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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones II Premio Joan Oró: «Alcanzar a ver donde no llegan nuestros ojos»
Biomedia (Barcelona) A continuación les entregamos el artículo ganador del
II Premio Joan Oró a la Divulgación de la Investigación Científica, premio con el que se distingue a jóvenes investigadores del entorno catalán por divulgar su trabajo científico de forma accesible al público. * * * * * * * * * «Nunca me gustó escribir. Y qué forma tan extraña de comenzar un ensayo, dirán ustedes. Pero es con estas palabras con las que empiezo porque justamente el hecho de no haber escrito antes es lo que me trae hasta aquí. Desde la infancia asumí que se debía escoger entre la ciencia y las letras; y creí también que el escribir se debía a la inspiración, y me senté a esperar que los dioses me dictaran una a una las palabras. Después de tantas hojas en blanco y de esos dioses a los que no se les oía el dictado, opté por dar un giro hacia la física, esa ciencia que yo creía perfecta, y que me explicaría todos los aspectos de la vida. Pero pasados los años, que no perdonan en su avance ni a los espíritus de letras ni a los de ciencias, me planteé qué era realmente la vida. Y concluí que vivir no es respirar. Es precisamente, todo lo demás. Incluye, al mismo tiempo, el conocimiento de todo lo que nos rodea y el gozo que produce deleitarse con una lectura o escuchar una canción. Porque igual que desde que el tiempo era tiempo no podemos pensar en una civilización sin un lenguaje, tampoco podemos imaginarla sin la necesidad de explicar los fenómenos que tiene a su alrededor. Y la explicación de estos fenómenos es a veces más misteriosa de lo que parece y otras veces es tan armoniosa como la fantasía que puede haber en un poema. Y es ésta la razón que me lleva a escribir, la intención de acortar el espacio que hay entre la realidad y el deseo, porque a veces es incluso más fácil escribir que vivir. Muchos han sido ya los intentos de plasmar con palabras una definición de las ondas electromagnéticas: esos entes que transportan energía sin transporte de materia. Pero con esta definición tan científica, pocos nos damos cuenta de que forman parte de nuestra vida y de nuestros sentimientos, haciéndonos llegar sonidos a través de una radio o esa voz tan querida a través de un móvil. En este sentido, tal vez, el papel de la física en el estudio de las aplicaciones de las ondas electromagnéticas no es tan diferente del papel de la poesía, si entendemos este papel de hacernos llegar la realidad un poco transformada, un poco más bella. Porque nuestra vida estaría coja sin ese contacto con la realidad por dura que sea, al igual que este ensayo estará cojo hasta que alguien lo lea. Dentro de las aplicaciones de las ondas electromagnéticas, una de ellas es la que ha inspirado también a poetas: alcanzar a ver donde no llegan nuestros ojos. Y con esa intención utilizamos el georradar, con su antena emisora y receptora de ondas que van viajando por un medio material para darnos después una imagen del recorrido que han realizado. Concretamente, construimos esa imagen de acuerdo con las reflexiones que las ondas sufren cuando encuentran un cambio de material en su propagación. De la misma manera que perdemos parte de nuestra energía cuando encontramos un obstáculo en la vida, las ondas «pierden», o mejor dicho, reflejan, parte de su energía al encontrar esos obstáculos. Y los físicos, que trabajamos mejor con energías que con palabras, encontramos más fácil reconstruir una imagen con las energías reflejadas que plasmar en un papel nuestros sentimientos. Pero realmente no estamos tan lejos de los sentimientos, de la palabra y de la poesía, porque aplicamos nuestros conocimientos del georradar a estudiar edificios que son patrimonio artístico y cultural de la humanidad, edificios que alojan a los sentimientos de las personas, auditorios en los que la poesía es el lenguaje universal, y obras que nos hacen ver que existe la belleza en la realidad que estamos viviendo. Uno de los campos que estamos estudiando actualmente es la obtención de información de estas imágenes que nos proporciona el georradar, llamadas radargramas. En ellas, se pueden ver colores diferentes correspondientes a reflexiones, es decir, a diferentes estructuras enterradas en el terreno que estamos analizando. Metafóricamente, es como si disfrutáramos de unas gafas que puestas en nuestros ojos nos permitieran ver colores diferentes para distintas capas del subsuelo o objetos enterrados. Pero todavía nos planteamos obtener más información de esa «visión» acudiendo a nuestras queridas ecuaciones científicas. En cierta manera, estamos reforzando el sentido de la visión con nuestras herramientas físicas y matemáticas para llegar a conclusiones que sean útiles en algún campo del conocimiento, para que nuestra investigación sea realmente aplicada. Los estudios con el georradar forman parte en nuestro caso de los trabajos de reconstrucción y restauración de monumentos y edificios que son parte de nuestra cultura, de la pasada y de la que está por venir. Y con los tiempos que corren y la que nos está cayendo, bienvenido sea el patrimonio recuperado. Bienvenidos sean los esfuerzos por acercar la ciencia y las letras, por sustituir nuestras complicadas ecuaciones por combinaciones lineales de palabras, por disfrutar del camino no únicamente de acercarnos a la sabiduría sino también de saber transmitirla, por acercar un poco más a las personas. Dentro de todos y cada uno de nosotros hay probablemente un gran científico y un gran escritor, sólo hace falta llegar a descubrirlo. Y lo más importante es, que una vez descubierto, la rutina no empañe los propios sueños y los de las personas que nos rodean». El II Premio Joan Oró a la Divulgación de la Investigación Científica es convocado por la Asociación Catalana de Comunicación Científica (ACCC) con la colaboración del Departament d’Universitats, Recerca i Societat de la Informació (DURSI), de la Generalitat de Cataluña.
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