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Las repercusiones de los contaminantes en la salud

Mar Mediavilla 26/01/00

Biomedia (Barcelona). El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) agrupó con el término inglés dirty dozen (docena sucia) a los contaminantes orgánicos persistentes más peligrosos (COP) para el medio ambiente y, en consecuencia, para la salud. En el mes de marzo, en la reunión que se celebrará en Bonn, se ultimarán detalles para la aprobación de un instrumento jurídico internacional que permita la eliminación de estas sustancias químicas. Los COP, mezclas y compuestos químicos a base de carbono, se caracterizan por una alta solubilidad en lípidos, lo que les permite acumularse en el tejido adiposo de los seres vivos; y su semivolatilidad les permite desplazarse a largas distancias en la atmósfera. Se incluyen en productos químicos industriales, como los bifenilos policlorados (BPC), plaguicidas o insecticidas (DDT, entre otros) y subproductos de la actividad industrial o humana, como las dioxinas y furanos.

Un estudio publicado en el volumen 354 de la revista The Lancet (18 de diciembre de 1999) remarcaba que niveles sanguíneos elevados de organoclorados (DDT, DDE y sustancias químicas de la familia de bifenilos policlorados) tienen relación con la mutación del oncogen K-ras, relacionado con la aparición de determinados tipos de cáncer (páncreas, vejiga y colon). La investigación del equipo de Miquel Porta, epidemiólogo del Institut Municipal d'Investigació Mèdica de Barcelona (IMIM) apunta a que la vía de entrada de estos compuestos podría producirse por una exposición ambiental, probablemente a través de los alimentos. La etiología del cáncer de páncreas es todavía bastante desconocida. La mayoría de los estudios epidemiológicos, realizados hasta el momento, no había encontrado relación entre los organoclorados y el cáncer de páncreas. El único factor de riesgo medioambiental confirmado hasta ahora era el tabaquismo.

Otro estudio publicado en octubre de 1999 en la revista Environmental Research apuntaba evidencias sobre los efectos tóxicos a largo plazo de las dioxinas en humanos. El estudio realizado entre trabajadores de una industria química de Austria detectaba dichos efectos 20 años después de producirse la exposición a estas sustancias. Aparte de leves erupciones cutáneas, el síntoma más común, el estudio revela una relación con diversas enfermedades crónicas, en particular con afecciones hepáticas. Se conoce que, a corto plazo, las dioxinas producen cefaleas, alteraciones digestivas y cutáneas más graves, dolores musculares y articulares, así como diversas alteraciones enzimáticas y neurológicas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cada año se producen entre 30.000 y 40.000 muertes por intoxicación de plaguicidas, organoclorados y organofosforados. Los organoclorados también se emplean en la fabricación de plásticos como el PVC, una sustancia cuya incineración produce dioxinas y furanos. - Mar Mediavilla es periodista especializada en temas científicos

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