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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Organismos clónicos: ¿qué diferencia hay entre Dolly y una oveja que pasta en los prados de los Pirineos?
Biomedia
(Barcelona). El doctor Josep
Egozcue, catedrático de Biología Celular de la Universidad
Autónoma de Barcelona, pronunció una conferencia sobre las distintas
modalidades de la clonación y sus diversos aspectos éticos, dentro del marco de
la exposición “Gente y genes”, organizada por el Instituto de Cultura de Barcelona con la
colaboración de Novartis. La clonación es una forma de reproducción asexual. Este tipo
de reproducción caracteriza a numerosos seres vivos, tanto plantas como
animales y, a diferencia de la reproducción sexual, no requiere la intervención
de dos progenitores; tampoco hay mezcla genética, como ocurre durante la
reproducción sexual, y los descendientes son parecidos, pero no idénticos,
mientras que en la reproducción sexual los hijos son diferentes. Así, podemos definir un clon como un grupo de células o
individuos procedentes de una sola célula o individuo por reproducción asexual.
Hay que incidir en el hecho de que este grupo no es homogéneo, ya que existen
pequeñas diferencias entre los individuos integrantes, debidas a mutaciones.
Sin embargo, en el marco de las técnicas de clonación actuales, definiríamos un
clon como uno o más individuos derivados de la sustitución del material genético
de un óvulo por el material genético de una célula somática o no reproductora. Los gemelos univitelinos son clones naturales y se producen
durante la fase de desarrollo del embrión cuando éste se fragmenta
espontáneamente en dos, el resultado son dos gemelos monozigóticos*. Los gemelos son clonales pero no
idénticos, ya que poseen mutaciones distintas y, epigenéticamente, serán
también diferentes: su entorno, aunque convivan, les hará distintos. En cuanto a la
clonación artificial, su objetivo puede ser reproductivo o no. En este último
caso, se busca obtener una línea celular concreta a partir de células
embrionarias para conseguir tejidos somáticos. Éstos servirían en el futuro
para realizar diversos trasplantes y terapias. Por otro lado, existen diferentes
técnicas de clonación con fines reproductivos. La gemelación artificial, que se
lleva a cabo escindiendo el embrión en el laboratorio, es una de estas
técnicas; se ha comprobado no obstante su ineficacia en el caso de embriones
humanos. Una segunda técnica, con buenos resultados ensayados en ratones, es la
de clonación embrionaria, consistente en sustituir el núcleo de un óvulo por el
de una célula embrionaria. En ninguno de ambos métodos conocemos las
características del individuo clonado, no sabemos lo que se está clonando. Sin
embargo, esto no ocurre si sustituimos el material genético del óvulo por el de
una célula somática de un individuo adulto; esta es la técnica que dio origen a
Dolly y se puso a punto con el fin de producir animales transgénicos para
sintetizar productos farmacéuticos, pero su eficacia no resulta todavía
rentable. Algunas técnicas de clonación quizá podrán ser útiles en la
reproducción asistida y otras se desarrollarán para tratar determinadas
enfermedades, pero la aplicación de técnicas en humanos, como la desarrollada
para la oveja Dolly, sería, además de ilegal, absurda ya que traduciría el
deseo de reproducir a un ser concreto; nunca se podría conseguir, porque, entre
otros factores, el entorno lo impediría, al influir en gran medida en el
fenotipo* del individuo. Por otro lado, los
sistemas de clonación han mostrado muchos problemas hasta el momento; se
logrará la clonación humana y se demostrará rápidamente su inutilidad. Miriam Peláez
es bióloga * Glosario de Biomedia Más
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