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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Observar profundamente los ojos
Biomedia
(Barcelona). El ojo está presente en la mayor parte de
grupos animales; tienen ojos pájaros, arañas, moscas, vieiras... La estructura
de los órganos de la visión ha desarrollado formas tan variadas a lo largo de
la evolución* que resulta difícil rehacer
el proceso de mutación* y selección* que ha debido seguir. El mismo Charles
Darwin, en El origen de las especies,
dejó por explicar cómo pudo la selección alcanzar una complejidad tan notable,
y por ello ha sido utilizado como ejemplo para rebatir la teoría de la
evolución. Los detractores de la teoría de la evolución
utilizaron la metáfora de que la estructura del ojo es tan compleja que no
puede explicarse por medio de la evolución por mutación y selección. La comparan
al hecho de que una persona, paseando por el campo encuentre un reloj y pueda
creer que ha sido formado de manera natural, por yuxtaposición al azar de sus
elementos; según ellos ha debido existir una fuerza superior, un relojero, que
lo ha formado. De ahí el título de un libro de un evolucionista: El relojero ciego de Richard Dawkins. El profesor Walter Gehring,
director del Grupo de estudios del desarrollo y la evolución del ojo de la Universidad de Basilea, ha expuesto un posible
proceso de formación y selección del ojo en los animales a partir de sus
investigaciones más sugerentes en una conferencia organizada por la Sección de
Biología del Desarrollo de la Sociedad Catalana
de Biología y el Departamento
de Genética de la Universidad de Barcelona. Al querer reconstruir el desarrollo y la evolución
del ojo, Gehring y su grupo eligieron la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster), un animal
ampliamente utilizado como modelo en biología. Encontraron el gen PAX6,
responsable del inicio de la formación del ojo, hasta el punto que, al
activarlo experimentalmente, consiguieron mutantes de drosófila con ojos
ectópicos* en antenas, patas y
otros lugares del cuerpo. Para responder a la primera pregunta que surge (si
los ojos ectópicos son capaces de ver), Gehring y su equipo midieron las
microcorrientes eléctricas de los haces nerviosos que surgen de los ojos ectópicos.
Detectaron que, en el caso de los ojos desarrollados en las antenas, los haces
terminaban en un ganglio nervioso central que se activaba con corriente
nerviosa. Ahora bien, fue difícil establecer qué tipo de señal percibía el
animal: puesto que llegaba a los ganglios basales receptores de las señales
percibidas por las antenas, quizá las moscas “olían la luz”. Es decir que, en
realidad, al responder a la primera pregunta formulada, como los haces
nerviosos que salen de los ojos ectópicos de drosófila no llegan a conectarse
con el cerebro, los ojos ectópicos no ven. Aun así, siguen siendo ojos, a pesar
de los versos de don Antonio. Este gen PAX6, activador del desarrollo de los ojos,
ha sido encontrado en muchos otros animales, desde el gusano Caenorhabditis elegans (organismo
ciego), hasta medusas, moluscos y vertebrados. Y se han hallado también
variantes de sus formas. Por ejemplo, en drosófila, una mutación de este gen
produce el fenotipo
eyeless, en el que está muy
reducido. En los humanos, una mutación similar provoca la
aniridia, un tipo ceguera congénita. Dado que el gen disparador del ojo es tan común, y
con toda probabilidad monofilético*,
podríamos pensar que el ojo, en sí, tiene también un origen común en todos los
animales. Y para encontrar el origen monofilético del ojo, cabría concebir la
composición más simple de un ojo, que podría explicarse como una repetición de
un dímero celular: una célula nerviosa sensible a la luz y una célula con
pigmento filtrador de la luz. Al ir multiplicándose este sistema de multiplicación
de dímeros, se habría podido crear un prototipo de ojo, que, con diversas
variaciones, hubiera podido producir ojos tan diversos como la evolución ha
permitido que existan. Así pues, ya sabemos algo más acerca de la
posibilidad de desarrollo y evolución del ojo. Su mecanismo de herencia podría
iniciarse en todos los animales con el gen PAX6, un gen que sería monofilético
en invertebrados y vertebrados. El sistema final en la diversidad de ojos,
terminaría con el gen que codifica la producción de rodopsina, el pigmento que
capta la luz (gen que tienen las bacterias). Entre ellos se habrían incorporado
toda una cantidad de genes que darían lugar a la variedad existente. Parece, en consecuencia, que se podrá alcanzar una
teoría que explique razonablemente la evolución del desarrollo de los diversos
tipos de ojos, por mutación y selección a partir de intrincados mecanismos
complejos regulados por muchos genes (en el desarrollo del ojo de un ratón, por
ejemplo, intervienen más de doscientos). Pero, para llegar a explicar paso a
paso los mecanismos por los que han operado los distintos relojeros ciegos,
todavía falta más investigación, quizásotra generación de investigadores. * Gosario de
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