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El genoma del chimpancé

Matiana González Silva 16/03/01

Biomedia (Barcelona). Si las diferencias entre el genoma de un hombre y el de un chimpancé son sólo del orden del 1,6% y los primates no sufren de muchas de las enfermedades que atacan a los humanos, es lógico pensar que un estudio comparativo de ambos permitiría encontrar la clave de esa inmunidad. Al menos eso es lo que piensa un grupo de científicos que promueve la secuenciación completa del genoma del chimpancé (Pan troglodytes).

La iniciativa tiene como principales impulsores a Ajit Varki, profesor de medicina de la Universidad de California, en San Diego, y a Edwin McConkey, biólogo molecular en la Universidad de Colorado, quienes en agosto del año pasado encabezaron un grupo de 28 científicos que, en una carta publicada en Science pedían que el Proyecto Genoma Humano se involucrara de lleno en esta empresa.

En opinión de estos investigadores, conocer el genoma del chimpancé permitiría sacar verdadero provecho de los datos revelados hasta ahora por el Proyecto Genoma Humano, pues permitiría conocer qué genes determinan las características anatómicas, fisiológicas, cognitivas y de comportamiento que son únicas en los seres humanos. A pesar de que reconocen la utilidad de la secuenciación del genoma del ratón, el animal más usado en los laboratorios y cuyo estudio ya está en marcha, aseguran que el análisis de los genomas de los roedores nunca podrá decirnos qué nos diferencia de un chimpancé.

El estudio del genoma del chimpancé tiene también objetivos biomédicos importantes. La idea es saber, por ejemplo, por qué los monos infectados con HIV no enferman de sida, y por qué los chimpancés con una variación genética que en el humano predispone al mal de Alzheimer no padecen esta enfermedad.

Una exposición minuciosa de las razones biomédicas por las que vale la pena hacer el mapa genético del chimpancé se encuentra en un artículo publicado por Ajit Varki en la revista Genome Research, con el título de “El Proyecto Genoma del Chimpancé es un imperativo biomédico”. El científico asegura que “los estudios del genoma del chimpancé podrían considerarse una extensión lógica del énfasis que se hace actualmente en explotar las diferencias en las secuencias de varios grupos humanos, para identificar los genes que los hacen susceptibles a importantes enfermedades”.

Entre las enfermedades que se manifiestan de manera distinta entre chimpancés y humanos se encuentran, además de las ya mencionadas, la malaria, a la cual los chimpancés parecen inmunes, y el cáncer, que causa cerca del 20% de las muertes en los seres humanos, contra alrededor de 3% entre los chimpancés. Los primates tampoco sufren complicaciones graves de las hepatitis víricas, lo cual resulta particularmente significativo pues, igual que con el HIV, hay pruebas de que la hepatitis B puede haberse originado en los chimpancés, explica Varki.

La tercera razón aducida en la carta aparecida en Science es de orden conservacionista. El estudio genómico del chimpancé, dicen los científicos, ayudaría a proteger mejor las poblaciones de primates en libertad, y a optimizar las condiciones de los que se encuentran en cautiverio.

Los inicios

Aunque no se trata de un proyecto global, algunos institutos han arrancado investigaciones que comparan genéticamente al hombre y al chimpancé y se sabe ya, por ejemplo, que el acomodo de muchos cromosomas es único en nuestra especie, y que algunos otros son compartidos con chimpancés y gorilas, pero no con otros primates.

En el Departamento de Genética Evolutiva del Instituto Max Planck, en Alemania, están en curso tres proyectos para estudiar la historia genética de los humanos, los homínidos extintos y los primates, con el fin de conocer mejor la evolución y las diferencias moleculares clave que separan al hombre de sus parientes más cercanos. Además, se pretende profundizar en la investigación de los genes involucrados en el envejecimiento y el desarrollo cerebral de ambas especies.

Pero de todos los proyectos, el más ambicioso se encuentra en Japón, donde la Iniciativa de Genes y Mentes (GEMINI) del Genomic Sciences Center planea empezar un estudio comparado de la genética y neurología de los primates y los seres humanos, que permitiría entender mejor la relación entre el genoma y el cerebro. Por lo pronto, en marzo se llevará a cabo en Tokio una reunión organizada por el Instituto Nacional de Genética (NIG) de Japón, con la intención de mejorar la coordinación de los diferentes esfuerzos existentes para secuenciar genomas de primates, así como para investigar la expresión neurológica de los genes y los estudios evolutivos de primates basados en la genética.

Los organizadores esperan que esta reunión sirva también como trampolín para un esfuerzo internacional de secuenciación del genoma de los primates. Junto con el Instituto Max Planck, los japoneses consideran que, dada la similitud del genoma humano con el del chimpancé, un proyecto para hacer la secuencia completa de éste último costaría menos de cien millones de dólares.

Hasta ahora, la falta de un proyecto común ha provocado que los datos obtenidos estén dispersos. En un artículo publicado por el Institute for Laboratory Animal Research, Jeffrey Rogers y John L. VandeBerg, de la Fundación para la Investigación Biomédica del Suroeste, en San Antonio, Texas, aseguran que los investigadores han generado información sobre genes específicos en diferentes especies y con técnicas divergentes, pero tienen poco interés en un esfuerzo sistemático que permita comparaciones reales entre los genomas.

Los detractores

Otros ponen en tela de juicio la utilidad misma de este esfuerzo. En un artículo aparecido en Nature el 15 de febrero de 2001 (2001; 409: 814-816), David Baltimore, del Instituto de Tecnología de California decía: “Me pregunto qué tanto aprenderemos sobre el origen del lenguaje, el desarrollo de los lóbulos frontales y el pulgar opuesto, la postura erguida o la habilidad del razonamiento abstracto, a partir de una simple comparación genómica del humano y el chimpancé”. En su opinión, estas diferencias podrían proceder de cambios sutiles, por ejemplo, en la regulación de los genes o las interacciones entre proteínas, “que por ahora no son fácilmente visibles a nuestras computadoras y que requerirán mucho más estudio experimental”.

Con recursos limitados y la dificultad para conocer cómo se expresan los genes aún teniendo ya la secuencia completa del genoma, como en los humanos, se pregunta si vale la pena invertir en un esfuerzo de esta envergadura.

El mismo Varki, en su artículo de Genome Research, reconoce que el estudio del genoma del chimpancé no dice nada por sí solo, y que hacen falta todavía conocimientos básicos sobre la biología, la bioquímica y la biología celular de los grandes primates, que en los humanos ya han sido muy bien estudiados.

Matiana González Silva es periodista.

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