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Posibilidad de detectar la versión infecciosa de los priones

Juan Carlos López García 5/01/00

Biomedia (Londres). En fechas recientes, las enfermedades ocasionadas por priones están recibiendo más atención que nunca. La posibilidad de que una nueva epidemia de la encefalopatía espongiforme bovina (o enfermedad de las vacas locas, como es conocida popularmente) se desate en Francia ha vuelto a poner a esta patología y a su equivalente humano, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, en boca de los medios de comunicación y del público en general. Aunque aún desconocemos cómo se desencadenan las enfermedades de este tipo, sabemos que el agente infeccioso es una proteína conocida comúnmente como prión, la cual existe normalmente en nuestro organismo.

La función de esta proteína (también llamada PrPC) es todavía un misterio, pero se sabe que la versión normal de esta molécula es inocua y que la molécula dañina es una variante de la PrPC conocida como PrPSc, la cual adopta una estructura tridimensional anómala. Esta nueva estructura favorece su interacción anormal con otras moléculas, entre las que se encuentra la versión normal de la PrPC. Al parecer, PrPSc actúa como una especie de molde e impone su conformación anormal sobre la estructura de PrPC, lo que se traduce en la acumulación anormal de complejos proteínicos y la subsecuente muerte celular en diferentes partes del sistema nervioso.

¿Qué provoca que la PrPC adopte la conformación anormal y se convierta en PrPSc? Esta pregunta es fundamental para entender y encontrar la cura contra las encefalopatías espongiformes pero aún estamos lejos de conocer la respuesta. De hecho, las diferencias entre PrPC y PrPSc son tan sutiles que incluso distinguir entre ellas resulta muy difícil. Sin embargo, un estudio publicado el 23 de noviembre en la revista Nature promete ser la clave para avanzar en este aspecto del problema al reportar que el plasminógeno, una proteína sanguínea involucrada en la coagulación, es capaz de unirse de manera específica a la PrPSc, convirtiendo al plasminógeno en la primera molécula capaz de distinguir entre las dos formas de la PrP.

Utilizando una serie de técnicas bioquímicas convencionales, un grupo de investigadores de Suiza y Austria encontró que, de entre todas las proteínas presentes en la sangre, el plasminógeno es la única capaz de distinguir entre PrPSc y PrPC. Más aún, estos científicos localizaron la parte del plasminógeno responsable de esta interacción y observaron que se trata de una región de la molécula que tiende a unirse a proteínas ricas en el aminoácido lisina (tales como PrPC). Esta observación es muy interesante, pues se ha observado que la versión normal de la PrPC humana de ciertos individuos contiene secuencias ricas en lisina, las cuales protegen al portador de contraer la enfermedad. En otras palabras, aquellos individuos cuya PrPC contiene lisinas en determinados sitios no tienden a desarrollar la encefalopatía espongiforme.

Los resultados de este estudio tienen una serie de implicaciones muy profundas. Por un lado, es posible que la interacción del plasminógeno con la PrPSc guarde una relación directa con la aparición de la patología pues el plasminógeno, además de estar presente en la sangre, también se localiza en el sistema nervioso, donde participa en diferentes procesos fisiológicos. Por el otro, la PrPSc no sólo se acumula en el cerebro sino que también viaja por el torrente circulatorio. Por lo tanto, si el plasminógeno se une a la proteína anormal, debería ser posible reducir el nivel de plasminógeno en la sangre para ‘limpiarla’ de PrPSc y disminuir la infectividad de los productos animales que se obtienen de la sangre. Sin embargo, quizá la importancia más evidente de estos resultados es que la unión del plasminógeno puede utilizarse con fines diagnósticos. Dado que no contamos con anticuerpos capaces de distinguir entre PrPC y PrPSc, la selectividad del plasminógeno podría ser utilizada para detectar la presencia de la proteína anormal en la sangre de manera temprana, mucho antes de que se manifiesten los signos característicos de las encefalopatías espongiformes.

Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres

Más información en Biomedia:
Dossier: enfermedades priónicas

Más información en la red:
Información general sobre la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y otras encefalopatías espongiformes: http://www.mad-cow.org/, http://www.ninds.nih.gov/health_and_medical/pubs/laenfermedad_de_creutzfeldt_jakob.htm (en español)
Laboratorio donde se realizó el trabajo: http://www.neuroscience.unizh.ch/e/groups/aguzzi00.htm

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