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Entrevista a Tom Kirkwood:
"El envejecimiento no es ni necesario ni inevitable"

Gemma López Jornet 20/12/00

Biomedia (Barcelona). En su visita a Barcelona, invitado por el Museo de la Ciencia de la Fundación La Caixa, Tom Kirkwood presentó su libro El fin del envejecimiento, editado por Editorial Tusquets y la Fundación La Caixa. En su conferencia Kirkwood, que es jefe del Departamento de Gerontología del Instituto para la Salud de la Vejez de la Universidad de Newcastle expuso su teoría sobre las cuestiones más fundamentales del envejecimiento, dando posibles respuestas a preguntas tan primordiales respecto a la vida y la muerte como ¿responde a algún fin el envejecimiento? ¿por qué se produce? ¿cómo?

¿Hay alguna definición científica de envejecimiento?

Sí. La gran diferencia entre un animal que envejece y uno que no lo hace es que el que envejece tiene mayor probabilidad de morir a medida que pasa el tiempo, mientras que el riesgo de morir para un animal que no envejece es constante.

¿Hay animales que no envejecen?

Evidentemente es imposible determinar la inmortalidad de una especie, pero si estamos dispuestos a aceptar un veredicto del tipo "inmortal más allá de toda duda razonable" hay varias especies que lo cumplen. Por ejemplo las anémonas de mar, que se reproducen por gemación; o las hidras de agua dulce. Las hidras tienen una capacidad de regeneración enorme, los ejemplares jóvenes surgen del cuerpo de sus progenitores y desde un inicio son una versión a escala reducida de la forma completamente desarrollada. Estas especies no incrementan su tasa de mortalidad con el tiempo, lo que no quiere decir que no mueran. Pueden morir en cualquier momento por muchas causas, pero la probabilidad de que esto ocurra no guarda ninguna relación con la edad del animal.

¿Dónde está el límite entre el proceso normal que representa el envejecimiento y la enfermedad?

Ésta es una cuestión muy complicada. Hay muchas enfermedades relacionadas con la edad. Por ejemplo, una gran parte de la población de más edad es hipertensa. Si queremos describir el envejecimiento "normal", ¿tendremos que centrar nuestra atención en el cada vez más minoritario grupo que tiene la presión arterial normal? Y si lo hacemos ¿se distorsionará la imagen que tenemos del envejecimiento "normal"? Aunque diferenciar estas cosas puede parecer sólo una cuestión de sutileza semántica, las consecuencias de estas diferencias pueden ser importantes.

¿Qué tipo de consecuencias?

Si un mal se considera ajeno al proceso de envejecimiento, el que lo sufre tiene la condición de "enfermo", lo que le da derecho ser atendido por un médico y a recibir tratamiento. Pero si se considera como algo inherente al proceso de envejecer, es más difícil que se le reconozca el derecho a atención médica, debido a la noción popular (y equivocada) que se tiene del envejecimiento como algo necesario, ineludible e irremediable. Un buen ejemplo de esto se produjo con la enfermedad de Alzheimer. Cuando era sólo un trastorno agrupado bajo el nombre genérico de "demencias seniles" tenía poco interés para el público en general. Sin embargo, una vez ha sido identificada como enfermedad, ha aumentado de forma espectacular la investigación que se le dedica, (hay más financiación, prestigio para los investigadores...) y de este mayor conocimiento puede surgir una terapia eficaz.

Ha dicho que la noción del envejecimiento como algo necesario e inevitable es equivocada. Es una afirmación, como mínimo, sorprendente.

Sí. Son dos de las ideas más frecuentes sobre el envejecimiento, pero lo cierto es que el envejecimiento no es ni necesario ni inevitable. La idea de la inevitabilidad es el núcleo principal de la teoría del "usar y tirar". Muchos de sus defensores invocan el segundo principio de la termodinámica, que en este caso viene a decir que los organismos son complejos y las cosas complejas acaban por descomponerse. Pero este principio de la física se aplica a los sistemas cerrados, y en cambio los seres vivos son sistemas abiertos, es decir, cogemos la energía suficiente del entorno (los alimentos) para contrarrestar este principio. Pero además hay otra razón más contundente por la que este argumento de la inevitabilidad es falso. Y es que si fuera cierto, ninguno de nosotros estaríamos aquí.

¿Y eso por qué?

Las primeras células aparecieron hace miles de millones de años, y las células se reproducen por división, por lo que el material que constituye las nuevas células procede, en principio, de sus antecesoras. Cada célula de mi cuerpo, y del de cualquiera, es el producto de una cadena continua de divisiones que se remontan en el tiempo hasta el principio mismo de la vida en la tierra. Si los componentes celulares, que se han ido renovando y sustituyendo, hubieran ido acumulando componentes de "usar y tirar" hace ya mucho tiempo que hubieran muerto.

Bien, el envejecimiento no es inevitable. Pero ¿porqué no es necesario? Si con todos los avances médicos y científicos consiguiéramos no envejecer, ¿no se agravaría el problema de la superpoblación?

Bueno, esa suposición es la base de lo que llamamos teoría del gen de la muerte, según la cual el envejecimiento ha evolucionado bajo la acción de la selección natural para evitar este problema. Esta teoría supone que hemos desarrollado unos "genes de la muerte" que nos destruirán llegado el momento. Además, como la selección natural actúa sobre la variación en los descendientes de cada generación, y el cambio sólo puede producirse cuando una generación sucede a la otra, el envejecimiento facilitaría además la aparición de nuevos caracteres beneficiosos.

Pero usted no cree que esto sea así.

No, en primer lugar por la sencilla razón de que los animales en libertad no suelen vivir lo suficiente para llegar a viejos. El mundo es un lugar peligroso y la mayoría mueren jóvenes debido a depredadores, accidentes, enfermedad, etc.

Y en segundo lugar porque esta teoría se basa en que la selección actúa para el bien de la especie y no del individuo, y este modelo de selección natural es falso.

¿Por qué?

Por ejemplo, imaginemos que tenemos una población de una especie que tiene el gen de la muerte para protegerla de la superpoblación. De vez en cuando aparecerá una mutación que inactive ese gen. Estos mutantes vivirán por término medio más que los demás, y por tanto tendrán más descendencia. La descendencia, a su vez portadora de la mutación, también tendrá más descendencia, y la presencia de la mutación aumentará en la población. Entonces, según las premisas, se llegará a una situación de superpoblación, y todos los individuos, tanto los mutantes inmortales como los portadores del gen de la muerte, sufrirán de forma idéntica las consecuencias. Pero aunque aumente la tasa de mortalidad por hambre y disminuya la ventaja de ser inmortal, la situación no se invertirá porque el hecho de ser mortal no supone ninguna ventaja para el individuo. Esto demuestra que el envejecimiento no puede ser debido a la acción de genes de la muerte, es decir, el envejecimiento y la muerte no forman parte de un programa genético.

Si el envejecimiento no es ni necesario ni inevitable, entonces ¿por qué envejecemos?

Las dos funciones más importantes que tiene que realizar cualquier ser vivo son reproducirse y sobrevivir. Y a lo largo de la evolución se ha producido una división del trabajo: la reproducción la llevan a cabo las células germinales (óvulos, espermatozoides y sus precursores) y la supervivencia de individuo se debe al resto de las células del organismo, las llamadas células somáticas. Un organismo necesita que su línea germinal sea muy precisa, porqué es la que tiene que transmitir los genes a la siguiente generación, pero el soma, al liberarse de esta responsabilidad no necesita tanta precisión.

Cuando habla de precisión, ¿a qué se refiere?

En este contexto "precisión" implica que los componentes celulares (DNA* y proteínas*) estén en buen estado. El mantenimiento de estos componentes en buen estado implica un gasto muy importante de energía. Como el soma morirá antes o después (recordemos que el mundo es un lugar peligroso) los organismos invierten la energía suficiente para el mantenimiento del cuerpo para no comprometer la reproducción, pero no más. Invertir más en el mantenimiento de nuestro cuerpo sería malgastar una energía que se necesita para la función reproductiva. Ésa es la razón por la que nuestras células germinales casi no envejecen y en cambio sí lo hacen las células somáticas. Y la razón que explica la inmortalidad de la hidra es que su soma está impregnado de línea germinal, de tal forma que los dos son sólo uno.

Ahora, el problema principal de la gerontología es averiguar cómo logra la línea germinal superar los procesos de envejecimiento que se producen en el soma.

Parece que se trata de una cuestión de economía.

Sí, es un problema de reparto, de distribución. De la misma manera que el dinero gastado durante las vacaciones no sirve para pagar el alquiler, la energía utilizada para la reproducción no puede utilizarse para reparar los componentes de las células del soma. Los individuos mejor adaptados serán aquellos que sean más eficaces convirtiendo recursos (energía en forma de alimento) en progenie viable.

Ahora sabemos el porqué del envejecimiento. Pero, ¿cómo se produce?

Probablemente se debe a una acumulación gradual y progresiva de daños en las células y tejidos de nuestro cuerpo a medida que transcurren nuestras vidas. Daños que se producen por errores propios de nuestras células o daños causados por agentes externos. Las células tienen sistemas de reparación de estos daños, pero no son sistemas perfectos (para serlo consumirían más energía de la que nos podemos permitir) y es de suponer que las imperfecciones en cada uno de estos sistemas de mantenimiento desempeñan un papel importante en el proceso de deterioro de nuestras células, y por lo tanto de nuestro organismo.

¿Cuáles son estos sistemas tan caros de mantenimiento de nuestro cuerpo?

Los sistemas de reparación del DNA*, los enzimas* antioxidantes que protegen frente a la acción de los radicales libres, las proteínas de estrés (chaperonas…), la gran precisión que presentan procesos como la replicación del DNA, la síntesis de proteínas, la regulación génica, etc.

¿Por qué unas especies de animales envejecen mucho más rápido que otras? ¿A qué se deben las diferencias en las velocidades de envejecimiento?

Se ha comprobado que las células de las especies que viven más, reparan más efectivamente su DNA que las que viven menos tiempo. Además puede preverse que los animales expuestos a un riesgo elevado invertirán menos en mantenimiento y mucho en reproducción, mientras que los expuestos a un nivel de riesgo pequeño se comportarán de forma contraria. Por ejemplo, los murciélagos viven más que los ratones, pero se reproducen más despacio, y algunas de las mayores especies de tortugas provistas de caparazones muy resistentes viven más tiempo que los seres humanos.

¿Por qué viven más las mujeres que los hombres?

La razón de este hecho tiene su origen en el origen del sexo. Cuando hay dos gametos (o células reproductoras) que tienen que encontrarse para formar un nuevo individuo es fácil que uno sea el gameto buscador y el otro el buscado. Esta división del trabajo fue la semilla de muchas de las diferencias biológicas entre machos y hembras, ya que ambos evolucionan para cumplir mejor su cometido. Además la pluricelularidad implica que los gametos femeninos no son células aisladas sino rodeadas de un soma femenino que ha evolucionado para contribuir a la función de la reproducción.

Es decir, las diferencias entre hombres y mujeres son debidas a que los óvulos y los espermatozoides tienen, dentro de la reproducción, funciones diferentes.

Puede parecer chocante, pero tiene sentido.

Pero las mujeres invierten más esfuerzo biológico en la reproducción que los hombres. ¿Esto no significa que disponen de menos energía para el mantenimiento del soma?

Se han cuantificado los costes energéticos de la reproducción y se ha visto que ambos sexos están más igualados de lo que parece a primera vista. Además puede haber otra razón, y es que en los mamíferos la contribución del macho al cuidado de los hijos suele ser mucho menor que la de la hembra. Y eso seguramente hace que la presión para invertir en mantenimiento del soma femenino sea mayor que en el caso masculino.

¿Qué se puede hacer actualmente para frenar el envejecimiento?

La terapia génica, las terapias hormonales, los fármacos contra el alzheimer, la terapia celular en el parkinson, etc., son actualmente más esperanzas que realidades. El envejecimiento es un desafío mayor que el sida o el cáncer y su investigación sólo está en sus inicios. Pero por lo menos ahora tenemos una buena idea de lo que tenemos que investigar. Queremos entender cómo el daño celular puede afectar los procesos que desembocan en enfermedad. Si encontramos maneras de disminuir los efectos de estos daños celulares, podremos disminuir la posibilidad de contraer enfermedades relacionadas con la edad. Porque en realidad, el objetivo de los gerontólogos no es tanto añadir años a la vida, como vida a los años.

Gemma López Jornet es licenciada en bioquímica

* Glosario de Biomedia

Más información en Biomedia:
Envejecer está en los genes. Annia G. Domènech (14/06/00)

Más información en la red:
Instituto de Gerontología del King’s College de Londres: http://www.kcl.ac.uk/kis/schools/life_sciences/health/gerontology/top.html
Instituto de Estudios sobre Envejecimiento de la Universidad de Sheffield: http://www.shef.ac.uk/~sisa/
Universidad de Liverpool: http://www.liv.ac.uk
Sociedad benéfica para la investigación del envejecimiento: http://www.ageing.org

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