica en este campo se debería convertir, de una vez por todas, en materia académica de nuestras universidades, pero no solamente en los estudios de comunicación, como ya pasa en algunas facultadse, sino formando parte “normal” del currículum científico.

Por último, querría terminar en un tono autocrítico y constatar la necesidad de combatir con firmeza la visión que tienen muchos colegas científicos de que divulgar la ciencia es un tipo de prostitución indeseable. Tal vez algún día no muy lejano, los profesores de universidad reconoceremos entre nuestras obligaciones, no solamente la investigación y la docencia, sino también la difusión del conocimiento científico. Es necesario superar la disposición de los científicos de comunicarse solamente en el terreno estricto de una especialidad y fomentar, estimular institucionalmente, la comunicación con científicos de otras especialidades y con el resto de ciudadanos, dos niveles de divulgación delante de los cuales los científicos se encuentran, respectivamente, poco y nada interesados. Obviamente, ya a ninguno de nosotros nos preocupa si es conveniente además un flujo “inverso” de información, de los ciudadanos hacia la comunidad científica y cómo se podría materializar. En cualquier caso, todo esto no será posible en las circunstancias actuales, a excepción de los casos expresos de voluntarismo. La valoración casi imperceptible de la actividad docente y su calidad en las evaluaciones y concursos, el exceso de dedicación semanal a impartir clases, complica mucho que, además, un profesor pueda tener tiempo para hacer una buena divulgación científica.

Sin duda, la divulgación científica jugará un papel creciente en el flujo de conocimiento, de las novedades, de la actualización de los centros de investigación hasta los centros de enseñanza secundarios, por ejemplo. La divulgación hecha por los investigadores como parte de su obligación de rendir cuentas y explicar lo que hacen podría ser una fuente de información muy útil para los enseñantes. Correspondería a las instituciones universitarias y de investigación generar los canales adecuados para catalizar este proceso.

Para terminar, dejadme citar algunos ejemplos de experiencias en este sentido que me parecen oportunos: el caso de la revista Mètode, de la Universidad de Valencia, una revista de difusión de la investigación universitaria, o el de las publicaciones periódicas de algunas sociedades filiales del Instituto de Estudios Catalanes, como son la Revista de Física o Trabajos de la Sociedad Catalana de Biología. Todas ellas realizan aportaciones significativas de alta divulgación al alcance de los profesionales de la enseñanza de la ciencia a niveles preuniversitarios.

Juli Peretó es profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Valencia y miembro numerario de la Sección de Ciencias Biológicas del Instituto de Estudios Catalanes.

* Parte de este texto pertenece a la ponencia para la mesa redonda: “Enseñanza de la ciencia desde la escuela a la universidad” dentro del XVI Congreso de Médicos y Biólogos en Lengua Catalana.

Arriba

Portada


Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

(C) BIOMEDIA es una publicación del OCC (UPF) y RUBES EDITORIAL