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El otro mundo vivo

Annia G. Domènech 22/11/00

Biomedia (La Laguna, Tenerife). La existencia o no de vida extraterrestre ha interesado al hombre desde tiempos remotos. Frecuentemente asociada a extraños seres con una inteligencia superior, la influencia del sector audiovisual se ha notado incluso en el aspecto de los visitantes avistados, habitualmente acorde con el mostrado en la última película de ciencia-ficción estrenada en los cines. Lo denostada que está socialmente la creencia en otro mundo vivo no se corresponde, sin embargo, con la investigación rigurosa que lleva a cabo la astrobiología o exobiología, una disciplina científica que intenta combinar el estudio de la biología con el de la astrofísica.

La exobiología se dedica a la búsqueda de la hipotética presencia de vida en otros planetas siguiendo senderos diversos. Estudia cómo se originaron y evolucionaron los seres vivos que pueblan la Tierra y busca e identifica vida en hábitats terrestres cuyas particularidades negarían en principio que pudiera existir; todo ello con el fin de extrapolar estos procesos y circunstancias a otros lugares del Universo. Asimismo, rastrea evidencias de vida extraterrestre, ya sea simple o compleja. Cómo buscar y reconocer la vida no es tarea fácil. Habitualmente, se intentan localizar restos de actividad biológica y señales inteligentes, como ondas radiofónicas.

La búsqueda de vida extraterrestre presupone actualmente que ésta habría andado los mismos pasos que en la Tierra y que tendría las mismas necesidades: un medio líquido que albergue reacciones químicas, un elemento químico que se asocie con facilidad formando compuestos y una fuente energética; en nuestro planeta, respectivamente, el agua, el carbono y descargas eléctricas junto con radiación ultravioleta.

El marco vital de los seres vivos extraterrestres, una vez cubiertas las prerrogativas anteriores, no tendría por qué coincidir exactamente con el del ser humano. En vez del agua, se han considerado el amoníaco y el alcohol metílico, dos elementos que se mantienen líquidos en un amplio rango de temperaturas. El sustituto del carbono podría ser el silicio puesto que también forma compuestos con facilidad, aunque en la Tierra sólo se encuentre en el mundo inorgánico. Las fuentes energéticas podrían ser múltiples, ya que cualquiera es válida para la vida. A pesar de estas consideraciones, como los seres vivos están formados por lo que más abunda, de haber vida en el espacio esta estaría probablemente basada en el agua y en el carbono, mucho más abundantes que cualquier otro disolvente y aglutinador de moléculas, respectivamente.

Una vez determinadas las condiciones que requiere la vida, el paso siguiente es ver en qué sitios del Sistema Solar pueden existir. Se apuesta por Marte, donde la NASA ha enviado una misión recientemente con resultados poco claros; Titán, el mayor satélite de Saturno, y Europa, uno de los satélites de Júpiter. Todos ellos tienen atmósfera, más o menos densa, y podrían haber tenido, e incluso conservar bajo su superficie, un medio líquido. De no considerarse principios parecidos para la existencia de vida en el espacio exterior que en la Tierra, el ser humano no sabría dónde ni qué buscar. De hecho, sería probablemente incapaz de reconocer algo completamente diferente a su concepto de vida.

La vida existe por doquier en el planeta Tierra, donde se originó hace unos 3900 millones de años. A lo largo de este período, ha evolucionado ganando en complejidad, aunque seres extremadamente sencillos han sobrevivido inalterados durante mucho tiempo, ya que su adecuada aclimatación al entorno no requirió la acción de la selección natural, motor de cambios en los seres vivos. Organismos simples, como bacterias u hongos, protagonizan los casos más sorprendentes de supervivencia en condiciones extremas para la mayoría de los seres vivos, por ejemplo de acidez o carencia de oxígeno. Son los llamados extremófilos, cuya existencia es un factor esperanzador en la búsqueda de vida extraterrestre ya que demuestra que en condiciones antaño consideradas prohibitivas para la vida, como las que existen en otros planetas, esta puede existir. El río Tinto, en Huelva, abundante en metales pesados considerados letales, cobija un ejemplo paradigmático de adaptación al medio de los extremófilos: un tipo de bacterias que obtienen su energía de las reacciones de oxidación del hierro.

Panspermia es el nombre de una teoría alternativa que afirma que la vida no se originó en el planeta Tierra, sino que llegó a él procedente del espacio a través de cometas, meteoritos y asteroides, lo que conlleva la existencia de vida en otros planetas. Es habitual la caída de material extraterrestre, unas 40000 toneladas anuales, y está demostrado que diversos cuerpos celestes aportan agua y, probablemente, materia orgánica a la Tierra. La vida elemental podría haber venido de fuera; sin embargo, una vida compleja no hubiera resistido el trayecto espacial. Esta teoría, además, no aclara cómo apareció la vida, simplemente traslada las preguntas que plantea de lugar.

La aparición de vida requiere unos condicionantes que, probablemente, estén presentes en muchos lugares del espacio exterior, por lo que la aparición de organismos sencillos puede ser una consecuencia inevitable de la evolución de la materia y el Universo estar plagado de ellos. Sin embargo, el aumento progresivo de complejidad inherente a la aparición de seres superiores requiere unas condiciones de habitabilidad quizás únicas y limitadas a la Tierra, como el suministro constante de agua líquida. La Tierra tiene los parámetros justos para haber mantenido el agua líquida durante millones de años: una distancia apropiada a la estrella, una masa adecuada, un campo magnético importante... lo que difícilmente ocurre en otros sitios.

Los programas de búsqueda de vida inteligente, de seres capaces de producir señales de telecomunicaciones igual que el hombre, como el conocido SETI, consideran que la vida, de existir fuera de la Tierra, habría seguido el mismo proceso que en ella dando lugar al mismo tipo de inteligencia, lo que parece poco probable, aunque no imposible si se consideran los millones de posibles hábitats que hay allí fuera, en el Universo.

Annia G. Domènech es licenciada en biología y periodismo

Más información en Biomedia:
Gaia en Valencia. Mercè Piqueras (05/07/00)
Los orígenes de la vida: recetas de la sopa prebiótica. Antonio Lazcano (21/06/00)

Más información en la red:
Instituto Astrofísico de Canarias: http://www.ll.iac.es
SETI search for life: http://www.space.com/searchforlife/seti_search_000420.html
Antenas parabólicas de SETI (el cofundador de Microsoft, Paul Allen, y el antiguo director del Departamento de Tecnología de la empresa ayudan a financiar las antenas parabólicas de SETI): http://www.space.com/scienceastronomy/astronomy/seti_funding_000801.html

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