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MIR y MESTO: conflicto de especialistas

Raimundo Roberts 20/04/01

Biomedia (Barcelona). La Fundación Privada Vila Casas convocó hace unas semanas una importante reunión de expertos, el séptimo Encuentros Quiral, con el propósito de profundizar en el conflicto MIR/MESTO, un tema que en España ha abierto una brecha dentro del colectivo sanitario sobre el modo en cómo se afrontan las desavenencias internas, y que constituye el principal antecedente en este tipo de conflictos. Para ello se contó con la presencia de dos ex ministros de Sanidad y Consumo de nuestro país, Ángeles Amador y José Manuel Romay Beccaría; del presidente del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, Miquel Bruguera; de Miquel Vilardell, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital de la Vall d’Hebron de Barcelona; del ex secretario de Estado para la Sanidad y, hasta diciembre del 2000, presidente del Consejo Asesor de Sanidad, José Mª Segovia de Arana, y de un representante del colectivo MESTO, el Dr. Mario Pérez Blanco.

En el debate se plantearon los puntos de vista tanto de los MIR (médicos internos residentes) como de los MESTO (médicos sin titulación oficial), así como las estrategias de solución que se están desarrollando, a meses que finalice la medida de solución del Ministerio de Sanidad y Consumo frente al conflicto: evaluar a los MESTO para obtener su titulación definitiva, lo que sería definitivo entre abril y mayo de este año.

El sistema MIR

En 1986, se creó el Sistema Nacional de Salud en la Ley General de Sanidad, atendiendo a las normativas comunes que rigen la medicina dentro de la Comunidad Europea. Entre estas se contemplaba, según uno de los expositores, la obligatoriedad de desarrollar una especialidad médica para todos los licenciados en medicina. España desarrolló para estos efectos una vía única de acceso a los posgrados, es decir, a las especialidades.

En la práctica, el examen (conocido comúnmente como MIR) es una prueba teórica igual para todos los licenciados de medicina a partir de la cual, según sus resultados, pueden acceder a las distintas especialidades médicas. Esta normativa, según Miquel Vilardell, catedrático de la Universidad de Barcelona, “responde a la necesidad de definir un marco legal y a la vez asegurar, aunque hay excepciones, un nivel de conocimientos y capacidades adecuadas, por lo menos los primeros dos años” de práctica clínica. El examen MIR supone, en la práctica, un año de preparación exclusiva del licenciado de medicina, tras el cual, según la puntuación obtenida, debe optar por alguna especialidad.

Mario Pérez Blanco, médico especialista sin título oficial (con más de trece años de ejercicio de su especialidad en el Instituto de Medicina Social), sostiene que, como consecuencia del sistema MIR, "el estudiante de medicina, desde el primer curso de carrera, tiene una meta primordial: pasar el examen MIR. Dedica su energía vital a ser especialista sin ser médico: ha sustituido el estudio del enfermo por toneladas de papel tipo test”. Pérez Blanco afirma, además, que el sistema no es vocacional, ya que suele ‘tocar’ la especialidad a la que se postula.

Aunque Vilardell afirma que “el modelo MIR ha supuesto un salto cualitativo en el nivel de competencias de los licenciados en medicina que optan a las especialidades”, sostiene también que debería plantearse un análisis profundo a la prueba de acceso, a los programas formativos, a las acreditaciones de las unidades docentes y los sistemas de evaluación de las competencias de los especialistas durante la formación y al final de la misma, con el objetivo de fortalecer el sistema MIR.

José María Segovia de Arana, creador del Fondo de Investigaciones Sanitarias de la Seguridad Social, opina que el sistema MIR es de una gran calidad y eficacia, y constituye uno de los factores más valiosos en la transformación y modernización de la medicina española y que el sistema se basa en “programas y procedimientos dictados por una Comisión Nacional de cada especialidad, constituida por representantes cualificados de organismos públicos”. Aunque varios ponentes tienen sus reparos al sistema MIR, la mayoría está de acuerdo en su necesidad y en su eficacia en la formación de especialistas.

Inicio del conflicto: acceso al MIR

Como destacaron casi todos los profesionales, la génesis del conflicto está relacionada directamente con el aumento de las matrículas de medicina en los años setenta y ochenta, que no se correspondieron con las matrículas abiertas para las especialidades médicas.

“La implementación del Sistema Nacional de Salud en 1986”, según la abogada socialista y ex ministra de Sanidad entre 1993 y 1996, Ángeles Amador, “ha dado lugar a situaciones no bien resueltas”. Amador comenta que la masificación del acceso a las facultades de medicina se realizó “ignorando las limitaciones para la formación de especialistas del sistema sanitario público”. Según sus cifras, el Grupo de Salud del Consejo de Universidades propuso en 1997 una disminución del 6% de las matrículas a medicina. Paradójicamente, en ese período, el ingreso a esta carrera aumentó en un 4%.

A raíz de este desfase entre licenciados de medicina y vacantes para las especialidades, se formó una “bolsa” histórica de profesionales que no pudieron acceder a la formación oficial, quienes no abandonaron la práctica de la medicina sino que, según Vilardell, accedieron al mercado laboral en un momento en que había un importante despliegue en toda España, especialmente en Cataluña, y acabaron realizando funciones de especialistas sin título oficial. Contratados por el sistema sanitario, los médicos que no accedieron a la formación como MIR desarrollaron sus especialidades con años de práctica hospitalaria, actualmente los MESTO: médicos especialistas sin titulación oficial. Aquí surge el conflicto entre los MIR y los MESTO. Según Amador, unos y otros tienen razón: la tienen los MESTO, contratados por el propio sistema como especialistas y ejerciendo como tales. Y la tienen los MIR cuando defienden su formación, homologada y de calidad.

Situación actual

La pugna actual entre estos dos grupos se remonta a marzo de 1999, cuando el Consejo Nacional de Especialidades Médicas aprobó un proyecto de Real Decreto de acceso excepcional al título de especialista, con la condición de que se cerraran las vías extraordinarias de titulación al margen del MIR. Tras un acalorado debate, no exento de huelgas y polarizaciones dentro del sistema sanitario, en octubre del 2000 la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo avaló la constitucionalidad del Real Decreto, después de su aprobación por el Gobierno en septiembre de 1999.

Según el presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, Miquel Bruguera, “la responsabilidad última [del conflicto] fue de las sucesivas Administraciones sanitarias, que permitieron un desequilibrio entre el excesivo número de licenciados y la limitación de plazas para la formación de posgrado”. Pero José Mª Segovia de Arana, de acuerdo con la afirmación de Bruguera, señala además que “la existencia de médicos especialistas sin título oficial se debe a períodos de transición desde una situación previa descontrolada e irregular a un sistema exigente y plenamente regulado”.

La solución

El Real Decreto 1497/1999 regula un procedimiento excepcional de acceso al título de médico especialista. José M. Romay Beccaría, ministro de Sanidad entre 1996 y 2000, y actual presidente de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, afirma que “el texto del proyecto definitivo obedece a un esfuerzo de equilibrio entre las distintas posturas manifestadas (MESTO, MIR, Consejo Nacional de Especialidades Médicas, comunidades autónomas, Unión Europea, etc.) sin perder nunca de vista el interés general de la población de disponer de especialistas médicos de mayor calidad”.

En síntesis, este sistema constará de una prueba teórico-práctica rendida ante un Tribunal de Expertos, que valorará además el currículum profesional del postulante. Tendrá criterios de evaluación comunes que serán fijados, para todas las especialidades médicas, por el Consejo Nacional de Especialidades Médicas. Podrán acceder al título los médicos en servicio que acrediten su ejercicio profesional durante un tiempo no inferior al 170% del período de residencia exigido en el MIR para cada especialidad y que hayan obtenido una formación equiparable a la exigida por el sistema MIR. Quienes sean aprobados por el Tribunal obtendrán un único título de médico especialista. “No se puede afirmar que su contenido responda a un consenso global, pero sí que establece un procedimiento que puede ser aceptado por todas las partes” afirma el ex ministro Romay Beccaría.

Bruguera sostiene que el Real Decreto “puede resolver la inseguridad laboral de los MESTO que el propio sistema de salud hubo de incorporar para suplir la falta de especialistas titulados”, a la vez que Pérez Blanco, vocal de la Coordinadora MESTO-Madrid, es decir, uno de los directamente involucrados en este conflicto, sostiene: “¿Realmente soluciona este decreto-ley el problema MESTO? En mi opinión, no”. Según Pérez Blanco, el problema lo tendrán las próximas generaciones. “Este colectivo –prosigue– no cuestiona la vía MIR en cuanto a sistema docente, pero sí su acceso y contenidos, cuya mejora sólo se conseguirá si se repiensa desde todos los estamentos implicados”.

A la luz de las distintas ponencias, es posible prever una solución que, aunque pueda solucionar a medio plazo el conflicto MIR/MESTO, deja en claro que existen puntos discordantes y posibles de ser evaluados, como la responsabilidad de las universidades en un conflicto de notable interés social, la formulación del sistema MIR y la necesidad, en general, de planificaciones eficientes. Como dijo Miquel Vilardell al finalizar su exposición, “es de justicia intentar solucionar errores del pasado sufridos por unos médicos que se vieron expulsados de la formación oficial de la especialidad médica, pero que entraron en el mercado laboral y han conseguido un nivel de capacitación similar a los MIR. Lo que no es posible es solucionar el problema de todos los médicos sin título oficial. Los errores siempre se acaban pagando y lo importante en estos momentos es adecuar el número de médicos y especialistas a las necesidades actuales”. Necesidades que requieren posiciones críticas, foros de información, y voluntad para ceder y avanzar. Para crecer, en definitiva, sin repetir los errores del pasado.

Raimundo Roberts es licenciado en ciencias de la comunicación

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