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Los alimentos transgénicos: miel o veneno

Maria Roura 08/11/00

Biomedia (Barcelona). Dentro del ciclo de conferencias “Las fronteras del conocimiento: retos para un nuevo siglo” y programado en torno a la exposición "Gente y genes", el doctor Daniel Ramón del Instituto de Agroquímica y Tecnología del CSIC pronunció el pasado 30 de octubre una conferencia sobre la biotecnología de los alimentos y los alimentos transgénicos: "Los alimentos transgénicos: miel o veneno". Esta exposición está organizada por el Instituto de Cultura de Barcelona con la colaboración de Novartis.

Daniel Ramón empezó la conferencia afirmando que la biotecnología no es nada nuevo ya que desde que el hombre es agricultor se busca y se desarrollan nuevas especies y razas animales y vegetales para mejorar el rendimiento y las cosechas. De esto hace catorce mil años. Define la biotecnología como la utilización de organismos vivos para usos industriales. Para él lo es la penicilina y también la producción de leche. Y los alimentos fermentados, el uso de levaduras en alimentos como el yogurt, el pan, la cerveza y el vino.

Los mejoradores han utilizado la variabilidad natural y el cruce sexual para mejorar las cosechas y esto comporta modificación genética. El maíz y el trigo actuales no tienen nada que ver con los originales ni siquiera con los que comían nuestros abuelos. Y esto es debido a la mejora genética.

Hace sólo 150 años que Mendel descubrió los genes trabajando con los guisantes; hace 50 años que Watson y Crick constataron la estructura del DNA, el material hereditario; y hace sólo 25 años que sabemos de la posibilidad de clonar genes vía ingeniería genética: transgénicos. La biotecnología va a tener un desarrollo muy importante en farmacia (por ejemplo la insulina y hormona del crecimiento) y en alimentación (con la nueva biotecnología de los alimentos).

Los alimentos se pueden clasificar en tres tipos: animales, vegetales y fermentados. La biotecnología se puede aplicar en todos los elementos de la ingeniería genética y en los diferentes tiempos del procesado tecnológico. La diferencia conceptual más importante entre lo que se había hecho hasta ahora, el cruzamiento sexual, y lo que se está desarrollando actualmente, es la ingeniería genética.

Un alimento transgénico es, pues, aquel alimento en cuyo diseño se utilizan técnicas de ingeniería genética. Ahora bien, una galleta elaborada con trigo transgénico también se considera galleta transgénica. Y si, además, está hecha con un aditivo transgénico, también es transgénica. Si aceptamos la primera definición existen 67 alimentos transgénicos en todo el mundo. Si aceptamos la segunda definición: no lo sabemos. El 95% de los enzimas utilizados en la biotecnología de los alimentos se obtienen por ingeniería genética y el 70% se obtienen por organismos modificados genéticamente.

Hay distintos ejemplos de vegetales transgénicos. Unos benefician al producto, otros a los consumidores a la par que unos proyectos benefician a las empresas privadas mientras que otros son proyectos públicos. Tomemos como ejemplo el maíz Bt resistente. El taladro del maíz sólo se erradica con insecticidas. Se sabe que el Bacillus turigensis (Bt) produce una proteína que es usada como insecticida biológico desde hace tiempo; los biotecnólogos han clonado el gen de la bacteria y lo han introducido en el maíz. Otro ejemplo de vegetal modificado son los tomates transgénicos que resisten hasta seis semanas en la nevera. La biotecnología, en este caso, disminuye la producción del enzima poligalacturonasa y retrasa el fenómeno biológico de putrefacción.

Un proyecto desarrollado por la Universidad de Holanda es la inhibición del pardeamiento de la patata (expresan a la baja la expresión del gen que oscurece la patata). Otro ejemplo de desarrollo público es la tolerancia a los suelos ácidos de la papaya en Chiapas (donde existe un exceso de aluminio en los suelos). En este caso introducen la posibilidad de fabricar un enzima (citrato liasa) que secuestra el aluminio del suelo y así la producción de papaya no se ve alterada. Otro ejemplo es el arroz transgénico con provitamina A. El arroz tiene déficit de vitamina A y en países consumidores de arroz existe mucha ceguera a causa de este déficit; biotecnólogos de Zurich han movido tres genes del narciso al arroz y han creado el arroz dorado que sintetiza beta-caroteno y genera vitamina A.

Además, los alimentos transgénicos son los más evaluados desde el punto de vista sanitario y desde el punto de vista medioambiental en toda la historia de la humanidad. Sería deseable, según Daniel Ramón, que las mismas evaluaciones que se llevan a cabo con los alimentos transgénicos se aplicaran a cualquier otro alimento, y apuesta por que los alimentos transgénicos estén totalmente etiquetados.

Finalmente, Daniel Ramón se interroga sobre por qué no poner un “impuesto revolucionario”. Por ejemplo, si una multinacional quiere vender soja transgénica (que ya se ha comprobado que no tiene ningún riesgo) que la venda. Pero como la multinacional va a ganar mucho dinero con la venta de esta soja, ¿por qué no instaurar que el 2% o el 3% de los beneficios vayan a la investigación de proyectos más locales o a proyectos de países del tercer mundo, o a la investigación básica…? Esta sería una buena solución.

Maria Roura es bióloga y periodista.

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