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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Entrevista a Rolando Armijo, epidemiólogo desde Chile hasta Puerto Rico
Biomedia (Barcelona). Rolando Armijo, además de epidemiólogo de reconocido
prestigio internacional como demuestra su condición de Miembro Honorario de la
exclusiva Royal Society of Health, posee esa visión global que sólo los años
pueden brindar sobre lo que ha sido la evolución de la medicina en este siglo
que se acaba. A la pregunta de cuál ha sido
el mayor avance de la medicina en este siglo responde sin vacilar: "Lo más
importante que ha ocurrido en el desarrollo de la medicina ha sido la
introducción de la medición como herramienta necesaria en todos los pasos de la
práctica médica. Antes, continúa, oías a muchos médicos comentar que habían
empezado a estudiar medicina para escapar de las matemáticas porque se les
daban muy mal. Afortunadamente esto ya no pasa. Ahora los estudiantes de
medicina tienen las matemáticas y la bioestadística como asignaturas
importantes de sus planes de estudio. Actualmente ya no se concibe la
presentación de un diagnóstico o de un pronóstico sin tener en cuenta su
demostración cuantitativa. En otros tiempos ambos eran un juego de adivinanzas.
Hoy no se considera que un diabético está estable hasta que sus niveles de
glucosa están por debajo de un determinado valor que se ha evidenciado como
aceptable". Y puntualiza "esto no quiere decir que la medicina se
haya deshumanizado, tan sólo que ha entendido y reconocido que la
cuantificación y la objetividad son herramientas imprescindibles para una buena
toma de decisiones". "También los
tratamientos sufrían la ausencia de cuantificación. Por ejemplo, cuando se
empezaron a usar los rayos X, los primeros aparatos desparramaban una cantidad
enorme de radiación, y se hizo daño a muchos pacientes. Por ejemplo, hubo miles
de niños con tiña (que se caracteriza por tener hongos en el pelo) a los que se
depiló la cabeza con rayos X. Ahora se ha encontrado en ellos una mayor
incidencia de cáncer de tiroides y de lesiones de la corteza cerebral. Esos
daños, como tantos otros, fueron producidos por la ignorancia de la medicina,
contra la que hay que luchar. Y se ha avanzado mucho (hoy, por ejemplo ya
sabemos cuál es la dosis precisa y mínima de radiación que se requiere en cada caso)".
El doctor Armijo también
considera importante la implicación de los pacientes en todo este proceso:
"Los pacientes también están adquiriendo conciencia de la importancia de
la medición. Hoy en día todo el mundo sabe qué es tener el colesterol alto o la
tensión arterial alta... el paciente ha aprendido mucho, y eso es importante
porque en la práctica moderna de la medicina se produce un círculo en el que
paciente y médico se exigen y se educan mutuamente. Cuando el pronóstico de un
enfermo es fatal, él o un familiar enseguida te preguntan por el tiempo de vida
que le queda. Y para poder hacer esas evaluaciones de forma objetiva se
necesita cuantificar la importancia de los factores de riesgo que acompañan
cada situación, factores como la edad del paciente u otras complicaciones que
pueda tener. Esas cuantificaciones sólo se pueden obtener si antes se han
realizado ensayos clínicos que hayan seguido en el tiempo la evolución de esos
factores. Sólo así se puede dar un pronóstico en términos objetivos". Cuando le pregunto por Archie
Cochrane, a quien el profesor Armijo conoció personalmente, es fácil darse
cuenta de la admiración que siente por él: "Cochrane navegó por todo el
edificio de la medicina, y destacó en todas las vertientes: fue un excelente
clínico, un excelente epidemiólogo y un excelente estadístico. Supo ver la
necesidad de la evaluación de la eficacia en todos los aspectos de la práctica
médica: cuestionó la forma de diagnosticar y se dio cuenta de que para poder
hacer un buen pronóstico eran necesarios los ensayos clínicos. También se
percató de la importancia de evaluar la eficacia de los medicamentos y demostró
que estas evaluaciones se debían limpiar de las impresiones subjetivas de los pacientes y que se debían hacer
tratamientos a ciegas en aras de una mayor objetividad. Yo creo que su
aportación más importante fue el ejemplo que dio con su actitud: el ser honesto
y cuestionarse lo que hacía, el ser escéptico, el aplicar el método científico
a una ciencia que tradicionalmente lo había desdeñado. Hay quien dice que tenía
una visión muy pesimista. Yo creo que era un realista, alguien que tenía una
concepción fría de la realidad. Y gracias a él, y al entusiasmo de muchos otros
médicos influidos por él se han dejado de producir muchos errores graves en las
intervenciones sanitarias". Àngela Jornet es licenciada en bioquímica Más información en Biomedia: Más información en la red: |
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