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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Entender la diabetes
Biomedia (Barcelona). El
catedrático de Bioquímica y Biología Molecular
de la Universidad de Barcelona Joan Guinovart inauguró con su conferencia
el ciclo La ciencia en la calle, organizado por la Concejalía de Ciudad del Conocimiento del
Ayuntamiento de Barcelona y que se desarrolla a lo largo de todo el año en
el Ateneo Barcelonés. Para comprender la enfermedad
metabólica que padece más de un 6% de la población mundial es interesante
conocer los mecanismos de regulación de nuestro organismo en el metabolismo de
los azúcares y las grasas, ya que la diabetes, tanto la de tipo 1 como la de
tipo 2, es esencialmente una alteración de esos mecanismos. Los azúcares y las
grasas constituyen los combustibles de todos nuestros órganos. El azúcar más
sencillo es la glucosa y es el que más rápidamente absorbemos a través del
intestino; los azúcares con mayor complejidad, como sería el almidón, requieren
un proceso más o menos largo de digestión antes de pasar a la sangre. Tras una
ingesta, suben los niveles de glucosa en sangre, de forma más o menos gradual
según se trate de azúcares simples o de polisacáridos; suben también las grasas
que, una vez absorbidas, circulan por la sangre unidas a eficaces detergentes y
se acumulan, cuando es necesario, en el tejido adiposo. Los niveles de glucosa en sangre
han de permanecer estables y para ello existe todo un mecanismo de regulación
cuyos principales órganos son el hígado y el páncreas. Éste tiene dos funciones
esenciales: detectar la concentración de glucosa en sangre y productor de
insulina, hormona encargada de organizar la distribución de la glucosa entre la
sangre, el hígado, los músculos y el tejido adiposo. En el músculo y en el
hígado, la glucosa se almacena en forma de glucógeno, pero, alcanzado un
determinado umbral de concentración de glucosa en sangre, resulta más eficiente
acumularla en forma de grasa en el tejido adiposo. La insulina coordina los
movimientos de la glucosa, liberándola del hígado y de los músculos cuando baja
su concentración en sangre o dirigiendo su absorción por estos órganos en el
caso contrario. Cuando se terminan las reservas de glucógeno, la insulina
provoca la liberación, a partir de las grasas del tejido adiposo, de cuerpos
cetónicos, utilizables como combustible. La diabetes de tipo 1 se
caracteriza por la falta de insulina, debida a la destrucción, por el sistema
inmunológico, de las células del páncreas que la sintetizan. Desaparece así el
sistema de regulación de la glucosa y de las grasas: los niveles de azúcar se
incrementan, con el consiguiente peligro de lesiones en riñón, retina y
nervios, pero los órganos no absorben esa glucosa y el tejido adiposo libera
cuerpos cetónicos provocando un aumento de la acidez de la sangre, que puede
resultar muy peligroso. La solución actual está en un estricto control de los
niveles de glucosa y en la inyección de insulina, aunque se están buscando
otros métodos de administración, como la vía nasal. Sin embargo, la solución
definitiva está en la biología celular y molecular que ha de conseguir la
regeneración de las células del páncreas. En el caso de la diabetes de tipo
2, la alteración reside en los diferentes órganos, ya que tienen reducida su
capacidad de responder a la insulina. Intervendrían en esta alteración factores
genéticos y factores ambientales, lo que hace de la prevención un arma
importante para luchar contra este tipo de diabetes. La prevención y la curación han de
estar en el punto de mira de la investigación, para evitar que la diabetes sea
la primera causa de ceguera y de amputaciones no traumáticas y una de las
enfermedades más caras de tratar actualmente. Miriam Peláez es bióloga Más información en Biomedia: Más información en la red: |
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