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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La publicación del genoma humano y los medios: una secuencia de despropósitos
Biomedia (San
Diego). El mapa y
los datos de la secuenciación del genoma humano se acaban de publicar en Nature
y Science,
las dos revistas científicas más prestigiosas. En la primera, el resultado del
esfuerzo del consorcio público, y en la segunda la de la compañía privada
americana Celera Genomics. Este hito histórico,
que se ha anunciado como “uno de los grandes momentos de la historia de la
ciencia”, estimula a la reflexión. En un comentario anterior
había ya apuntado al impacto que los medios de comunicación tienen en la
percepción de la importancia y las repercusiones de la secuencia del genoma
humano*. El acontecimiento ha traído una avalancha de
noticias, que a pesar de lo previsto del anuncio, dan la impresión de haber
sido escritas apresuradamente, al romperse el embargo por un periódico
británico, The Observer, tras el cual los
diarios españoles siguieron la misma tónica. Así, se dio la curiosa situación
que mientras en Estados Unidos no se hacía mención en absoluto en los rotativos
de información general hasta el martes 13 de febrero, en España se daba
detallada información desde el domingo 11. Este apresuramiento trajo consigo
algunas declaraciones chocantes y llenas de despropósitos. Por ejemplo, en su editorial del 12 de febrero, el
diario El
Mundo declaraba que “El mapa del
ser humano reafirma la libertad individual”, y La Vanguardia destacaba
en primera plana que “El genoma humano
sólo tiene el doble de genes que una mosca” y (presumiblemente como
corolario) que “El código genético es
menor al previsto e igual en toda la especie”. Que entre el mapa del genoma y la libertad
individual pudiera haber una posible relación es un concepto realmente
extraordinario. El ávido lector que busque la explicación a este vínculo se
encuentra con que esta conclusión estaba basada simplemente en el número de
genes* que los científicos prevén en el genoma,
unos treinta mil. Este número, que es menor que el de algunas predicciones
anteriores, se interpretaba en El Mundo
como un signo concluyente de la falta de determinismo genético. Esto es
doblemente erróneo. En primer lugar, no se ve la razón por la cual la
hipotética existencia de, digamos el doble de genes, pudiese producir un cambio
radical en la disyuntiva entre determinismo o indeterminismo genético. En
segundo lugar, el determinismo genético de la especie humana, como de cualquier
otra, es independiente del número de genes. Que el número de genes sea menor de
lo previsto no disminuye un ápice la importancia del genotipo en la
manifestación del fenotipo. Y venir a descubrir a estas alturas que el fenotipo* es el resultado de la interacción entre el
genotipo* y el medio ambiente es tan
sorprendente como decepcionante encontrarlo en mayores rotativos en una ocasión
de importancia histórica. La estimación del número de genes en treinta mil
implica que el número de proteínas*
codificado por cada gen es superior al de otras especies más simples. Pero la
relación gen-proteína sigue siendo válida, y el hecho de que un gen codifique
más de una proteína es también de sobra conocido por los genéticos moleculares.
La importancia del hallazgo del número relativamente pequeño de genes es obvia.
Por un lado, simplificará el diagnóstico de enfermedades genéticas* (habrá menos posibles culpables
que buscar); pero, por otro, dificultará el estudio de los mecanismos
involucrados en su manifestación, al incrementar la importancia de las
interacciones entre genes y los mecanismos que controlan su expresión, como de
la heterogeneidad de las distintas mutaciones en un mismo gen (un genotipo que
se expresa en varios fenotipos). Pero de ahí a que los treinta mil genes previstos
del genoma humano demuestren la libertad del individuo hay un abismo. Estas declaraciones son más bien debidas a un afán
de capitalizar al máximo la hazaña tecnológica. Al haberse hecho el pasado
junio el preanuncio
de la secuenciación del genoma (recordemos que Clinton y Blair hicieron una
declaración simultánea vía satélite), el anuncio final ha quedado desprovisto
de espectacularidad. No había mucho nuevo que decir, y de ahí la exageración en
detalles que no eran novedosos ni sorprendentes. Pero que repercutieron en el
aumento de las acciones de Celera. El titular de La
Vanguardia es también una demostración contundente de cómo se puede
escribir algo que carece de sentido, y que se produce, sin duda, por las prisas
y por el ánimo de atraer la atención del lector. El número de genes no tiene
nada que ver con el código genético, y que el código genético sea el mismo en
toda la especie es obligatorio, al ser el mismo en todas ellas. Desde los
organismos más simples unicelulares, como las bacterias, hasta Homo sapiens. Es evidente que tales titulares no ejercen a la
larga ningún efecto beneficioso ni al periódico ni a sus lectores. ¿Que
necesidad había de hacer esta declaración en primera página de un diario del
calibre de La Vanguardia? Por mucho
que lo pienso, no alcanzo a ver la explicación. El titular del día siguiente
todavía es peor: “Los datos conocidos sobre el genoma revelan que no estamos
determinados por nuestros genes”. ¿Entonces por quién? ¿Por los del vecino? Los genes son determinantes absolutos de ciertos
fenotipos, incluyendo una plétora de enfermedades congénitas. Otra cosa es que
los genes determinen el comportamiento, que es a lo que se refiere la noticia.
Todo es cuestión de la importancia relativa entre genotipo y ambiente, y en
ciertas actividades humanas el ambiente es más importante que en otras. Pero el
componente genético siempre ejercerá un papel importante en cualquier
manifestación de la especie humana, incluyendo su comportamiento. Además, otro de los tópicos distorsionados por el
anuncio de la secuencia del genoma humano se manifiesta claramente en el
siguiente titular, también de La
Vanguardia, aunque titulares similares se publicaron en otros diarios: “Un mal día para las teorías racistas. Los
científicos destacan que la genética deja sin argumentos a los xenófobos”.
La idea nace de la pequeña diferencia encontrada entre los genomas de
individuos de razas diferentes. Pero esto no quiere decir que no haya diferencias
genéticas entre las razas humanas, que las hay. Si el genotipo fuese idéntico,
también lo sería el fenotipo. Y como todos sabemos que los fenotipos de las
razas son claramente diferentes (de otra manera no se distinguirían unas de
otras), que haya más o menos diferencias en genotipo no disminuye la
importancia de estas diferencias. Hay que estar ciegos para no darse cuenta.
Otra cosa es que estas diferencias en genotipo sean excusa para justificar una
desigualdad social, que no la hay bajo ningún concepto, independientemente de
su cantidad. Pero de ahí a que esta falta de una gran diferencia implique una
identidad genética hay, de nuevo, un abismo. Estas manifestaciones antirracistas o antixenófobas
pueden ser en el fondo racistas y xenófobas, ya que implican una predicción que
es injustificable a menos que se tenga un prejuicio sobre su existencia a priori. Es preocupante observar cómo
la obsesión con lo políticamente correcto de ciertos temas puede llegar a cegar
ante evidencias irrefutables. Es increíble que se intenten utilizar los datos
de la secuencia del genoma humano para apoyar ideologías, que no por ser
correctas han de estar apoyadas por la secuencia. La era posgenómica con la que empieza el nuevo
milenio abre unas posibilidades tremendas en la investigación biomédica. Pero
la secuencia del genoma sólo es el comienzo, y lo difícil está por hacer. Los
misterios que rodean los fenómenos fundamentales de la vida seguirán en el
futuro. Por ejemplo, los detalles moleculares que hacen posible la construcción
de un organismo tridimesional a partir del programa contenido en la información
digital del genoma. O los procesos moleculares que hacen posible la actividad
nerviosa superior, incluyendo la memoria, el pensamiento, y la conciencia. Harold Varmus ha comentado que la sensación de abrir
las páginas de los últimos números de Science
o Nature será parecida a la que
tuvieron los astronautas cuando vieron la tierra por primera vez en un solo
campo visual. Creo que esto es una exageración bienintencionada, puesto que
precisamente el problema del genoma es su enorme tamaño que no permite una
vista panorámica del mismo. Este ha sido el mérito de Roderic Guigó y Francesc
Abril, de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona),
quienes han desarrollado un programa informático que simplifica la presentación
del mapa de los cromosomas, y permite así hacerse una idea de la organización
de los mismos. [entrevista
a Roderic Guigó] Lo más importante ahora es la interpretación y la
presentación de los datos. Uno de los hechos más significativos es que se
calcule que haya un 40% de genes desconocidos. Esto supone una mina en
la que cualquiera puede bucear por Internet. La veda de caza de nuevos
genes asociados a enfermedades, como el cáncer, está abierta en esta nueva
etapa de la investigación, que se ha iniciado con la culminación exitosa del
Proyecto Genoma Humano en este comienzo de milenio. Manuel
Perucho es director del Departamento de Oncogenes y Genes Supresores de Tumores
del Instituto Burnham de La Jolla
(California) * Glosario de Biomedia Más
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