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| Portada | Archivo | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Lista de Correo La terapia génica: una nueva estrategia médica
Biomedia (Barcelona). El conocimiento de las bases genéticas de algunas enfermedades ha abierto la posibilidad de una nueva estrategia terapéutica denominada terapia génica. Este nuevo sistema de tratamiento médico supone nuevas perspectivas para la curación de muchas patologías, a las que pretende combatir, utilizando los genes como elementos curativos. La idea esencial en la que se basa esta prometedora tecnología terapéutica genética es la corrección o alteración de la función de los genes a su nivel más básico, el DNA. La terapia génica es tan novedosa que no se sabe todavía cuáles de las distintas estrategias que se están desarrollando hoy en día van a ser las más adecuadas. Básicamente, existen tres tipos de terapia génica: la terapia llamada antisentido, la de adición y la de corrección. En la primera lo que se pretende es bloquear la expresión del gen responsable de la enfermedad; la segunda se centra en la introducción de un gen terapéutico a modo de medicamento para suplir la deficiencia del mismo gen que está afectado en esa patología. La tercera estrategia aspira a corregir directamente el gen mutado. El primer ensayo clínico de una terapia génica tuvo lugar en septiembre de 1990 en Estados Unidos. Dos niñas sufrían una extraña enfermedad hereditaria, llamada inmunodeficiencia severa combinada, que se caracteriza por la ausencia de sistema inmunológico responsable de la defensa del organismo, con las consecuentes infecciones mortales debidas a microorganismos. Estas dos "niñas burbuja" (así es como se denomina a los afectados por esta enfermedad, porque deben permanecer en cámaras estériles para estar a salvo de infecciones), fueron tratadas mediante un retrovirus en el que se incluyó una copia del gen del enzima adenosina desaminasa (ADA), proteína cuya carencia producía la enfermedad. Gracias a este tratamiento genético, su inmunodeficiencia desapareció. Diez años más tarde, se han aprobado más de 3000 protocolos clínicos en todo el mundo. Los vehículos de transferencia génica (vectores que inoculan el gen en el enfermo) son muy diversos. Disponemos de métodos víricos, métodos sintéticos y métodos fisicoquímicos. Los vectores víricos son virus modificados no patógenos, que contienen un gen terapéutico que entra en las células a tratar. Los métodos sintéticos utilizan policationes, moléculas orgánicas que, por su carga positiva, se unen al DNA, cargado negativamente, y así entran en la célula. Entre los métodos físicos y químicos cabe destacar los conjugados moleculares, el microbombardeo y los liposomas. Los conjugados moleculares son complejos de DNA y proteína capaces de interactuar con receptores celulares para adentrarse en la célula. El microbombardeo se basa en la aceleración a gran velocidad de partículas como el oro, que incluyen el DNA, y que se hacen impactar contra las células para favorecer su penetración. Por último, los liposomas son vesículas de lípidos que incorporan en su interior el DNA y vehiculizan su entrada en la célula. Todos los tejidos del organismo pueden ser tratados. Lo que debemos resolver son los problemas de eficacia de la transferencia del gen-medicamento y de control de su expresión. Un ejemplo que ilustra estos problemas con los que se encuentran los investigadores es el fracaso de un ensayo de terapia génica realizado el septiembre pasado en el Instituto de Terapia Génica Humana de la Universidad de Pennsylvania (Filadelfia, Estados Unidos) en el que Jesse Gelsinger murió tras recibir un tratamiento genético experimental. La enfermedad hereditaria de este adolescente de 18 años, que se prestó voluntariamente a la experimentación, se debía a la deficiencia del enzima ornitina-transcarbamilasa (OTC), responsable del metabolismo del amonio. El tratamiento que le aplicaron se basaba en la utilización de un virus modificado que contenía el gen que codifica el enzima OTC. Este virus se administró directamente en los vasos sanguíneos que irrigan el hígado. El joven murió a causa de una expansión generalizada del virus por todo el organismo que le produjo un fallo respiratorio. La autopsia evidenció la presencia de este virus en casi todos los órganos del paciente. Los investigadores concluyeron que se trató de una reacción inmunológica generalizada imprevista. Se le había administrado más dosis de virus que a los demás 17 pacientes presentes en el ensayo. James Wilson, director del Instituto que realizó el tratamiento, declaró que "había sido una tragedia inesperada" y pidió disculpas por no haber informado de cambios en el protocolo experimental al US Recombinant DNA Advisory Committee (RAC), organismo asesor de los National Institutes of Health (NIH) estadounidenses. Dos periódicos españoles se hicieron eco de lo acontecido a raíz de las noticias aparecidas en dos de las revistas científicas de más prestigio que relataban el caso: Los investigadores deben ser conscientes de que sus ensayos clínicos deben ser precisos y aplicados estrictamente según el protocolo establecido y aprobado por las instituciones competentes. De este modo se evitarían casos como el mencionado anteriormente que ponen en duda la eficacia de esta esperanzadora terapia. La terapia génica se presenta como la alternativa terapéutica para el tratamiento de enfermedades incurables de origen genético en un futuro relativamente próximo. David de Semir es licenciado en biología y doctorando del Institut de Recerca Oncològica
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