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| Xavier Domingo | 15/03/00 |
Biomedia (Barcelona). William Hamilton era un biólogo evolutivo inglés,
nacido en El Cairo hace 63 años y actualmente el científico más emblemático del
Departamento de Zoología de la Universidad de
Oxford. Además de ser el principal innovador teórico en la biología moderna
basada en el darwinismo, William Hamilton era una persona distinta, amable y
modesta en su grandeza, además de sorprendente y estimulante como lo era para
él el mundo natural que nos rodea. Sus ideas empezaban a partir de
simples observaciones de la vida salvaje; patrones y comportamientos
inexplicables o para los que las explicaciones científicas convencionales no le
convencían. Combinando sus amplios conocimientos de historia natural y
evolución con su gran capacidad para desarrollar modelos matemáticos, Hamilton
surgía una y otra vez con argumentos renovados basados en el poder de los
genes. A menudo sus ideas eran inicialmente rechazadas pero poco a poco pasaban
a ser discutidas, animadoras del debate y finalmente demostradas. Su brillante historial empezó en
el año 1964 cuando dio explicación a unos de los grandes dilemas que se habían
mantenido desde los tiempos de Darwin: la explicación del altruismo basándose
en la selección natural. Propuso el concepto de eficacia biológica inclusiva (fitness inclusiva) por el que demostró,
a partir de teoría del juego y probabilidades, que el comportamiento paradójico
de ciertos insectos sociales en el que los miembros de algunas castas no se
reproducen, puede entenderse también como una forma de selección natural. Este
hecho, que aparentemente viola el paradigma darwinista, fue explicado por
Hamilton considerando que la ayuda que estos individuos, que no se reproducen,
prestan a sus parientes aumenta la capacidad de cría de estos parientes
favoreciendo así la diseminación de las copias de los propios genes. Su carrera científica continuó con
nuevas propuestas sobre el papel evolutivo de la senescencia, sobre el
comportamiento que hace que algunas madres de himenópteros decidan eliminar una
parte de su descendencia para favorecer a las crías de un sexo determinado o
sobre la relación entre el sexo y los parásitos. Propuso, por ejemplo, que el
sexo ha evolucionado como mecanismo de recombinación genética para adaptarse a
la gran capacidad de cambio genético que tienen los parásitos. También propuso
que la belleza de los caracteres sexuales secundarios en machos es un indicativo
para las hembras de su carga de parásitos y, por tanto de su estado de salud.
Decía que es improbable que un macho enfermo pueda desarrollar tanta belleza y
que esta información le interesa a la hembra para escoger un macho sano y
fuerte como padre de sus crías. Interrogantes para los que las propuestas de
Hamilton han estado, están y estarán en debate durante muchos años. Su incesante capacidad de verse
seducido por la naturaleza le había llevado últimamente a África central. Le
interesaba la teoría que propone que el sida había surgido en los años 50
debido a programas de vacunaciones mal desarrollados y de que esta teoría
estaba siendo encubierta por los intereses económicos de la multinacionales
farmacéuticas. Como siempre, sin prejuicios ni intereses científicos, políticos
o comerciales buscaba virus relacionados con el sida en chimpancés que apoyaran
sus ideas cuando contrajo malaria. Uno más de los parásitos que tanto le
interesaban lo apartó de entre nosotros el pasado día 7 de marzo, cuando seguía
en plena capacidad científica asombrando con nuevas ideas de las que el
progreso científico se ha visto finalmente privado. - Xavier Domingo es
doctor en biología; profesor de zoología la Universitat
Pompeu Fabra y de la Universidad de Oxford Más información: The
Guardian