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24 de marzo: día mundial de la tuberculosis

Joan Caylà 22/03/00

Biomedia (Barcelona). El 24 de marzo de 1882, Robert Koch dio a conocer al mundo que había identificado el agente causal de la entonces tan temida tisis o peste blanca (una micobacteria conocida como Mycobacterium tuberculosis). En su honor, la Organización Mundial de la Salud ha instituido el 24 de marzo como el día mundial de la tuberculosis. Con ello se pretende recordar que esta vieja enfermedad sigue siendo un grave problema de salud pública y que hay que controlarla mejor.

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa crónica, que afecta especialmente a los países en vías de desarrollo (llamados del Tercer mundo), pero también a los países industrializados, sobre todo a las bolsas de pobreza de las grandes ciudades (denominadas del Cuarto mundo). Esta enfermedad requiere un largo tratamiento para su curación, generalmente de seis a nueve meses con tres o cuatro fármacos, lo cual induce a que los pacientes menos motivados lo abandonen. Se transmite básicamente por vía aérea, ocasionando infectados (tuberculín positivos sin manifestaciones clínicas) que pueden progresar a enfermedad (aproximadamente el 10 %). Para su control comunitario es necesario estudiar los contactos, ya que entre ellos se pueden detectar infectados o enfermos que se beneficiarán de tratamientos precoces.

La antigua “peste blanca” sigue causando estragos a escala mundial: cada año se producen más de dos millones de muertes y más de ocho millones de casos nuevos, la mayoría de ellos en los países en vías de desarrollo. Ello es debido a las carencias múltiples de estos países, que van desde la ausencia de programas de control hasta limitaciones en el suministro de medicamentos, y todo ello en una situación de pobreza que, en ocasiones, es extrema.

En los países industrializados también se ha observado a partir de la década de los ochenta un aumento en la incidencia de tuberculosis o al menos una disminución inferior a la prevista. Este fenómeno se ha atribuido a la influencia de la infección por el virus de la inmunodeficiencia adquirida (HIV) que provoca el sida, a la disminución de recursos en los programas de control, a la pobreza creciente y a la inmigración procedente de países de alta prevalencia. Las personas infectadas por Mycobacterium tuberculosis, si se infectan por HIV, a medida que se van inmunodeprimiendo, el bacilo tuberculoso se va multiplicando y se desarrolla la enfermedad tuberculosa. Asimismo, si una persona está inmunodeprimida por tener sida, por ejemplo, y se infecta por Mycobacterium tuberculosis, entonces la probabilidad de presentar tuberculosis aumenta extraordinariamente.

¿Qué se puede hacer para mejorar el control de la tuberculosis?

Existen medidas muy generales como la mejora de las condiciones socioeconómicas que redundan en una mejor alimentación, mejor sistema sanitario, menos hacinamiento, etc., que contribuyen a un mejor control de la tuberculosis. Otras medidas más específicas se basan en buenos programas de prevención y control. Los más efectivos serán aquellos que consigan menor retraso diagnóstico, mejor cumplimiento del tratamiento y mejores estudios de contactos. Probablemente la mejor intervención es conseguir el cumplimiento del tratamiento, ya que el paciente se curará y no ocasionará casos secundarios. A tal fin se han diseñado en los últimos años programas de tratamiento directamente observado destinados a pacientes históricamente poco cumplidores (presos, indigentes, toxicómanos, etc.). Se trata simplemente de que el personal sanitario observe diariamente cómo el paciente cumple el tratamiento. - Joan Caylà es jefe del Servicio de Epidemiología del Instituto Municipal de Salud Pública de Barcelona

Unidad de Investigación en Tuberculosis de Barcelona: http://www.imsb.bcn.es/uitb

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