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Las maravillas de la caléndula

Mercè Piqueras 05/04/02

Biomedia (Barcelona). El 13 de febrero del 2002, la Agencia Española del Medicamento notificaba a las comunidades autónomas la prohibición de la venta y distribución del producto IN-PFS, marca comercial de la sustancia conocida como PF2, obtenida de la caléndula. A lo largo de varios meses, algunos medios de comunicación se habían hecho eco de la aplicación farmacológica de este compuesto, que se comercializaba como producto dietético en forma de jarabe. Su precio (unos 150 euros los 5 frascos de 250 mililitros) parece un tanto desmesurado tratándose de un suplemento dietético; sin embargo, se justifica si se tiene en cuenta que el IN-PFS se ha estado vendiendo como tratamiento contra el cáncer.  Se calcula que en España lo han estado tomando unas 2500 personas enfermas. Y esto se ha hecho antes de que se hayan realizado los ensayos clínicos controlados del producto, lo cual requiere unos cuantos años y una fuerte inversión. Las únicas pruebas de las cuales hay constancia se llevaron a cabo añadiendo extracto de caléndula a cultivos de células tumorales y a células inmunitarias. Mientras que en el primer caso no se observó efecto alguno, en el segundo se apreció un aumento de la actividad del sistema inmunitario. De ahí se dedujo que el efecto anticancerígeno que se atribuía a la PF2 podía ser indirecto.

Es posible que la PF2 tenga actividad anticancerígena, pero ninguna persona entre las que apoyan su uso farmacológico ha aportado referencias que avalen su eficacia en tratamientos oncológicos. Toda la información disponible sobre el producto procede de la prensa; no se conocen estudios publicados en revistas especializadas que sometan sus artículos a la revisión paritaria (peer review). Una vez más, se ha intentado colar por la puerta falsa de la dietética un pseudomedicamento cuya eficacia real se desconoce. En este caso, al tratarse de un producto recomendado para el tratamiento de una enfermedad grave, las expectativas que su comercialización puede generar son más preocupantes. Por otra parte, la PF2 ha tenido muy buena acogida por tratarse de un producto “natural”, obtenido directamente de una planta. Existe la tendencia a considerar que todo lo que es natural es bueno, olvidando que muchos venenos tradicionales se obtenían de plantas y que, al igual que los medicamentos “no naturales”, los que proceden de plantas pueden causar efectos secundarios perjudiciales y puede que no sean adecuados para todo el mundo.

Los medios de comunicación que han informado de las propiedades curativas de la PF2 en el tratamiento del cáncer se han referido a este producto como si fuese un reciente descubrimiento. Sin embargo, las flores de caléndula (también conocida como maravilla) se han usado tradicionalmente en la medicina popular. El libro Plantas medicinales. Dioscórides renovado, de P. Font Quer, describe dos especies de esta planta, Calendula officinalis y Calendula arvensis. Escribe el autor que “la caléndula nos muestra propiedades emenagogas parecidas a las de los senecios: regula los menstruos atajando los que fluyen demasiado copiosos y «hace correr las flores a las mujeres que las tienen retenidas»” (las comillas internas están en el texto de Font Quer, que cita a otro autor).

Un libro de plantas medicinales que goza de gran prestigio en los países caribeños es Plantas medicinales aromáticas o venenosas de Cuba, de Juan Tomás Roig. Dicho autor atribuye a la Calendula officinalis más propiedades medicinales que Font Quer, y comenta que esta planta “entra en la composición de las tabletas KN, las cuales se administran como medicamentos en las formas no operables de cáncer. Bajo la acción del KN en los enfermos, especialmente de cáncer de estómago, se observa una disminución de la intoxicación y la desaparición de fenómenos dispépticos, eruptos, náuseas, vómitos, sensación de pesantez en la región debajo del páncreas, mejoramiento del apetito y del sueño. ”Y como fuente bibliográfica menciona un Tratado de farmacognosia cuyo autor es H. W. Youngken (no más datos) y un Atlas de plantas medicinales de la URSS. La segunda edición del libro de J. Tomás Roig es de 1974 y, según indica el prólogo, la primera sólo comprendía plantas autóctonas de Cuba. Dado que la caléndula es una planta mediterránea, debió de incluirse en esa segunda edición. Aún y así, la descripción de las supuestas propiedades anticancerosas de la caléndula tiene ya cerca de 30 años y el autor menciona unas “tabletas KN”, hechas a partir de la planta, que se administraban a enfermos de cáncer no operable. Por lo tanto, que un médico atribuya ahora efectos positivos contra el cáncer a una molécula aislada de la caléndula (La Vanguardia, 24/02/2002, página 36) no parece una noticia espectacular. Lo que debió escribir el periodista era que finalmente se ha detectado la molécula que confiere a la caléndula su poder anticanceroso (suponiendo que efectivamente lo tenga).

En la lista de distribución que mantiene la Associació Catalana de Comunicació Científica en Internet, se generó un debate ético con relación a la publicación de noticias en los medios de comunicación informando sobre las supuestas propiedades curativas de una sustancia que, aunque esté ya en el mercado, es oficialmente un producto dietético. Quizás cabría preguntarse también si es ético que, en muchas ocasiones, sean los propios gabinetes de prensa de universidades y centros de investigación los que emiten comunicados sobre descubrimientos maravillosos de sus investigadores que, en la mayoría de los casos, no dejan de ser los primeros resultados de un proceso de investigación que puede necesitar mucho tiempo antes de tener una aplicación práctica.

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