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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones El otro mundo vivo
Biomedia (La
Laguna, Tenerife). La existencia o no de vida extraterrestre ha interesado al
hombre desde tiempos remotos. Frecuentemente asociada a extraños seres con una
inteligencia superior, la influencia del sector audiovisual se ha notado
incluso en el aspecto de los visitantes avistados, habitualmente acorde con el
mostrado en la última película de ciencia-ficción estrenada en los cines. Lo
denostada que está socialmente la creencia en otro mundo vivo no se
corresponde, sin embargo, con la investigación rigurosa que lleva a cabo la
astrobiología o exobiología, una disciplina científica que intenta combinar el
estudio de la biología con el de la astrofísica. La
exobiología se dedica a la búsqueda de la hipotética presencia de vida en otros
planetas siguiendo senderos diversos. Estudia cómo se originaron y
evolucionaron los seres vivos que pueblan la Tierra y busca e identifica vida
en hábitats terrestres cuyas particularidades negarían en principio que pudiera
existir; todo ello con el fin de extrapolar estos procesos y circunstancias a
otros lugares del Universo. Asimismo, rastrea evidencias de vida
extraterrestre, ya sea simple o compleja. Cómo buscar y reconocer la vida no es
tarea fácil. Habitualmente, se intentan localizar restos de actividad biológica
y señales inteligentes, como ondas radiofónicas. La
búsqueda de vida extraterrestre presupone actualmente que ésta habría andado
los mismos pasos que en la Tierra y que tendría las mismas necesidades: un
medio líquido que albergue reacciones químicas, un elemento químico que se
asocie con facilidad formando compuestos y una fuente energética; en nuestro
planeta, respectivamente, el agua, el carbono y descargas eléctricas junto con
radiación ultravioleta. El
marco vital de los seres vivos extraterrestres, una vez cubiertas las
prerrogativas anteriores, no tendría por qué coincidir exactamente con el del
ser humano. En vez del agua, se han considerado el amoníaco y el alcohol
metílico, dos elementos que se mantienen líquidos en un amplio rango de
temperaturas. El sustituto del carbono podría ser el silicio puesto que también
forma compuestos con facilidad, aunque en la Tierra sólo se encuentre en el
mundo inorgánico. Las fuentes energéticas podrían ser múltiples, ya que
cualquiera es válida para la vida. A pesar de estas consideraciones, como los
seres vivos están formados por lo que más abunda, de haber vida en el espacio
esta estaría probablemente basada en el agua y en el carbono, mucho más abundantes
que cualquier otro disolvente y aglutinador de moléculas, respectivamente. Una
vez determinadas las condiciones que requiere la vida, el paso siguiente es ver
en qué sitios del Sistema Solar pueden existir. Se apuesta por Marte, donde la
NASA ha enviado una misión recientemente con resultados poco claros; Titán, el
mayor satélite de Saturno, y Europa, uno de los satélites de Júpiter. Todos
ellos tienen atmósfera, más o menos densa, y podrían haber tenido, e incluso
conservar bajo su superficie, un medio líquido. De no considerarse principios
parecidos para la existencia de vida en el espacio exterior que en la Tierra,
el ser humano no sabría dónde ni qué buscar. De hecho, sería probablemente
incapaz de reconocer algo completamente diferente a su concepto de vida. La
vida existe por doquier en el planeta Tierra, donde se originó hace unos 3900
millones de años. A lo largo de este período, ha evolucionado ganando en
complejidad, aunque seres extremadamente sencillos han sobrevivido inalterados
durante mucho tiempo, ya que su adecuada aclimatación al entorno no requirió la
acción de la selección natural, motor de cambios en los seres vivos. Organismos
simples, como bacterias u hongos, protagonizan los casos más sorprendentes de
supervivencia en condiciones extremas para la mayoría de los seres vivos, por
ejemplo de acidez o carencia de oxígeno. Son los llamados extremófilos,
cuya existencia es un factor esperanzador en la búsqueda de vida extraterrestre
ya que demuestra que en condiciones antaño consideradas prohibitivas para la
vida, como las que existen en otros planetas, esta puede existir. El río Tinto,
en Huelva, abundante en metales pesados considerados letales, cobija un ejemplo
paradigmático de adaptación al medio de los extremófilos: un tipo de bacterias
que obtienen su energía de las reacciones de oxidación del hierro. Panspermia
es el nombre de una teoría alternativa que afirma que la vida no se originó en
el planeta Tierra, sino que llegó a él procedente del espacio a través de
cometas, meteoritos y asteroides, lo que conlleva la existencia de vida en
otros planetas. Es habitual la caída de material extraterrestre, unas 40000
toneladas anuales, y está demostrado que diversos cuerpos celestes aportan agua
y, probablemente, materia orgánica a la Tierra. La vida elemental podría haber
venido de fuera; sin embargo, una vida compleja no hubiera resistido el
trayecto espacial. Esta teoría, además, no aclara cómo apareció la vida,
simplemente traslada las preguntas que plantea de lugar. La
aparición de vida requiere unos condicionantes que, probablemente, estén
presentes en muchos lugares del espacio exterior, por lo que la aparición de
organismos sencillos puede ser una consecuencia inevitable de la evolución de
la materia y el Universo estar plagado de ellos. Sin embargo, el aumento
progresivo de complejidad inherente a la aparición de seres superiores requiere
unas condiciones de habitabilidad quizás únicas y limitadas a la Tierra, como
el suministro constante de agua líquida. La Tierra tiene los parámetros justos
para haber mantenido el agua líquida durante millones de años: una distancia
apropiada a la estrella, una masa adecuada, un campo magnético importante... lo
que difícilmente ocurre en otros sitios. Los
programas de búsqueda de vida inteligente, de seres capaces de producir señales
de telecomunicaciones igual que el hombre, como el conocido SETI, consideran que la vida, de existir
fuera de la Tierra, habría seguido el mismo proceso que en ella dando lugar al
mismo tipo de inteligencia, lo que parece poco probable, aunque no imposible si
se consideran los millones de posibles hábitats que hay allí fuera, en el
Universo. Annia G.
Domènech es licenciada en biología y periodismo Más
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