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Biomedia (Barcelona). La utilización de una nueva tecnología, la de los chips de DNA, permitirá completar el conocimiento sobre la función de los genes, mediante la detección de una manera rápida y eficaz del nivel de su expresión en diferentes momentos del desarrollo o en condiciones fisiológicas o patológicas. Hasta ahora, con el desarrollo del Proyecto del Genoma Humano han sido descritos cientos de genes, pero ello no es suficiente para comprender el funcionamiento de un sistema biológico complejo como es el humano donde intervienen entre 25000 y 100000 genes (de un buen número de los cuales aún se desconoce la función). Además, los chips de DNA despiertan un interés creciente porque se pueden aplicar al estudio de las mutaciones, la localización de genes responsables de determinados caracteres, la susceptibilidad individual a enfermedades o los estudios de poblaciones humanas, como refleja la publicación de trabajos sobre tecnología en revistas científicas y médicas (en mes de noviembre de 1999 la revista Los chips de DNA que se están utilizando hoy consisten en fragmentos de DNA de diferente longitud que son tratados, adheridos y fijados, mediante un procedimiento robotizado, a una superficie no porosa: un portaobjetos de microscopio. El DNA empleado proviene directamente de la purificación de leucocitos, biopsias o células de estudios de expresión, y se sintetiza a partir de un molde de RNA mensajero (molécula intermediaria entre el código de DNA y la fabricación de proteínas en la célula). Aunque la tecnología sólo está en sus inicios, se han fabricando chips que contienen entre 100000 y 400000 DNA diferentes, cada uno localizado sobre un punto concreto. Los chips se hacen reaccionar con pequeños fragmentos de DNA denominados sondas, que incluyen parte de la secuencia del gen de interés y una molécula fluorocroma (capaz de emitir color) que se utiliza para cuantificar las reacciones positivas. Se prevé que los chips revolucionarán las tecnologías en diferentes aspectos de las ciencias biomédicas pero será en medicina donde sus beneficios tendrán una repercusión más espectacular. Van a verse reforzadas tres áreas concretas de la práctica médica: el diagnóstico, con una mejor clasificación de enfermedades crónicas, trastornos mentales, diversos tipos de leucemias y cánceres; la terapéutica, que será más efectiva al mejorar el control de los efectos de los tratamientos sobre los pacientes mediante el seguimiento de los cambios que se producen en la expresión génica; y el desarrollo de nuevos fármacos. La identificación de los cambios génicos asociados a una enfermedad permitirá diseñar preparados más eficaces. Gracias a los chips de DNA ya se conocen los efectos de potentes fármacos inmunosupresores, o anticancerígenos (como la ciclosporina) sobre la expresión génica, una línea de trabajo que desarrollan diferentes grupos en el mundo, entre los que se encuentran los investigadores de las compañías Rosetta Inpharmatics y SmithKline Beecham Pharmaceuticals. - Marta García es doctora en biología Más información en: National Institute of Health |
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