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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones ¿Tiene la marihuana propiedades adictivas?
Biomedia (Londres). El efecto de la marihuana sobre el sistema
nervioso es un problema que trasciende el ámbito biológico debido a las
implicaciones sociales y políticas que acarrea su consumo ilegal. A pesar de
que el abuso de esta droga es normalmente ubicado en la misma categoría que el
de agentes como la cocaína o la heroína, la realidad es que la marihuana no
parece tener las mismas propiedades adictivas de aquéllas. De hecho, incluso la
nicotina presente en cualquier cigarrillo tiende a producir más adicción que
los canabinoides, las moléculas que constituyen el componente activo de la
marihuana. Sin embargo, un estudio
publicado por Gianluigi Tanda y sus colaboradores en la revista Nature
Neuroscience de noviembre ha puesto en duda este concepto al reportar que
los canabinoides también pueden ser adictivos bajo ciertas condiciones. De
confirmarse este hallazgo, sus implicaciones respecto a las futuras normativas
legales sobre el consumo de marihuana serán muy profundas. Una de las evidencias más claras de que los canabinoides tienen un
potencial adictivo mucho menor que otros compuestos usados por los humanos ha
sido obtenida en experimentos en primates o roedores, los cuales son
condicionados para autoadministrarse las drogas. En esta clase de experimentos,
los animales tienen que trabajar intensamente para recibir una dosis de la
droga en cuestión. Por ejemplo, el mono debe presionar una palanca de manera
repetitiva hasta completar un cierto número veces antes de que el
experimentador le administre la dosis correspondiente. Un animal presionará la
palanca el número de veces que sea necesario para obtener una dosis de
nicotina, cocaína o de heroína. Por el contrario, si la droga que el animal
obtiene tras presionar la palanca es un canabinoide, su interés en trabajar no
es tan pronunciado y prefiere dedicar su tiempo a otra cosa. Tanda y sus
colaboradores han utilizado este modelo experimental en un intento de demostrar
que un mono está realmente dispuesto a trabajar por canabinoides y obtener así
evidencia de que estas moléculas son adictivas. Sus observaciones indican que,
efectivamente, los monos presionan la palanca para recibir canabinoides pero
para conseguir estos resultados, los autores introdujeron una serie de cambios
con respecto a estudios anteriores que resultan cruciales para la
interpretación correcta de estos experimentos. Los intentos previos para lograr que monos se autoadministrasen
canabinoides habían utilizado cantidades muy altas y muy poco solubles de la
droga, por lo que la dosis real que llegaba al sistema nervioso de los animales
era desconocida. Una de las modificaciones que Tanda y sus colegas
implementaron ha sido usar dosis de canabinoides equivalentes a las que se
obtienen al fumar un cigarrillo de marihuana, tratando de garantizar que la
cantidad que llega al cerebro fuese más relevante desde el punto de vista
clínico. Sin embargo, una segunda modificación introducida por estos
investigadores es mucho más importante. En vez de trabajar con monos que nunca
habían sido expuestos a ninguna droga, Tanda y sus colegas produjeron adicción
a cocaína en sus animales y sólo después de lograrlo hicieron el experimento
con canabinoides. En otras palabras, el cerebro de los monos no era virgen al
efecto de toda droga sino que ya había experimentado una serie de cambios como
resultado de la adicción a la cocaína. ¿Cómo afecta esta experiencia previa al
desarrollo de adicción a los canabinoides? No lo sabemos con certeza pero
resulta difícil imaginar que la exposición previa a otra droga no modificase de
alguna forma la propensión a desarrollar adicción al componente activo de la
marihuana. En resumen, los canabinoides per se no parecen tener
propiedades adictivas. Los resultados de Tanda y sus colegas tienen una
interpretación ambigua pues no fueron obtenidos con monos intactos. Sin
embargo, sus datos sugieren que el consumo regular de cocaína puede facilitar
la adicción a la marihuana. Sea como sea, es muy posible que, de reportarse de
manera sensacionalista, estas observaciones alteren significativamente la
percepción que el público tiene sobre los efectos de la marihuana y que, en
consecuencia, afecten cualquier regulación futura sobre su consumo. Al mismo
tiempo, los experimentos de Tanda y sus colaboradores son un recordatorio de la
responsabilidad social que tienen los científicos y resaltan lo importante que
es contar con resultados irrefutables en el estudio de las drogas psicoactivas
debido al impacto sociocultural de este tipo de experimentos. Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de
Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres. Más información en la red: |
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