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Problemas actuales del sida

Cristina Junyent 16/02/00

Biomedia (Barcelona). En Sevilla, diversos expertos sobre sida han presentado las conclusiones del Congreso sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas (CROI), realizado en San Francisco, y han expuesto el estado sobre el sida, tanto en España como a escala global.
Cuando parecía que los antibióticos iban a erradicar las infecciones del planeta, ha aparecido la gran epidemia del siglo XX, que representa un riesgo real para un gran número de personas: el sida. Desde el inicio de la epidemia, hace casi 20 años, el virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) ha infectado a más de 47 millones de personas en todo el mundo, y ha provocado la muerte de 14 millones de personas entre adultos y niños. El área geográfica más afectada sigue siendo el África sudsahariana, donde se detecta más del 70% de las infecciones mundiales; en la actualidad 21,5 millones de enfermos de sida son africanos.
En España, así como en Europa occidental y Estados Unidos, las muertes por sida han ido descendiendo gracias a las combinaciones de fármacos anti-HIV; sin embargo, a pesar de que las tasas de mortalidad han descendido, el porcentaje de la población infectada ha aumentado. La disminución de la mortalidad en los países occidentales se debe, según el doctor Josep Mallolas del Hospital Clínico de Barcelona, a que se conoce mucho más la patogenia de la enfermedad, cómo se produce la infección, a que ha aparecido una herramienta útil para encarar el tratamiento y el pronóstico de un enfermo, la carga vírica (la cantidad de copias del virus que porta un enfermo), y a nuevos fármacos y estrategias de tratamiento. No obstante, hay que evitar el triunfalismo, porque sigue habiendo temas pendientes, como son la cumplimentación del tratamiento por parte de los enfermos y la resistencia a los antirretrovirales, la comercialización de los fármacos y el acceso al tratamiento, la prevención y la vacuna contra el sida. También hay que tener en cuenta, según la doctora Rosa Polo, del Instituto de Salud Carlos III, la situación nutricional del paciente, muchas veces malnutrido, y la aparición del síndrome de lipodistrofia, es decir, del reparto irregular de la grasa en el cuerpo, cuya solución puede contribuir a que el paciente tenga una mayor calidad de vida.
Los nuevos fármacos, según el doctor Enrique Ortega del Hospital General de Valencia, deberían mejorar la tolerancia por parte del paciente, que debería tener un uso más fácil, se deberían encontrar nuevas dianas y evitar resistencias a familias de fármacos, y favorecer la inmunorreconstitución, a fin evitar las infecciones por microorganismos oportunistas. Uno de los mayores problemas en los tratamientos con antirretrovirales son las resistencias creadas a los fármacos, cuyo origen primero hay que buscarlo en la mencionada falta de cumplimentación del tratamiento por parte de los pacientes, a que se trata de un tratamiento complejo y con numerosos efectos secundarios, que muchas veces es difícil seguir. Sin embargo, hay que explicar bien a los pacientes, dedicando el tiempo que sea necesario, que no se debería abandonar el tratamiento puesto que ellos mismos son reservorios del virus.
Por lo que respecta a la vacuna contra el HIV, según el doctor Juan Carlos Bernaldos de Quirós del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, después de pasar por una fase de alegría (en la que se creía que en el año 2000 ya habría una vacuna contra el sida) y que terminó en gran pesimismo (al creer que nunca se conseguiría esa vacuna), desde hace unos cuatro años se vislumbra, de nuevo, una luz al final del túnel. Se están estudiando unas 70 vacunas, de las que únicamente tres se encuentran en fase III, en las que se estudia la proyección futura contra la enfermedad o la estimulación del sistema inmune de un paciente infectado. Las nuevas vacunas emplean técnicas de biología molecular e ingeniería genética; consisten en introducir genes de HIV en microorganismos no patógenos que son inyectados por vía intramuscular, la expresión de las proteínas del HIV generaría una respuesta inmune protectora, profiláctica, y en algunos casos terapéutica, y que irían destinadas a pacientes infectados por el virus y en tratamiento antirretroviral, a los que ayudaría a controlar la infección a largo plazo. Como conclusiones se podría decir, según el profesor Bernaldos de Quirós, que, a pesar de la mejoría general, faltarían entre cinco y siete años para poder disponer de una vacuna para uso más o menos generalizado, y determinar cuál sería el grado de eficacia aprobado. Por otra parte, también cabría plantearse otros problemas éticos, como la administración de tratamiento a los vacunados reinfectados, ver que el hecho de disponer de una vacuna no suponga la relajación de medidas preventivas o, a escala más global, qué pasará en los países donde no se pueda pagar una vacuna que va a ser cara. - Cristina Junyent es doctora en biología

 

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