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Ordenadores para descifrar el secreto de la vida

Miriam Peláez 2/02/01

Biomedia (Barcelona). Explicar el papel de la bioinformática en las nuevas disciplinas de la genómica y la proteómica fue el objetivo de la conferencia que pronunció el doctor Alfonso Valencia, investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC), en el ciclo “Las fronteras del conocimiento: retos para un nuevo siglo”, celebrado en ocasión de la exposición Gente y genes organizada por el Instituto de Cultura de Barcelona con la colaboración de Novartis.

A los aproximadamente 30 genomas secuenciados con financiación pública, se suman unos 70 genomas cuya secuenciación ha sido llevada a cabo por compañías privadas. Además del genoma humano, se conoce el de organismos como la mosca Drosophila o la pequeña crucífera Arabidopsis. La secuenciación se realiza automáticamente por máquinas que procesan datos sin cesar; se ha generado así una enorme cantidad de información almacenada en potentes bases de datos, consultadas permanentemente por los investigadores en genética.

Conseguir toda esta información sobre la secuencia de nucleótidos de los seres vivos es relativamente fácil, lo más complejo, y también más importante, es obtener información funcional: conocer el papel en el organismo de las proteínas codificadas por los genes. Alrededor del 50% de las proteínas de los organismos cuyo genoma ha sido secuenciado son completamente desconocidas, no son parecidas a ningún tipo de proteína analizado hasta ahora. Las proteínas son objetos físicos fascinantes, caracterizadas por una secuencia de aminoácidos y una estructura tridimensional muy definida que les da una precisión atómica extraordinaria para realizar su actividad enzimática. Actualmente, no conocemos los principios básicos que dan a una proteína su estructura concreta a partir de su secuencia de aminoácidos; ambas características, secuencia y estructura tridimensional, dan a la proteína su función; uno de los retos de la bioinformática es descubrir las leyes que rigen las relaciones de estos tres planos: secuencial, estructural y funcional.

Últimamente se ha producido además un cambio de paradigma que contrasta con el desarrollo de la bioquímica cuyo objeto es hallar las propiedades de identificación individuales de los elementos moleculares como las proteínas; hoy, el interés deriva hacia el conocimiento del conjunto, de las interacciones entre proteínas para constituir la red de interacciones que caracteriza el funcionamiento de los organismos vivos. Se han desarrollado algunas técnicas para descubrir relaciones entre proteínas de un organismo, como el sistema de “dobles híbridos” –donde la interacción de dos proteínas provoca la expresión de un gen detectable por la aparición de un color en cultivos celulares– o la extracción de información biológica de los depósitos bibliográficos mediante el análisis de los abstracts o resúmenes de los artículos científicos por potentes ordenadores. En el ámbito de la genómica funcional, los biochips de DNA también permiten establecer relaciones entre los genes, ya que éstos pueden agruparse según patrones de expresión similares en diferentes condiciones (células tumorales, administración de un fármaco...).

Estas y otras técnicas ayudarán a constituir unas redes de interacción entre las proteínas de los organismos vivos, lo que transformará la forma de pensar de los científicos: nuestro conocimiento cierto se convertirá en conocimiento probabilístico; la certidumbre de hoy nos deja secuenciar los genomas completos, pero estamos lejos de comprender la función de las proteínas.

Miriam Peláez es bióloga

Más información en Biomedia:
Entrevista a Roderic Guigó, investigador del IMIM y profesor de la UPF. Annia G. Domènech (12/04/00)
Dossier (Genética y genoma humano)

Más información en la red:
Recursos de Bioinformática: http://webpersonal.uma.es/~aperezp/Recursos_Bioinfo.htm

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