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Vacunas contra el sida: dificultades en su aplicación inmediata

Marta García 16/02/00

Biomedia (Barcelona). Disponer de una vacuna que permita frenar el progreso de la epidemia global de sida centra una de las mayores esperanzas en el planeta. Se estima que cada día entre 16000 y 17000 personas se infectan con el virus de la inmunodeficiencia humana (HIV). La enfermedad ha dejado de ser el problema de salud más importante en los países desarrollados. La tasa española, por ejemplo, ha disminuido y se cifra en 9,2 casos nuevos por 100000 habitantes, según datos del Ministerio de Sanidad y Consumo, pero crece de manera espectacular en África y Asia. Además, se estima que sólo uno de cada diez de los 35 millones de afectados tiene acceso a tratamiento, según el doctor Michael Keefer, director de la Unidad de Evaluación del Sida de la Universidad de Rochester en Estados Unidos.
En este momento están en fase de prueba más de 70 nuevas vacunas, muchas de ellas péptidos que funcionan estimulando el sistema inmune para producir anticuerpos neutralizantes del virus, como las desarrolladas por VaxGen, United Biomedical Inc., Progenics y John P. Moore del Centro Aaron Diamond de Investigación del Sida de la ciudad de Nueva York (Journal of Virology 2000; vol. 74, nº 2); estas vacunas imitan las formas activas de glucoproteínas encontradas en partículas infectivas. Expertos en el tema, como los que este mes de enero se han reunido en San Francisco en la 7ª Conferencia sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas, señalan las dificultades de progreso en el diseño de vacunas contra el virus. En este sentido, recientemente se han dado a conocer datos descorazonadores como la evidencia de que la infección por HIV no confiere inmunidad: se conoció el caso de un paciente canadiense infectado por HIV fue reinfectado por otra variante del mismo virus, resistente al tratamiento. Este mes de enero también se ha sabido que seis mujeres de entre las 43 prostitutas keniatas cuya inmunidad aparente al HIV había sido utilizada por los investigadores McMichael, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), y Bawyo, de la Universidad de Nairobi (Kenia), para preparar una vacuna que contenía dos elementos diferentes pensados para estimular las células T a luchar contra el virus, se han infectado (Journal of Immunology 2000, vol. 164 (3): 1602-1611); los ensayos clínicos de esta vacuna estaban a punto de iniciarse este año con voluntarios. Según el Dr. Nabel, director del nuevo Centro de Vacunas contra el Sida en el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, a la vista de los resultados, las primeras vacunas no conseguirán probablemente prevenir la infección, sino reducir el riesgo de transmisión al conseguir disminuir los niveles del virus en la sangre, con los consiguientes beneficios para la salud del paciente y la salud pública, con la disminución del riesgo de transmisión, especialmente en lugares de alto riesgo como África.
En el número 6 de febrero de la revista Nature Medicine se han publicado dos trabajos realizados en monos que se refieren a la utilización de anticuerpos contra la transmisión del sida. Investigadores del Instituto Dana-Farber del Cáncer en Boston (Massachusetts) han utilizado tres anticuerpos combinados dirigidos contra el SHIV, el virus de la inmunodeficiencia en simios, similar al HIV pero menos dañino, para proteger la transmisión del virus de la madre al hijo. Otro estudio dirigido por el Dr. John Mascola del Instituto de Investigación Walter Reed Army en Rockville (Maryland) ha mostrado que anticuerpos diseñados contra diferentes lugares específicos del virus protegen de la infección vaginal. Aunque el sexo, en principio, no tendría una asociación significativa con la progresión del sida y la muerte de los pacientes, algunas evidencias, no del todo contrastadas, muestran diferencias que jugarían en contra de las mujeres. Así se ha descrito que éstas presentan mayores cargas víricas e infecciones por más de una variante de HIV a la vez. En las mujeres africanas se explica por factores culturales relativos al comportamiento sexual. Por el contrario, las mujeres presentan un mayor número de las células que reconocen y atacan a las partículas de HIV. Una respuesta inmune fuerte podría presionar al virus a cambiar para evadirse de la acción de estas células. - Marta García es doctora en biología

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