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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones El genoma del chimpancé
Biomedia
(Barcelona). Si las diferencias entre el genoma de un hombre y el
de un chimpancé son sólo del orden del 1,6% y los primates no sufren de muchas
de las enfermedades que atacan a los humanos, es lógico pensar que un estudio
comparativo de ambos permitiría encontrar la clave de esa inmunidad. Al menos
eso es lo que piensa un grupo de científicos que promueve la secuenciación
completa del genoma del chimpancé (Pan
troglodytes). La iniciativa tiene como
principales impulsores a Ajit Varki, profesor de medicina de la Universidad de California, en San Diego, y a
Edwin McConkey, biólogo molecular en la Universidad
de Colorado, quienes en agosto del año pasado encabezaron un grupo de 28
científicos que, en una carta publicada en Science pedían que el Proyecto Genoma Humano
se involucrara de lleno en esta empresa. En opinión de estos
investigadores, conocer el genoma del chimpancé permitiría sacar verdadero
provecho de los datos revelados hasta ahora por el Proyecto Genoma Humano, pues
permitiría conocer qué genes determinan las características anatómicas,
fisiológicas, cognitivas y de comportamiento que son únicas en los seres
humanos. A pesar de que reconocen la utilidad de la secuenciación del
genoma del ratón, el animal más usado en los laboratorios y cuyo estudio ya
está en marcha, aseguran que el análisis de los genomas de los roedores nunca
podrá decirnos qué nos diferencia de un chimpancé. El estudio del genoma del
chimpancé tiene también objetivos biomédicos importantes. La idea es saber, por
ejemplo, por qué los monos infectados con HIV no enferman de sida, y por qué
los chimpancés con una variación genética que en el humano predispone al mal de
Alzheimer no padecen esta enfermedad. Una exposición minuciosa de
las razones biomédicas por las que vale la pena hacer el mapa genético del
chimpancé se encuentra en un artículo publicado por Ajit Varki en la revista Genome
Research, con el título de “El Proyecto Genoma del Chimpancé es un
imperativo biomédico”. El científico asegura que “los estudios del genoma del
chimpancé podrían considerarse una extensión lógica del énfasis que se hace
actualmente en explotar las diferencias en las secuencias de varios grupos
humanos, para identificar los genes que los hacen susceptibles a importantes
enfermedades”. Entre las enfermedades que
se manifiestan de manera distinta entre chimpancés y humanos se encuentran,
además de las ya mencionadas, la malaria, a la cual los chimpancés parecen
inmunes, y el cáncer, que causa cerca del 20% de las muertes en los seres
humanos, contra alrededor de 3% entre los chimpancés. Los primates tampoco
sufren complicaciones graves de las hepatitis víricas, lo cual resulta
particularmente significativo pues, igual que con el HIV, hay pruebas de que la
hepatitis B puede haberse originado en los chimpancés, explica Varki. La tercera razón aducida en
la carta aparecida en Science es de
orden conservacionista. El estudio genómico del chimpancé, dicen los
científicos, ayudaría a proteger mejor las poblaciones de primates en libertad,
y a optimizar las condiciones de los que se encuentran en cautiverio. Los inicios Aunque no se trata de un
proyecto global, algunos institutos han arrancado investigaciones que comparan
genéticamente al hombre y al chimpancé y se sabe ya, por ejemplo, que el
acomodo de muchos cromosomas es único en nuestra especie, y que algunos otros
son compartidos con chimpancés y gorilas, pero no con otros primates. En el Departamento de
Genética Evolutiva del Instituto Max Planck,
en Alemania, están en curso tres proyectos para estudiar la historia genética
de los humanos, los homínidos extintos y los primates, con el fin de conocer mejor
la evolución y las diferencias moleculares clave que separan al hombre de sus
parientes más cercanos. Además, se pretende profundizar en la investigación de
los genes involucrados en el envejecimiento y el desarrollo cerebral de ambas
especies. Pero de todos los proyectos,
el más ambicioso se encuentra en Japón, donde la Iniciativa de Genes y Mentes
(GEMINI) del Genomic Sciences Center
planea empezar un estudio comparado de la genética y neurología de los primates
y los seres humanos, que permitiría entender mejor la relación entre el genoma
y el cerebro. Por lo pronto, en marzo se llevará a cabo en Tokio una reunión
organizada por el Instituto Nacional de
Genética (NIG) de Japón, con la intención de mejorar la coordinación de los
diferentes esfuerzos existentes para secuenciar genomas de primates, así como
para investigar la expresión neurológica de los genes y los estudios evolutivos
de primates basados en la genética. Los organizadores esperan
que esta reunión sirva también como trampolín para un esfuerzo internacional de
secuenciación del genoma de los primates. Junto con el Instituto Max Planck,
los japoneses consideran que, dada la similitud del genoma humano con el del
chimpancé, un proyecto para hacer la secuencia completa de éste último costaría
menos de cien millones de dólares. Hasta ahora, la falta de un
proyecto común ha provocado que los datos obtenidos estén dispersos. En un
artículo publicado por el Institute for
Laboratory Animal Research, Jeffrey Rogers y John L. VandeBerg, de la Fundación para la Investigación Biomédica del
Suroeste, en San Antonio, Texas, aseguran que los investigadores han
generado información sobre genes específicos en diferentes especies y con
técnicas divergentes, pero tienen poco interés en un esfuerzo sistemático que
permita comparaciones reales entre los genomas. Los detractores Otros ponen en tela de
juicio la utilidad misma de este esfuerzo. En un artículo aparecido en Nature el 15 de febrero de 2001 (2001; 409:
814-816), David Baltimore, del Instituto de
Tecnología de California decía: “Me pregunto qué tanto aprenderemos sobre
el origen del lenguaje, el desarrollo de los lóbulos frontales y el pulgar
opuesto, la postura erguida o la habilidad del razonamiento abstracto, a partir
de una simple comparación genómica del humano y el chimpancé”. En su opinión,
estas diferencias podrían proceder de cambios sutiles, por ejemplo, en la
regulación de los genes o las interacciones entre proteínas, “que por ahora no
son fácilmente visibles a nuestras computadoras y que requerirán mucho más
estudio experimental”. Con recursos limitados y la
dificultad para conocer cómo se expresan los genes aún teniendo ya la secuencia
completa del genoma, como en los humanos, se pregunta si vale la pena invertir
en un esfuerzo de esta envergadura. El mismo Varki, en su
artículo de Genome Research, reconoce
que el estudio del genoma del chimpancé no dice nada por sí solo, y que hacen
falta todavía conocimientos básicos sobre la biología, la bioquímica y la
biología celular de los grandes primates, que en los humanos ya han sido muy
bien estudiados. Matiana González Silva es periodista. |
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