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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Las maravillas de la caléndula
Biomedia (Barcelona). El 13 de febrero del 2002, la Agencia Española del Medicamento
notificaba a las comunidades autónomas la prohibición de la venta y distribución
del producto IN-PFS, marca comercial de la sustancia conocida como PF2,
obtenida de la caléndula. A lo largo de varios meses, algunos medios de
comunicación se habían hecho eco de la aplicación farmacológica de este
compuesto, que se comercializaba como producto dietético en forma de jarabe. Su
precio (unos 150 euros los 5 frascos de 250 mililitros) parece un tanto
desmesurado tratándose de un suplemento dietético; sin embargo, se justifica si
se tiene en cuenta que el IN-PFS se ha estado vendiendo como tratamiento contra
el cáncer. Se calcula que en España lo
han estado tomando unas 2500 personas enfermas. Y esto se ha hecho antes de
que se hayan realizado los ensayos clínicos controlados del producto, lo cual
requiere unos cuantos años y una fuerte inversión. Las únicas pruebas de las
cuales hay constancia se llevaron a cabo añadiendo extracto de caléndula a
cultivos de células tumorales y a células inmunitarias. Mientras que en el
primer caso no se observó efecto alguno, en el segundo se apreció un aumento de
la actividad del sistema inmunitario. De ahí se dedujo que el efecto
anticancerígeno que se atribuía a la PF2 podía ser indirecto. Es posible que la PF2 tenga actividad anticancerígena, pero ninguna
persona entre las que apoyan su uso farmacológico ha aportado referencias que
avalen su eficacia en tratamientos oncológicos. Toda la información disponible
sobre el producto procede de la prensa; no se conocen estudios publicados en
revistas especializadas que sometan sus artículos a la revisión paritaria (peer
review). Una vez más, se ha intentado colar por la puerta falsa de la
dietética un pseudomedicamento cuya eficacia real se desconoce. En este caso,
al tratarse de un producto recomendado para el tratamiento de una enfermedad
grave, las expectativas que su comercialización puede generar son más
preocupantes. Por otra parte, la PF2 ha tenido muy buena acogida por tratarse
de un producto “natural”, obtenido directamente de una planta. Existe la
tendencia a considerar que todo lo que es natural es bueno, olvidando que
muchos venenos tradicionales se obtenían de plantas y que, al igual que los
medicamentos “no naturales”, los que proceden de plantas pueden causar efectos
secundarios perjudiciales y puede que no sean adecuados para todo el mundo. Los medios de comunicación que han informado de las propiedades
curativas de la PF2 en el tratamiento del cáncer se han referido a este
producto como si fuese un reciente descubrimiento. Sin embargo, las flores de
caléndula (también conocida como maravilla) se han usado tradicionalmente en la
medicina popular. El libro Plantas medicinales. Dioscórides renovado, de
P. Font Quer, describe dos especies de esta planta, Calendula officinalis
y Calendula arvensis. Escribe el autor que “la caléndula nos muestra propiedades
emenagogas parecidas a las de los senecios: regula los menstruos atajando los
que fluyen demasiado copiosos y «hace correr las flores a las mujeres que las
tienen retenidas»” (las comillas internas están en el texto de Font Quer, que
cita a otro autor). Un libro de plantas medicinales que goza de gran prestigio en los
países caribeños es Plantas medicinales aromáticas o venenosas de Cuba,
de Juan Tomás Roig. Dicho autor atribuye a la Calendula officinalis más
propiedades medicinales que Font Quer, y comenta que esta planta “entra en la
composición de las tabletas KN, las cuales se administran como medicamentos en
las formas no operables de cáncer. Bajo la acción del KN en los enfermos,
especialmente de cáncer de estómago, se observa una disminución de la
intoxicación y la desaparición de fenómenos dispépticos, eruptos, náuseas,
vómitos, sensación de pesantez en la región debajo del páncreas, mejoramiento
del apetito y del sueño. ”Y como fuente bibliográfica menciona un Tratado de
farmacognosia cuyo autor es H. W. Youngken (no más datos) y un Atlas de
plantas medicinales de la URSS. La segunda edición del libro de J. Tomás
Roig es de 1974 y, según indica el prólogo, la primera sólo comprendía plantas
autóctonas de Cuba. Dado que la caléndula es una planta mediterránea, debió de
incluirse en esa segunda edición. Aún y así, la descripción de las supuestas
propiedades anticancerosas de la caléndula tiene ya cerca de 30 años y el autor
menciona unas “tabletas KN”, hechas a partir de la planta, que se administraban
a enfermos de cáncer no operable. Por lo tanto, que un médico atribuya ahora
efectos positivos contra el cáncer a una molécula aislada de la caléndula (La Vanguardia, 24/02/2002, página 36) no parece una
noticia espectacular. Lo que debió escribir el periodista era que finalmente se
ha detectado la molécula que confiere a la caléndula su poder anticanceroso
(suponiendo que efectivamente lo tenga). En la lista de distribución que mantiene la Associació Catalana de Comunicació
Científica en Internet, se generó un debate ético con relación a la
publicación de noticias en los medios de comunicación informando sobre las
supuestas propiedades curativas de una sustancia que, aunque esté ya en el
mercado, es oficialmente un producto dietético. Quizás cabría preguntarse
también si es ético que, en muchas ocasiones, sean los propios gabinetes de
prensa de universidades y centros de investigación los que emiten comunicados
sobre descubrimientos maravillosos de sus investigadores que, en la mayoría de
los casos, no dejan de ser los primeros resultados de un proceso de
investigación que puede necesitar mucho tiempo antes de tener una aplicación práctica. |
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