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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Estudios sobre obesidad relacionan genes y virus
Biomedia
(Barcelona). La obesidad es una enfermedad
multifactorial que se define como una acumulación excesiva de grasa, causada
por la interacción de la dieta, la actividad física y el metabolismo, siendo
este último el factor más influenciado por la genética. La variabilidad del
peso con incidencia en la obesidad se atribuye en un 40% a la transmisión
hereditaria. Por otro lado, la obesidad ha sido clasificada por la OMS de
epidemia, ya que su prevalencia está aumentando progresivamente en el mundo. En un estudio publicado en Medicina Clínica (2000; 115: 103-110),
el investigador J. Alfredo Martínez Hernández y sus colaboradores de la Universidad de Navarra recogen las mutaciones de
algunos genes que hasta la fecha se han relacionado más repetidamente con la
obesidad: la leptina y su receptor,
la proopiomelanocortina (POMC), la
hormona estimulante de melanocitos alfa (a-MSH);
el receptor de la melanocortina 4 (MC4R),
los receptores B-adrenérgicos, las proteínas desacopladoras (UCP), los
receptores activados por el proliferador
de los peroxisomas (PPAR), la prohormona
convertasa 1, el factor alfa de necrosis tumoral (TNFa), el receptor 1 de
sulfonilurea y la lipasa sensible a
hormona (HSL). Los resultados de la investigación
concluyen que la regulación del peso corporal está sujeta a múltiples
influencias. Las mutaciones, los polimorfismos encontrados en los genes de la
leptina y su receptor, aunque no son frecuentes en la población, suelen tener
asociación con ausencia de leptina y obesidad. En lo que se refiere a la mutación Trp64Arg del gen del receptor B3adrenérgico, hay resultados tanto
positivos como negativos en cuanto a su asociación con fenotipos de obesidad,
mientras que el locus de BAR-2 puede
ser uno de los factores genéticos que influyen en la susceptibilidad de la
obesidad, especialmente la debida a la acumulación de grasa subcutánea en
humanos. Por otro lado, nuevas evidencias
señalan que un virus también puede propiciar la acumulación de grasas en el
organismo aparte de la contribución al aumento de peso de la vida sedentaria,
la mala alimentación y los genes. Un estudio publicado en la revista International Journal of Obesity (Int J
Obes 224 [8]: 989-996) el investigador N.V. Dhurandhar y su equipo de la Universidad de Wisconsin han demostrado que la
inoculación del adenovirus humano (AD-36)
en pollos y ratones les provoca una ganancia excesiva de grasa corporal. Los investigadores estadounidenses
hallaron que pollos y ratones infectados con un virus humano común incorporaron
más grasas que los animales sanos y descubrieron que el mismo virus se da con
mayor frecuencia en personas obesas. La investigación destaca que estos
animales inoculados con adenovirus humanos no sólo ganan más grasa que los
animales control, sino que también ganan más grasa que animales de otro grupo a
los que se les ha inoculado otro virus: el adenovirus de las aves llamado CELO (siglas de chick embryo lethal orphan virus). Esto indica pues que la excesiva
deposición de grasa no era un efecto no específico en respuesta a cualquier
infección vírica. Tras varios meses, los animales
infectados con Adenovirus-36 (el Adenovirus-36 forma parte de una familia
vírica en la que se incluyen unas 50 variedades responsables de malestares como
la gripe, la diarrea o la conjuntivitis) pesaban sólo un 7% más que los que no
estaban infectados, pero habían acumulado más del doble de grasa en su
organismo. Los investigadores no conocen aún el
mecanismo por el cual el Adenovirus-36
causa obesidad, pero no parece ser debido al incremento de la ingesta y a la
vez implicaría un descenso en el gasto de energía. Según los expertos, los
animales infectados no comieron en mayor cantidad que los sanos, lo que sugiere
que el virus reduce el consumo de energía en lugar de estimular el apetito. Los virus animales relacionados con la
obesidad parecen operar de forma diferente que el Adenovirus-36 y afectan al centro del cerebro que regula el
apetito. Actualmente se sabe que varios virus animales causan obesidad en
animales y seres humanos, pero el Adenovirus-36,
es el primer virus humano que propicia la acumulación de grasas, señalan los
científicos. Los investigadores no observaron daños
en el cerebro de pollos y ratones infectados con Adenovirus-36 y más allá de los síntomas de un resfriado que se
prolongaron uno o dos días, el virus no causó efectos secundarios evidentes,
fuera de la obesidad. Paradójicamente, los animales infectados también
presentaron niveles más bajos de colesterol y triglicéridos. Generalmente, la
obesidad se asocia con un nivel de colesterol y triglicéridos elevado. Los resultados del estudio en modelos
animales sugieren que debe considerarse el papel que tienen las enfermedades
víricas en la etiología de la obesidad humana. El hallazgo no ha sorprendido a
los investigadores ya que en los últimos años se ha determinado que muchas
condiciones crónicas se deben a infecciones. Actualmente se sabe que las
úlceras, que durante mucho tiempo se creyó que eran producto del estrés y la
mala alimentación, son causadas por una bacteria, Helicobacter pylori, y se sospecha que tres microbios diferentes
inciden en los bloqueos arteriales. Maria
Roura es bióloga y periodista Más
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