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Posible vínculo entre un pesticida y el mal de Parkinson

Juan Carlos López García 29/12/00

Biomedia (Londres). El mal de Parkinson es una de las enfermedades neurodegenerativas más comunes: una de cada cien personas mayores de 65 años la padecen. Desde el punto de vista clínico, las principales características del parkinson son la rigidez muscular, la lentitud en la marcha (los pacientes avanzan normalmente arrastrando los pies), y la presencia de movimientos involuntarios, sobre todo de los dedos de las manos. A nivel cerebral, el principal daño se localiza en la llamada sustancia nigra, una pequeña región del sistema nervioso encargada de producir al neurotransmisor conocido como dopamina, molécula muy popular este año a raíz de la concesión del Premio Nobel a uno de los pioneros en su estudio, el sueco Arvid Carlsson.

Sabemos bastante sobre los cambios patológicos que acompañan a la enfermedad de Parkinson y contamos con una serie de medidas terapéuticas para ayudar a los individuos afectados. Sin embargo, aún desconocemos el origen de esta patología. ¿A qué se debe que se desencadene el mal de Parkinson? ¿Cómo se transmite? Las respuestas a estas preguntas todavía son tentativas. Aunque ciertos casos de parkinson tienen un fundamento genético y están asociados a mutaciones en una proteína llamada parkina, la mayoría de los pacientes sufren de lo que se conoce como parkinson idiopático; es decir, con causa desconocida. Una de las posibilidades que goza de más popularidad entre los científicos interesados en el parkinson es la idea de que un agente ambiental es el culpable de desatar la enfermedad. Un estudio publicado en el ejemplar de diciembre de la revista Nature Neuroscience (2000; 3 [12]: 1301-1306) ha dado un nuevo impulso a esta hipótesis al reportar que la rotenona, un compuesto presente en pesticidas y en insecticidas de uso doméstico, es capaz de provocar una condición muy parecida al parkinson en animales de experimentación.

La idea de que un agente ambiental sea responsable del parkinson nació tras la observación de que una droga llamada MPTP conduce a la aparición de síntomas propios de la enfermedad y a la muerte de la sustancia nigra. Este hallazgo accidental se obtuvo en un grupo de heroinómanos después de que éstos se autoadministraran una dosis significativa de MPTP que contaminaba la heroína que ellos mismos sintetizaban. Una de las razones por las que el MPTP produce parkinson es por su capacidad de inhibir a las mitocondrias de las neuronas de la sustancia nigra, impidiéndoles producir la energía necesaria para la correcta función celular, lo cual conduce a la muerte neuronal. A raíz de estas observaciones, R. Betarbet y sus colegas de Emory University en Atlanta decidieron probar el efecto de la rotenona (otro inhibidor mitocondrial) inyectándola a ratas normales. Estos científicos observaron que la administración intravenosa de dosis bajas de rotenona conducía a la aparición de problemas motores y a la muerte de la sustancia nigra. Sin embargo, uno de los aspectos más notables del trabajo es que la rotenona también fue capaz de producir las lesiones subcelulares que se observan en el cerebro de pacientes con la enfermedad, algo que no se había observado tras la administración de MPTP. En otras palabras, la rotenona produce un síndrome más parecido al parkinson que incluso la mejor de las estrategias experimentales existentes hasta la fecha.

¿Cuáles son las implicaciones de estos resultados? Primeramente, es muy tentador concluir que la rotenona comúnmente usada como pesticida está detrás de la gran cantidad de casos de parkinson que se observan en la actualidad. Sin embargo, la historia no parece ser tan sencilla. Experimentos preliminares del mismo grupo de investigadores indican que la administración de rotenona por vía oral no conduce al mismo efecto en las ratas, lo cual nos hacer dudar sobre el efecto directo que la rotenona presente en el ambiente pudiese tener sobre nuestro cerebro. Desde luego, es posible argumentar que la ingesta de este compuesto por períodos de tiempo muy prolongados es necesaria para la aparición de la enfermedad y que ésta es la razón por la que el parkinson predomina entre los ancianos. Se requieren más estudios para resolver este dilema. La otra implicación de estos resultados es más profunda y tendrá un impacto más inmediato. El hecho de que el parkinson producido por rotenona sea más parecido al parkinson observado en los pacientes supone un avance fundamental para estudiar la enfermedad en animales de laboratorio. Contar con un modelo animal que reproduzca fielmente la mayoría de las características del parkinson nos permitirá desarrollar terapias más efectivas contra este mal que los tratamientos con los que hasta ahora contamos.

Juan Carlos López García es doctor en filosofía por la Universidad de Columbia y editor de Macmillan Publishing Company, Londres

Más información en la red:
Información general sobre Parkinson: http://www.sfn.org/briefings/parkinsons.html, http://www.ninds.nih.gov/health_and_medical/pubs/parkinson_disease_spanish.htm (en español), http://www.pdf.org/

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